❝ THE RIGHT GIRL ❞ | Para todo el mundo, Alana Bundrick era perfecta. Y Kenneth Thompson, era todo menos eso.
Oh god, he did the wrong thing
to the right girl...
#764 en Novela J...
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ﺴ
—¿Qué diablos significa siquiera esto? —Alana tomó su cabello para alzarlo en una cola de caballo sin quitar la mirada de los números en el papel que se encontraba sobre su cama.
Eran demasiados números en una solo secuencia, y para variar, también había palabras. Ella podía con literatura. Era muy buena en literatura. Le agradaba literatura. Pero, ¿Matemáticas? Matemáticas podía besar su trasero.
Gruñó y dejó su espalda caer contra el colchón, cerrando sus ojos. Ha estado enterrada en tarea toda la semana. No podía recordar la última vez que hizo algo que no tuviese que ver nada con la escuela. Bueno, en realidad sí podía. Había sido aquella fiesta con Kenneth la semana pasada.
Sabía que no debería estar enfadada con él. Lo que pasó con Liam no había sido su culpa, pero lo estaba. Estaba molesta con él. Si Kenneth no la hubiese llevado a esa fiesta, ella no habría tenido que estar en aquella situación. Liam le aterró, y ella no quería sentirse de esa forma otra vez.
—Alana, tienes visita.
Dirigió sus ojos ahora abiertos hacia la puerta, que era de donde venía la voz de su padre.
—¿Contraseña? —rió un poco, esperando a que su mejor amiga entrara y saltara sobre la cama con ella.
—Alohomora.
—¿Qué diablos haces aquí? —dijo bastante sorprendida.
—También es lindo verte de nuevo, Alana —dijo Kenneth entre risas.
—Lo lamento, y-yo no esperaba verte aquí... en mi casa, a las siete treinta de la mañana —respondió con gentileza, mientras se sentaba sobre la cama.
—Pues, ya que me has ignorado toda la semana en la escuela sin mencionar todas mis llamadas, no tuve otra opción que tomarte por sorpresa —contestó con honestidad, y luego observó a los libros que se encontraban por toda la cama —. ¿Cálculo avanzado a las siete treinta de la mañana?, ¿por qué te odias tanto a ti misma?
—A Harvard le gustan las clases avanzadas —encogió sus hombros.
Kenneth cerró uno de los libros antes de lanzarlo a su escritorio y sentarse a su lado —. A nadie más le gustan. ¿Qué harás hoy?
—Y-yo, uhm, no lo sé —dijo, poniéndose de pie para tomar un sorbo de agua del vaso que siempre mantenía lleno sobre su mesa de noche —. Aún es muy temprano.
—Demasiado temprano —se quejó él, dejando caer su espalda sobre la cama.
—¿Por qué estás aquí, Thompson? —preguntó con simpleza, yendo al punto antes de inclinarse sobre su escritorio.