capítulo dos.

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Los Dankworth.

Dos años atrás, cuando la familia Brown llegó a vivir al vecindario, tenían la tradición de darle la bienvenida a cada uno de los vecinos que llegaban, y una cálida despedida a los que se iban.

Nunca era muy agradable, ya que la gente millonaria suele no ser agradable, pero ésta vez, más que desagradable, iba a ser incómodo.

Millie se posó en frente de su espejo de cuerpo entero, contemplando su conjunto. Tenía que parecer simple, y no como si lo hubiese planeado durante una hora, como en realidad había sucedido; sólo tenía que parecer una chica cool.

Traía una falda blanca, hasta la mitad del muslo, y una chaqueta café de gamuza, cerrada. Su cabello estaba suelto, sin ni un peinado, y su maquillaje contaba sólo con máscara de pestañas.

No muy segura, Millie salió de su habitación, y junto a su familia fueron a la casa de al lado.

Robert se preparó mentalmente para presentar a su familia, y tocó la puerta.

La misma señora delgada de la tarde abrió la puerta. Era alta, tenía el cabello castaño, y de cerca, lucía mucho más joven. A lo mejor era el maquillaje, o botox, pero mirándola frente a frente, no superaba los veinticinco años.

—Ustedes deben ser los Brown, pasen. —la señora les sonrió cortésmente.

Los cuatro entraron a la casa, que estaba demasiado ordenada para haber llegado el día anterior.

El señor Dankworth y sus dos hijos, que estaban sentados en el sofá, se levantaron.

La chica de cabello lila estaba ahí, observando a Millie.

Y su hermano, que tal vez tenía dieciséis o diecisiete años, y su cabello era rubio.

—Malcom —dijo Robert en forma de saludo—, ésta es mi familia; mi esposa, Kelly, y mis hijas, Millie y Ava. Chicas, él es el señor Malcom Dankworth.

Millie le sonrió al señor Dankworth, que la miraba con emoción.

No todos los días tienes a Eleven en tu casa.

—Un gusto de conocerlos. —contestó Malcom Dankworth—. Ella es mi esposa, Stephanie, y estos son mis hijos —se giró hacia el rubio y la chica de cabello lila—; Tyler y Lilah.

Lilah. —retumbó en la cabeza de Millie.

—El gusto es nuestro —respondió Tyler.

Malcom, Tyler y Lilah miraban a Millie, incomodandola.

—Aymerick, nuestra empleada, está haciendo la cena. ¿Te gustaría acompañarme a pasear por el jardín? —preguntó la señora Dankworth a Kelly.

Millie se dio cuenta del notorio acento inglés. ¿Vendrían de Reino Unido?

Ambas salieron de la casa.

—¿Quieres subir? —una voz femenina le preguntó a Millie.

Millie miró en dirección a la persona que le habló, encontrándose con Lilah.

Hoy traía un blue-jean a la cintura, un delgado suéter de color gris, y Millie notó que también traía un collar de mejores amigas.

—Claro. —sonrió Millie, casi de inmediato.

—Sigueme —Lilah le sonrió, antes de adelantarse.

Ambas caminaron hasta las escaleras, subieron, y entraron al cuarto de Lilah.

Las paredes eran blancas, y habían unas cajas sin ordenar aún.

Sólo estaba la cama, el closet, y un tipo de mural, lleno por notas y fotos, las cuales Millie contempló a penas entrar al cuarto.

—Pongo a toda la gente importante para mi allí. —dice Lilah, llamando la atención de Millie.

—Lindo detalle, me gusta cómo quedó —alagó la castaña—, ¿Es tu novio?

Millie apuntó a la foto de un chico rubio y guapo, que aparecía varias veces en el mural.

—No, no —rió Lilah—. Él es Kyle, mi mejor amigo.

—Oh... ¿Con él compartes el collar?

Lilah asintió, y se quedó mirando a Millie durante unos segundos antes de hablar nuevamente.

—Es raro tenerte en mi casa. —comentó la chica—. Y ¿Siempre te gustó la actuación.

Lilah caminó hacia su cama, se sentó allí, y palmeo a su lado, indicándole a Millie que se sentase.

—Si, pero no lo hago desde tan pequeña. —contestó, y tomó asiento junto a Lilah—. ¿Y a ti? ¿Qué te gusta hacer?

Lilah se giró subiendo una de sus piernas a la cama, y quedando frente a frente con su nueva vecina.

—Me interesa el modelaje.

—Cool —sonrió Millie—, ¿tienes experiencia?

Lilah asintió.

-Modelé para algunos reclames de H&M, y cuando estaba aún en Inglaterra, hace unos años atrás, trabajé para una tienda independiente. -explicó Lilah.

-Cool. Yo he hecho alguna que otra cosa en el mundo del modelaje... Algún día te podría recomendar. -Millie sonrió animándola.

-Gracias, supongo.

Ambas se quedaron en un silencio algo Incómodo antes de seguir hablando.

—¿Es cierto eso de que tu novio es Jacob Sartorius? —cuestionó Lilah, sin pudor alguno.

Millie la miró, algo incómoda. Tuvo que responder tantas veces la pregunta.

—Si... —Respondió Millie.

—¿Y... No lo sé, realmente te gusta?

Lilah apoyó su codo en su pierna, y su cabeza en su brazo, dando una imagen de interés en el tema.

—Si... —volvió a repetir.

—No pareces muy convencida. —Lilah sonrió burlesca.

Millie estaba incómoda con aquella rara conversación que estaba teniendo, pero aún así, afrontó el tema.

-No. Estoy segura. Me gusta Jacob, y me gusta muchísimo -mintió-, sólo que es raro, he tenido muchas veces esta conversación.

—Aah...

-¿Y tú? ¿No sales con nadie? -preguntó Millie.

Lilah rió con sarcasmos y sacudió la cabeza.

—Sonará bastante contradictorio a lo que cualquier chica quiere, pero no tengo interés en una relación. Tener novios es inservible. El amor no es para siempre, ni siquiera es duradero. —replicó la chica de cabello lila.

Millie la miró algo extrañada. En realidad, era una opinión poco popular.

Para Millie era interesante. Lilah era interesante, y por lo que sabía hasta el momento, distinta también.

—¿Te puedo hacer una pregunta? Pero sin que te molestes... —habló Lilah.

Millie asintió.

—¿Qué se siente?

—¿Qué cosa? —cuestionó Millie.

—Que no te trate como si fueras una joya humana. —respondió Lilah.

La boca de Millie se abrió ligeramente, sorprendida por la pregunta.

—Vamos, responde —apresuró Lilah.

—Uhm... No es raro, digo, eres solo mi vecina...

—Que suerte. Los humos no se te han subido a la cabeza. —Lilah sonrió.

Y por segunda vez, la castaña veía aquella misteriosa sonrisa, a lo que fue inevitable responder con otra sonrisa, involuntariamente.

Lilah [Millie Bobby Brown]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora