Algunos dirían que estaba sediento, puesto que antes de salir de la casa ya había consumido media botella de licor, así que prácticamente ni siquiera intuyó que llovía, mientras su mente estaba empecinada en –salir-, quizá deseando hallar algo de calor, una pizca de ese afecto que hace tiempo conoció.
Una vez en la calle y mientras pasaba frente a una botica, recordó como las hijas de don Teodorick al emigrar a la capital, dejaron de preocuparse por su padre, limitándose unicamente a enviar una postal cada fin de mes, pidiendo que les aumentara su mesada, hecho que durante 5 años se volvió repetitivo, mientras el anciano se veía cada vez mas enfermo y cansado, hasta el punto que descuidó su empresa y esta fue absorbida por los cuervos de su mesa directiva, echo que al final llevo a Teodorick hasta la cama del hospital de la ciudad portuaria.
En aquel tiempo Reínz que cursaba su ultimo periodo universitario, siguiendo sus impulsos fue a la capital en tren y podría decirse que trajo a arrastras a Isabel y María, ultima quien interpuso torpemente a su novio, mismo que después de una "ligera caricia en la mandíbula" le permitió continuar con el trabajo a Nicolás, para tomar el tren de vuelta y llevar a las niñas malcriadas con su padre.
Sin embargo, cuando llegaron al hospital al ver el cuerpo sin vida de su mentor, cubierto por una sábana, todos comprendieron que ya era tarde. María e Isabel lloraron desconsoladamente sobre los restos de su padre, mientras Nicolás yacía inmóvil, impotente frente a esa escena, dejando fluir lagrimas de dolor por su rostro.
Al día siguiente se celebro un humilde sepelio, donde muchos trabajadores desobedeciendo a sus actuales empleadores, fueron a rendir un último y justo homenaje a quien se había convertido en un símbolo a seguir, ya que mientras estuvo al mando de las actividades portuarias, nunca descuidó los derechos de los obreros.
Por su parte Nicolás Reínz, esperó hasta el final, para depositar una flor sobre la tumba de su antiguo patrón, puesto que entre lágrimas deseaba agradecerle todo lo que había echo por el.
"Gracias por Todo mi señor... Gracias"
Así, el tiempo transcurrió y después de unos días se supo que, como parte del testamento Reínz era el heredero de la mansión Wrifelt, echo que en un principio molestó a las hijas de don Teodorick, pero después lo dejaron pasar, debido a que se dieron cuenta que su vida yacía en la capital y que lo único que requerían, era el dinero de la venta de las acciones que le quedaban a la familia.
-¿Acaso el dinero es todo lo que importa?- piensa Nicolás.
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IKRÄTHA: Cuentos de Soledad -Trygdall-
Novela JuvenilEste es un telar de historias entretejidas en una sola, es la aventura de un hombre atormentado por sus fantasmas, obsesionado por descubrir respuestas.... «La locura o la genialidad, es solo cuestión del punto de vista de los demás, y es gracias a...
