Capitulo ocho.

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Adrien podía recordar cinco veces en las que había visto a Marinette darle la mano a alguien más, y en esas cinco veces, se recordaba aguantando el aliento.

Que no lo malinterpretaran; vivir en un mundo donde existe algo como el "Primer Contacto" instantáneamente te hace consiente del momento en el que le tocas la mano a alguien, Adrien hubiera estado pendiente quizás de la ceremonia que significaba tocar a los demás si no hubiera estado tan acostumbrado a vivir con sus guantes de cuero negro e ignorar el acto por completo.

Como si eso no significara que estaba perdiendo por completo su oportunidad de conocer a su gran "Alma gemela" y la felicidad eterna que venía por consiguiente.

Pero resultaba que a Adrien no le importaba.

O eso creía.

A él no le importaban las almas gemelas, ni la máxima felicidad, ni vivir enamorado de alguien tanto que necesitabas vivir prácticamente pegado a otro de la cadera.

Adrien amaba su independencia, amaba el poder que sentía al ser deseado, y el placer que le traía negarle a los otros el premio que significaba regalarles una noche de su vida, un beso, una mirada o una caricia. Y había descubierto que las personas de verdad lo veían así; como una extraña clase de premio. Una noche con Adrien era algo que todos, incluso sin conversarlo, sin entenderlo ni conocerlo, sabían cómo terminaba: con Adrien marchándose en la mañana, y despidiéndose de manera galante, como si el intercambio coital hubiera sido un mero trámite.

Pero resultaba que así era. Adrien estaba cubriendo una necesidad, bien podría significar una ida al supermercado.

Luego había llegado Marinette a su vida y toda su charada de "Adrien Agreste no tiene pareja" se había derrumbado por qué, y que alguien le explicara por favor, había hecho más cosas de parejas con Marinette que con cualquier otra pareja que hubiera tenido antes en su vida.

Ni siquiera lo había besado todavía, maldita sea. Adrien había tratado con más frialdad a personas que lo habían dejado cogerlos por el trasero que a Marinette.

Esperen, ¿Por qué había comenzado a pensar en esto?...

Ah, sí. Adrien podía recordar cinco veces que había visto a Marinette tocarle la mano a otro ser humano.

Ninguna de esas cinco veces había pasado inadvertida, ni aunque Adrien así lo hubiera deseado.

¿En su opinión? La última había sido especialmente grotesca: Justo frente a él, en medio de toda la clase, Adrien había visto a Marinette darle un apretón de manos al alumno 43213 que casi lo había dejado sin aire por diez segundos.

Fue extraño... A penas vio que Marinette estaba haciendo el ademán de tomar la otra mano, su estómago de dio vuelta y su tráquea se cerró un poquito. ¿Se le habrán dilatado las pupilas? Su espalda se había tensado y había cerrado su puño de pronto, sin saber por qué. Lo único que le importaba entender era la reacción de Marinette y reconocer ahí, rápido, si el Primer Contacto había sucedido o no.

No sabía por qué, pero que Marinette fuera la conectada del alumno X le hacía perfecto sentido.

Mientras veía en cámara lenta ambas manos tocarse, Adrien podía imaginar las mil y una razones de por qué Cara bonita allí hubiera sido un mejor Conectado para Marinette que Adrien.

Pelo oscuro tenía la cara debatiblemente atractiva, era inteligente (lo suponía, tomaba clases de Harvard, aunque para ser sinceros había conocido idiotas en Harvard que no tenían nada que envidiarle a un simio) tenía probablemente la misma edad de Marinette, y si los Conectados hacían sentido o no, Estudiante-que-no-recordaba hubiera sido un buen Conectado para Marinette.

Black Leather. [ADAPTACIÓN] [Completa]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora