❝ THE RIGHT GIRL ❞ | Para todo el mundo, Alana Bundrick era perfecta. Y Kenneth Thompson, era todo menos eso.
Oh god, he did the wrong thing
to the right girl...
#764 en Novela J...
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Alana se inclinó sobre el escritorio detrás de ella golpeteando uno de sus pies por la impaciencia. El director Williams básicamente le había suplicado para que hablaran después de clases sobre una actividad académica, pero hasta ahora habían sido veinte minutos y aún estaba esperando a que él entrara por las puertas de su oficina.
Su secretaria le había explicado que se encontraba en una reunión con un "chico problema" y le pidió que por favor esperara un poco más. Justo cuando cambió el peso de su cuerpo hacia sus talones, escuchó la puerta detrás de ella abrirse y una voz familiar.
—Alana Bundrick, no me digas que saldrás en este momento de mi oficina sin siquiera escuchar mi oferta —el Sr. Williams rió.
Alana rió por lo bajo un tanto apenada antes de mirarle de frente. En su cabello se podía ver una que otra cana y tenía arrugas alrededor de las esquinas de su boca por sonreír demasiado.
—Jamás... —contestó riendo un poco más acomodando por completo su cabello de lado derecho sobre su hombro. Lo siguió hacia su oficina y sintió una ola de confusión correr sobre ella cuando miró al chico sentado en una de las sillas frente al escritorio de Williams.
—Toma asiento, por favor —dijo el director, señalando a la silla que se encontraba a lado del chico.
Alana se sentó mirándole de reojo. Tenía cabello castaño claro y enormes ojos azules. Llevaba puesta una playera de esas de tipo uniforme de beisbol y una sonrisa retadora sobre sus labios.
—Alana Bundrick, él es Kenneth Thompson. Kenneth, aquí presente, está interesado en tener un tutor para este semestre ya que ha decidido tomar una clase de colocación avanzada este año, y como tú has pasado todos los cinco exámenes, pensé que serías la candidata perfecta para ayudar.
Ella mordió su labio inferior con nerviosismo.
—Uh... uhm, sí, claro... supongo. Se verá bien en aplicaciones para la universidad.
—Y podrás pasar cada día después de la escuela conmigo —agregó Kenneth por lo bajo mientras sonreí —escuela La mayoría de las chicas en la matarían por este trabajo.
Lana rodó los ojos; así que ¿Kenneth Thompson era éste tipo de chico? Ya no estaba segura si quería tomar la oferta. Ahora podía ver a través de él. Sus padres debieron haberlo forzado a tomar el curso, ¿por qué más un chico el cuál probablemente salía con su prima y sus amigos "populares" estaría tomando una clase de colocación avanzada de Psicología?
—Sí, lo ayudaré —dijo de manera suave, esperando que todo esto no terminara siendo un total fiasco.
. . .
Kenneth observó entusiasmado a Alana mientras se dedicaba a salir por las puertas dobles de la escuela y maldecía al director Williams por mantenerlo más tiempo que ella en su oficina. Corrió de prisa cruzando aquellas puertas para luego llegar a ella. Llevaba las llaves de su auto y sus gafas de sol en las manos, y cuando se percató de su presencia le miró encorvando una ceja.
—¿Necesitas algo? —Preguntó de manera suave mirándole confundida.
—Sí, yo... bueno, solo quería agradecerte por hacer esto. Es bastante cool de tu parte —el chico sonrió hacia su timidez y aparente inocencia. Esto estaba siendo más fácil de lo que había pensado.
Alana se encogió de hombros antes de continuar caminando por el estacionamiento y Kenneth alentó el paso para caminar con ella.
—Necesito más créditos para mis aplicaciones universitarias, así que, ¿por qué no? —comentó de forma simple.
—Así que, ¿no es porque te sientes increíblemente atraída hacia mí? —sonrió haciendo aquella jugada que funcionaba en todas las chicas.
Pudo observar a Alana rodar los ojos, y sus labios ni siquiera formaron la más mínima sonrisa; ella solo se veía honestamente fastidiada.
—No soy como las demás chicas en la escuela, Thompson. Tu estúpido coqueteo no va a llevarte a ningún lado. Soy tu tutora, te veré después de la escuela y durante sesiones de estudio en la biblioteca si lo necesitas. Nada más, nada menos —dejó en claro mientras deslizaba las gafas tipo aviador sobre sus ojos.
El chico le miró con confusión; esto no le pasaba a él. No, las chicas siempre se le lanzaban encima. Este juego iba a ser fácil, ¿cierto?
—Y-yo, uh... —tartamudeó. Sacudió su cabeza de forma suave recuperando su confianza —. Así que, ¿mañana? ¿Te veré después de la escuela?
Lana abrió la puerta de su viejo Jeep amarillo y tomó asiento.
—Suena bien —contestó antes de cerrar la puerta detrás de ella. Él le miró con regocijo mientras ella encendía el motor antes de bajar el cristal de su ventana y mirarle con curiosidad —. ¿Necesitas que te lleve a casa o algo así?
—Uhm... no, ¿por qué? —Ken encogió los hombros.
—Estás parado ahí observándome —explicó con el ceño fruncido.
—Nah, tengo auto. Solo estaba mirando a una chica bonita, lo siento —sonrió de forma victoriosa observando como ella se avergonzaba —. Te veré mañana, Alana —dijo para después guiñar y alejarse.
Kenneth se dirigió a casa y terminó el plan que había formado en su mente tan pronto se dejó caer sobre su cama.
Uno: Hacer que ella guste de él.
Dos: Hacer que sus paredes se vengan abajo para que confíe en él.
Tres: Hacerle creer que él es diferente.
Cuatro: Hacerle imposible que se niegue a ir a la graduación con él.
Cinco: Hacer que ella quiera entregarle todo.
Era demasiado fácil. Joder, Kenneth hizo esto todos los días de su vida con múltiples chicas. Todas fueron iguales. Todo lo que necesitaron fue la mirada adecuada, el toque adecuado y las palabras adecuadas. Alana Bundrick solo era otra chica para Kenneth Thompson. Él no esperaba que se convirtiera en algo más.