Capitulo 8

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Sebastián entra por la puerta trasera de la casa que da a la cocina esperando no ser visto por sus padres, pero se sorprende al ver la silueta de alguien hasta que da paso reconocimiento de que es su hermana con un vaso en manos sentada en la encimara con una sonrisa socarrona.

-¿Como te fue con la princesa?

Pregunta intrigosa a lo que Sebastián se sienta a su lado, coge su vaso y le da un sorbo probando la leche fría que se encontraba en el.

-¿Como puedes tomar eso?

Dice al mismo tiempo que se lo devuelve.

Leche fría, sin ningún tipo de endulcororante o chocolate.

Su hermana si que era especial.

-No intentes cambiar el tema.

-¿Como supiste que estaba con ella?

-Sentí una ola intensa de tristeza desde mi habitación y tomando en cuenta que Garret, Marcus y Jess están en sus casas durmiendo solo podía venir de ella.

-¿Haz llamado a los chicos?

-Si.

Sebastián se levanta de la silla en la que se había sentado y busca un vaso para tomar agua. La caminata le ha dado sed.

-¿Y bien? ¿No me vas a contar?

-No.

-¿Por que?

-Porque si de verdad te interesa debiste de salir y preguntarle cómo estaba.

Gissell mira sería a su hermano por unos largos minutos hasta que desvía la vista y estalla en una estridente risa.

-Yo... preguntándole a esa plástica... primero muerta.

-Entonces te quedaras con la duda.

Dice Sebastián saliendo de la cocina. Gissell se queda pensativa durante unos largos segundos, hasta que se levanta y corre por las enormes escaleras para alcanzar a su hermano.

-De acuerdo, si quiero saber. Es que,  su dolor es muy intenso.

-Me agrada que te interese. Pero no tengo nada que contar, no pregunte porque estaba mal solo la acompañe hasta que se sintió mejor.

-¿Crees que se quede así? Es que mañana tenemos escuela y ella me está perturbando.

-Si, creo que estará bien. Ya duérmete pulga.

Concluye Sebastián con una sonrisa burlona en sus labios.

Su hermana era tan buena que no podía ocultar su evidente preocupación  por Erin a pesar de lo mucho decía odiarla.

***

Erin llega a la escuela más temprano de lo normal. Había decidió levantarse antes para irse sin su madre, así no tendría que dirigirle la palabra ni aguantar sus incesantes disculpas además de que de esa manera era más sencillo aguantar la mirada de los pocos curiosos cuando cruza por los pasillos, es una suerte que los jóvenes de ahora no sean puntuales.

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