Desperté con una llamada de Kristine diciéndome que por si no lo recordaba, entro a las 9:30 al trabajo. Revisé la hora y eran las 9 en punto. Abrí lo ojos como platos y me levanté de la cómoda cama. Me di la ducha más corta de mi vida, y no tomé desayuno. Escribí una rápida carta para las chicas, diciéndoles que me debo ir y que deben ir a buscar algún trabajo porque no puedo pagar todo yo sola.
Llamé al amable taxista y esperé a que me recogiera. Luego de andar por unas cuadras en el taxi, aparecieron diferentes autos que volvieron más lento mi viaje al trabajo, así que decidí ir corriendo ya que no estaba muy lejos el edificio. Cuando iba corriendo por un parque casi me caigo de cara, pero por suerte no había nadie así que decidí quitarme los horribles tacones y seguí corriendo. Llegué al condenado edificio. Estaba apunto de llamar al ascensor hasta que leo en sus puertas: Fuera de servicio. Favor de tomar las escaleras. Maldije a quien haya hecho esto, y tomé las benditas escaleras. Por suerte no había nadie a quien pudiera chocarle. Llegué a mi cubículo con 15 minutos de retraso y apenas vi a Kristine ésta me reprochó con la mirada.
Llegué exactamente a las 9 de la noche al departamento, y en este no había ningún ser rondando.
—¡MARTINA! ¡ALMA! —grité por todo el lugar. Fui a la cocina, luego al baño, y luego a sus habitaciones. Estuve a punto de llamarlas hasta que veo una nota en la mesa de centro de la sala de estar: Fuimos a buscar un trabajo para no molestarte demasiado. Luego de eso vamos a traer la comida. Con amor, Al e Ina. "A estás la amo más que a mi propia vida" pensé. Decidí esperarlas en la sala de estar viendo televisión, pero fallé y quedé dormida.
Desperté con el delicioso olor a comida entrando por mi nariz. Abrí los ojos de a poco y vi a mis amigas riéndose viendo el celular mientras salían de la cocina.
—Buenos días, dormilona —dijo mi Ina amablemente con un tonto divertido.
—¿Días? —pregunté asustada.
—Sí... Días —dijo Alma muy normal.
—¿Qué hora es?
—Las 10 —respondió Martina observando su celular.
—¿LAS 10 DE LA MAÑANA? —exclamé. Perderé mi trabajo.
—Claro que sí.
—No te preocupes. Le dijimos a esa amiga tuya que te enfermaste por un extraño virus de aquí —dijo Alma serena, como si ella supiera de que está hablando.
—Las odio —dije mientras ponía una almohada sobre mi cara.
—Nos amas, no te mientas a ti misma —dijo Ina divertida.
—¡Sí! —exclamó Alma—. Además tienes un día libre para darle un vistazo a este hermoso lugar.
—Está bien. Vamos a echarle un vistazo a este lugar.
Me levanté del incómodo sillón y fui directo al baño. Me di un muy merecido baño caliente y fui a vestirme.
Salimos a caminar con las chicas y paramos en un Starbucks para tomar nuestro desayuno. Una chica más o menos de nuestra edad nos vino a atender.
—Quiero un burrito y una Coca-Cola —pidió Alma.
—Yo quiero un mocaccino con una media luna —pidió Martina.
—Yo quiero un café y un sándwich vegetariano.
—No vendemos ni burritos, sándwiches, o sodas —dijo la chica.
—¡¿CÓMO ES QUE EN ESTE LUGAR NO HAY BURRITOS?! —gritó Alma dramáticamente haciendo que la mayoría de la gente la mirara.
—Al, cálmate. Pediremos otra cosa —le dije en un intento de calmarla. Y funcionó. Finalmente pedimos dos trozos de pastel y un macciato.
—Gracias —dijo sin ganas cuando la chica trajo la comida.
Nos alimentamos, nos dividimos las tres la cuenta y nos fuimos a una plaza muy cercana de ese lugar.
En la plaza había un puesto de helados, por lo tanto, Alma se puso a chillar como una niña de tres años tomándome de la mano llevándome hacia éste. Yo tuve que comprarlos y Alma e Ina me abrazaron y dijeron un "gracias" con la voz de niñas cuando obtienen su muñeca favorita.
Las tres nos sentamos en una banca de madera que había en frente de unos juegos. Les pregunté si ya habían encontrado, o pensado, en algún lugar en donde trabajar: Alma me dijo que pensó en el Starbucks, y Martina en una biblioteca leyéndole a los niños cuentos infantiles.
Un chico rubio y de ojos verdes azulados se nos acercó preguntándonos algo que ninguna de nosotras entendió, a excepción de Martina, lo cual me sorprendió bastante. Alma y yo estábamos dejando un charco de baba al verlo, sin embargo Ina le hablaba con un no muy fluido inglés. El chico le sonrió, le dijo algo y se fue. Alma y yo seguíamos en el mismo estado, hasta que nuestra chica nos pegó una palmada en la cabeza.
—¡Hey! —moví mi cabeza reaccionando—. El chico ya se fue —anunció ella, y puse una cara de puchero.
—¿Y que te dijo? —pregunté.
—¿Te dio su número de teléfono? —preguntó Alma emocionada. Ambas la miramos con cara de "¿en serio?".
—No, tonta —respondió a la pregunta de Al—. NOS preguntó si habíamos visto a su perro, un gran danés —dijo enfatizando el "nos"—. Por cierto, ¿quién da su número telefónico a alguien que nunca ha visto en su vida?
—Muchas personas lo hacen —respondió Alma evitando la mirada y rascándose la nuca.
—¿Tú lo has hecho? —pregunté no tan sorprendida. Esa muchacha era capaz de todo.
—Claro que no —se levantó de la banca excusándose de que alguien la estaba llamando y se alejó. Ina y yo nos miramos y empezamos a seguirla hasta que ella salió corriendo y debimos correr también. Muertas de risa, obviamente.
Llegamos al apartamento al anochecer ya que Alma se fue por un camino completamente desconocido (aunque todo Canadá lo era) y estuvimos todo el resto del día intentando llegar al apartamento. Al llegar todas nos fuimos a nuestras respectivas habitaciones, gritándonos de un lado a otro, buenas noches.
Me tumbé en mi cómoda cama y revisé mi celular por si tenía algún texto del trabajo. Tenía un texto de Kristine preguntándome de si ya me encontraba mejor y diciendo que la llame, en vez de eso le envié un mensaje de texto y le dije que mañana temprano estaría en el trabajo. También tenía una llamada perdida de mi ex novio, Luke. Abrí los ojos como platos, aunque decidí ignorarlo. Me puse mi pijama, que consistía en una camisa blanca larga y un buzo, y me acosté en la calentura de la cama.
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Un nuevo comienzo.
Novela JuvenilMelody, Alma y Martina. Son las mejores amigas del mundo quienes emprenden un viaje a Canadá por trabajo de Melody. En este lugar se encuentran con nuevos amores, restaurantes extraños, nuevas amistades y un sinfín de momentos excepcionales. Todas e...
