CAPÍTULO TREINTA Y SIETE

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CAPÍTULO TREINTA Y SIETE


–Farah observó a Leonor que se introducía al restaurant sin pensarlo mucho se levantó de prisa–

Aidé – ¿A dónde vas? –preguntó sorprendida–

Farah – es Leonor no quiero que me vea –entró de prisa al baño, esperando el momento perfecto para poder salir del lugar sin ser vista–



–Paul estaciono el auto para poder abrazar a Olivia la cual no paraba de llorar, tenía tanta nostalgia de saber que su madre no va a estar a su lado, los recuerdos de ella la inundaban y sus lágrimas no cesaban–

Paul – por favor mi amor tranquilízate –se bajó rodea el auto y abrió la puerta de ella para ayudarla a bajar, Olivia inmediatamente se abrazó a él– ya muñequita por favor –Olivia no paraba de llorar sentía que todo lo que estaba pasando la sobre pasaba, tenía miedo de perder a Paul que la odiara–

Olivia – yo –se separó un poco del abrazó lo miró– no quiero perderte –Paul sonrió con dulzura, le tomó el rostro–

Paul – escúchame nunca me vas a perder, mi amor –acaricio su rostro con las yema de sus dedos– tú estás aquí –llevó las manos de Olivia junto con las suyas a su pecho– esto es tuyo, estás adentro y pase lo que pase nunca vas a salir de ahí –Olivia acercó sus labios a los de él y lo beso creyendo en sus palabras–



–Antonio estaba a punto de alterar los resultados cuando la voz de Bustamante hizo que girara a observarlo–

Bustamante – vaya sí que tienes aprecio por Paul y su esposa –Antonio lo observó y asintió–

Antonio – Paul es cómo un hermano para mí y pues quería darle la noticia lo antes posible –Bustamante se acercó y sonrió al ver el resultado–

Bustamante – no es necesario que tú se los des, es mi paciente, es mi obligación informarle a Paul que su esposa está embarazada

Antonio – sí claro, se me olvidaba que tú eres amigo de la familia

Bustamante – tengo años conociendo a Raquel, a Paul y Estrella los atendí desde que nacieron –se acercó a imprimir los resultados– gracias por la ayuda

Antonio – de nada –le dio una sonrisa falsa– cuando me necesite –Bustamante salió del laboratorio, Antonio golpeo con fuerza la pared sintiéndose frustrado–



–Leonor observó a Aidé que estaba un poco nerviosa–

Aidé – Leonor –se levantó y la saludó– me encanta verte

Leonor – lástima que no puedo decir lo mismo –la observó con desprecio, nunca le había caído bien–

Aidé – ¿Qué haces por aquí?

Leonor – invité a comer a mi hija

Aidé – ¿tú hija? –preguntó sorprendida–

Leonor – sí a Farah

Aidé – ¡Qué! –Expresó confundida– ¡Tú hija! –no lo podía creer–

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