EL PEQUEÑO MALFOY
¿Hijo? Hermione siguió a Malfoy mientras su cabeza daba vueltas al notición que él había soltado como quién no quiere la cosa. Clavó su mirada en la espalda del rubio, intentando visualizar al mortífago como padre. A su mente sólo vino una imagen, y nada halagüeña: Lucius Malfoy. Aquel hombre no era el mejor ejemplo de amor paternal, ni de cómo criar a un hijo.
-Si sigues dándole vueltas al asunto, acabarás con migraña –La voz de Malfoy sonó divertida.
-¿Cómo es que tienes un hijo?
-¿Tengo que explicarte cómo se engendran los niños, Granger? Porque no me veo con ganas de detallar ahora el asunto de las abejitas y las flores –dijo con sorna. Hermione enrojeció automáticamente.- Tiene ocho meses.
-¿Cómo se llama?
-Scorpius Hyperion –su voz se suavizó al hablar del niño.- Hemos llegado.
Estaban ante las puertas de la enfermería. Draco cogió aire y entró, seguido de una castaña muerta de la curiosidad. Pomfrey apareció inmediatamente. Lanzó una mirada asesina a Malfoy, que se la devolvió con igual o mayor intensidad. La mujer bajó la mirada. Hermione la comprendía. Aquellos ojos color mercurio tenían algo sobrenatural que hacía que hasta tu alma se estremeciera.
-Vengo a por Scorpius.
La enfermera asintió yo dio media vuelta. Entró en una habitación anexa, semioculta por dos estanterías de viales. A los pocos minutos regresó con un bebé entre sus brazos. Hermione no pudo contenerse y se acercó a la mujer, que la miró sorprendida.
-¿Hermione?
-Si, Poppy –se abrazó a la enfermera con emoción. Ver un rostro amigo en aquel nido de asesinos siempre era algo para celebrar.
-Ella se encargará del cuidado de mi hijo –Malfoy caminó hacia la salida, aparentemente desentendiéndose del pequeño- Tengo que hablar con mi madre. Ve contándole todo lo que necesita saber. No tardare mucho. Creo.
-Si señor –Poppy esperó a estar a solas con Hermione para volver a hablar- ¿Cómo te atraparon?
-Me entregué, junto con Luna. Ginevra Weasley me condenó a muerte, pero Malfoy reclamó mi vida, salvándola.
-Lo de esa familia ha sido todo un palo. Cuando la pequeña delató a Potter, la Orden recibió un duro golpe. Pero cuando se les unió Ronald, revelando muchos de los secretos e identidades de miembros y colaboradores, casi me muero. Y cuando se unió el resto de la familia… si Albus levantara cabeza se moría de la pena.
-¿Toda la familia? –Hermione se sintió mal de repente. Albergaba cierta esperanza de que sólo esos dos miserables y su padre hubiesen seguido a Voldemort.
-Si, menos William y su esposa. Y Charlie. Lograron escapar de Inglaterra. El resto de pelirrojos han ido delatando a los miembros de la Orden y del ED, entregándolos en bandeja a los mortífagos –Poppy sacudió la cabeza, alejando aquellos malos recuerdos- Vamos ahora con esta ricura.
-¿Está enfermo? –Hermione cogió al pequeñín, que sonrió, mostrando dos dientecitos. Tenía el pelo rubio, muy parecido al de su padre, aunque un poco más oscuro. Y los ojos eran iguales a los de Malfoy, aunque libres del odio y la maldad de los de su progenitor.
-Es un niño sanísimo. Draco Malfoy me lo trajo cuando tenía un mes escaso, tras la muerte de Astoria. Me dio órdenes muy claras: sólo él o su madre podían visitarlo. Para el resto, el niño aun está muy delicado.
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