Viernes, 13 de julio del 2018.
Había pasado más de una semana desde que Gianluca había descubierto al chico de sus poesías, y ese hubiese sido simplemente un típico día escolar con dolor en el pecho si no fuese porque en el receso, unos chicos se sentaron en la misma mesa en la que Márquez almorzaba con desgana.
Esa era una de las pocas veces en las que iba a la cafetería, puesto que su tiempo siempre lo aprovechaba para estar en la biblioteca y alejarse de la multitud.
- ¡Hey, Gianluca! ¿Qué hay? -Dijo uno de los chicos que estaban en frente de él, lo recordaba perfectamente y éste se llamaba Paolo.
Su mente se iluminó recordando que hace poco él tuvo una charla con aquel grupo, que por primera vez, no sintió que fuese incómodo. De hecho, le habían caído más que bien y le agradaba que ahora vuelvan a hablarse.
Los chicos hablaron con Gianluca toda la media hora que pasaba, y a él realmente no le importaba, eran unos chicos increíbles que sorpresivamente se tomó el tiempo de conocer, algo no muy común de él.
Su vista luego de dar una carcajada por un chiste que dijo la única chica de ese grupo, fue hasta una mirada que hace tiempo estaba siendo posada en él y Gianluca ya sabía por anticipado de quién se trataba. Su risa cesó cuando los ojos color miel conectaron con los suyos.
Desde una de las mesas sentado con su grupo de amigos se encontraba él, aquel chico que había ignorado toda la semana, se encontraba, como decía desde textos: observándolo, apreciándolo, enamorándose cada vez más en secreto desde la oscuridad.
Por primera vez, Gianluca no vio a Adriel sentado allí; sino a A, y el escalofrío no recorrió por su cuerpo hasta que una leve sonrisa sin mostrar sus dientes apareció por el rostro del pelinegro. El chico no se resistió, le devolvió la sonrisa con mayor sentimiento. Era inevitable no resistirse a tal encantamiento como lo era el joven al que estaba observando.
¿Cómo iba a poder olvidarse de A si siempre que aparecía era en momentos inoportunos y sólo para dejarlo con la cabeza dando vueltas?
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Tu poesía
ContoAdriel es un escritor frustrado que cree inalcanzable que algún día pueda llegar a dirigirle la palabra al chico tímido del salón. Su única salida en ese lío de sentimientos dispersos en su cabeza, es recurrir a los mensajes vía teléfono celular. O...
