Capítulo 7.1

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Dedicado a: angieulloque
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Narrador Omnisciente.

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[6 años antes]

El día había acabado y un pequeño King de 9 años mantenía la mirada perdida en aquel cielo que empezaba a tornarse a un bello crepúsculo.

La chica de coletas jugaba alegremente en un pasa mano de color rojo, saltando de un lado a otro como un mono.

-¡Harlequin! -chillo y el mayor pego un brinco por el susto.

-¡¿Estás bien?! -grito corriendo hacia la castaña que reía por la expresión en su rostro.

-Toooonto -hablo pegando un brinco y callendo en un salto limpio al suelo- estoy bien. ¿Qué tal?

El otro abrió los ojos sorprendido y un leve sonrojo adorno su rostro.

Matrona, quien era la actual cuidadora legal de Diane, era una amiga de la infancia con la madre de Harlequin, ambas familias se conocían de hace un tiempo, y fue por ello que en el momento de más desamparo de la pequeña, ellos decidieron que la ayudarían en lo que estuviera en sus alcances.

Él, a penas fue presentado con la pequeña que vestía un kimono tradicional en aquel momento, sintió ver a una flor de loto. Era hermosa.

Fue así que, pasaban las mañanas, tardes y noches juntos, mientras la madre de Diane como podía intentaba salir adelante de su enfermedad, y a la vez llevar de manera digna el templo familiar, su juventud estaba puesta en ese lugar. Su vida con la felicidad de su hija.

Ese día lo habían hecho diferente. Pesé a tener prohibido salir de la gran casa del pelicafe, y este haber hecho lo posible por evitar el aburrimiento por el encierro en la chica, finalmente pensó que no sería del todo malo ir a un parque que él sabía estaba cercano a la residencia.

Diane al ver la reacción de él, sonrió sacando la lengua de manera graciosa y el otro desvío la mirada al cielo avergonzado.

-Harlequin, juega conmigo porfiiiiis.

El negó, pero ella sabía cómo convencerlo. Una de sus virtudes era ser alegre y confiada de si misma, y por ello confiaba en las veces que le habían dicho ser una pequeña muy linda.

Se acercó lentamente con las manos atrás, mirándolo, para el era como una bella hipnosis ver esos ojos violetas.

¿Por qué no se atrevía a sonreír y decirle que eran bonitos?

¿Qué era ese sentimiento que le ardía en su pecho?

Su hermana le decía que eran mariposas en el estómago. No era así según el, puesto se sentían como abejas. O tal vez, solo tal vez, era hambre.

-Diane -exclamó rendido por los bonitos ojos de la niña- ¿A qué deseas jugar?

Vio como ella sonreía y empezaba a correr de manera energética.

- ¡A atrapadas! -grito a todo pulmón.

-Hey!

El parque tenía una zona arboleda profunda, que él evitaba siempre en los pocos paseos que se realizaban en los días comúnmente de descanso de los padres.

Antes de llegar le advirtió a Diane que era peligroso, intentó darle escarmiento con historias de fantasmas y criaturas raras como hadas o gigantes.

Pero eso solo la avivó más.

-Diane! Espera! -jadeaba ya cansado de tanto correr, de seguir a la menor que era mucho más hábil que él.

Tropezó y por la vergüenza de su torpeza se levantó solo, aún cuando le dieron ganas de llorar un poco por el susto.

Ella lo observó trepada a un árbol, sintiéndose mal por sobreexigirle. Solo quería jugar como en el templo, donde los árboles eran aún más altos y viejos, llenos de vida por las tardes, con los animales mirándola a lo lejos con cautela, y el viento susurrandole conversaciones de otra vida.

Se sonrojo, juntando ambas manos y gritando.

-¡Harlequin! ¡Si me atrapas me casaré contigo de mayor!

¿Qué?




















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Así es, ando corrigiendo como loca cosas de la historia, espero no me de por cambiar el final 👀...

Y.

Tanabata [Kiane] EDITANDO Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora