El cargamento IV

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Durante más de diez largos minutos todos esperaron impacientemente la llegada de aquella manada. A medida que se acercaban podía escucharse el estruendo de las innumerables pisadas al correr. Segundo a segundo, a medida que aquel estruendo aumentaba, todo el camión comenzó a moverse como si un ente gigante lo sacudiera incesantemente. Entonces, un gran estruendo los estremeció, el golpe fue dado con tanta fuerza que el camión se levantó un par de estadios de uno de sus costados hasta casi volcarse, haciendo que todos dentro de él saltaron por los aires.

A través de las ventanas blindadas podían observarse aquellas hordas marrones de criaturas de largas colas y afilados dientes. Blakgud los contemplaba con suma calma mientras comía una barra energética. En contraste los jóvenes soldados temblaban ante aquella horrenda visión. Ante chillidos y alaridos los Betguesguin se devoraban al Dragartrop que hacía ya horas había expirado su último aliento.

-Teniente Frakmur -se escucha por la radio militar- una de esas bestias golpeó nuestro vehículo abollándolo, parte del calor se está escapando y comenzamos a padecer frío.

-Teniente Frakmur -interrumpió Blakgud- dígale a sus subordinados que se abriguen lo mejor posible y se mantengan en silencio, si no quieren atraerlos.

-Manténganse en calma y silencio -dijo el teniente por radio, mientras observaba con desprecio a un relajado Blakgud- abríguense lo mejor posible, apenas podamos iremos por ustedes.

-¡Teniente, esas cosas se están acercando otra vez al vehículo! -Gritó con desesperación uno de los soldados a través de la radio.

-¡Soldado manténgase en calma y en silencio!

Un grito desgarrador y apenas entendible -¡Vienen hacia nosotros otra vez!- Fueron las últimas palabras escuchadas. Seguidamente, una ráfaga de disparos, chillidos y estruendos llenaron el ambiente. El Teniente Frakmur intentó infructuosamente comunicarse con sus subordinados y después de un par de minutos los disparos cesaron, aunque seguían los estruendos y chillidos.

El Teniente Frakmur agachó la cabeza cerrando los ojos. Una estática dominaba el sonido de la radio. Dentro de aquel camión reinaba un extraño silencio que nadie se atrevía a romper. En una esquina del compartimiento de provisiones, ubicado detrás de la cabina, dos soldados intentaban contener sus lágrimas. Mientras, el joven Albazir abrazaba su arma con la mirada perdida en dirección al techo. Solo los dos soldados ubicados en el último compartimiento estaban ajenos a lo sucedido. Blakgud se terminaba de comer unas barras energéticas al mismo tiempo que le dirigía una mirada acusadora al teniente como diciéndole "yo te lo advertí". Durante varios segundos o minutos que parecieron una eternidad aquella incómoda situación se mantuvo.

-De nada sirve lamentarse por lo que ya está hecho. -Hablo Blakgud, antes de dirigirse a la cabina- Basta con aceptar las consecuencias y velar por no volver a cometer los mismos errores.

Blakgud se instaló en la cabina en una colchoneta ubicada detrás del asiento del conductor. En el compartimiento contiguo estaban en silencio cuatro de los seis soldados restantes incluyendo al teniente que lentamente se incorporaba.

-Krisnakan, intenta de nuevo contactar con la base. -Habló el teniente con un desaliento que no se le había visto hasta entonces- Botaliko acompáñame a verificar el estado de la carga.

-Sí señor. -Respondieron Krisnakan y Botaliko, uno después del otro.

Una y otra vez Krisnakan intentaba infructuosamente contactarse con la base. El teniente abrió el tercer compartimiento, dentro de él estaba a su vez otro compartimiento que también abrió. Frakmur y Botaliko entraron alumbrando con sus linternas. En el medio de aquel lugar, asegurado con cadenas se encontraba una caja de metal de un estadio dos palmas de alto, ancho y profundidad. En letras amarillas fluorescentes se podía leer "Riesgo Biológico". Frakmur la revisó minuciosamente, buscando la más mínima señal de daño. Luego de asegurarse del buen estado de la misma, respiró aliviado y regresó con el resto de los soldados, no sin antes ordenar a Botaliko que diese las malas noticias a los dos soldados del último compartimiento. Las horas pasaron sin mayores sobresaltos, aunque nadie a excepción de Blakgud pudo dormir.

Por primera vez en varios días se podía apreciar la brillante estrella amarillenta en el firmamento. Sus rayos hacían que resplandeciera el blanco y desértico paisaje, que llegaba más allá del horizonte visible. Era el momento menos esperado, pero no podía ser postergado más. El teniente dio la orden y junto con él, Yakoe, Galuner y Blakgud fueron en búsqueda de los soldados.

La escena era desesperanzadora, aunque esperable. El vehículo yacía boca abajo y cubierto de nieve casi por completo, las puertas estaban abolladas y habían arrancado el capó, el cual se encontraba a varios estadios de distancia. No tardaron mucho en encontrar el cuerpo de dos de los soldados aún dentro del vehículo. Estaban congelados y con varios huesos rotos, aunque no se podía decir con certeza si habían muerto por alguna lesión o por hipotermia. El tercero de los soldados no lo pudieron encontrar por mucho que buscaron. Ambos cadáveres fueron enterrados en el mismo lugar que el otro soldado.

Aquellos sujetos trataban de no caer en la desesperación, pero la realidad era que estaban varados al menos a tres días de distancia de la ciudad más cercana, con cada vez menos alimentos, con cuatro bajas y ninguna señal de ayuda en camino. Pero como buenos soldados se repusieron, aprovechando el buen clima para realizar varias tareas. Yakoe y Galuner, llevaron al camión todo lo que pudieron sacar del vehículo, Albazir, Botaliko junto con Blakgud quitaron la nieve alrededor del camión, para tratar de ponerlo en marcha. Mientras que Krisnakan y el teniente Frakmur intentaban de nuevo contactar con la base.

A duras penas lograron quitar la nieve alrededor del vehículo, aunque este no daba señales de querer arrancar. Blakgud con esfuerzo logró alinear los neumáticos para cambiar el modo de flotación, a modo tracción. Sin embargo, no lograba entender porque no terminaba de encender. Se escuchó un grito de euforia y Krisnakan corrió en busca de todos para avisar que finalmente habían logrado contactarse con la base. Inmediatamente todos se dirigieron al segundo compartimiento, en donde estaba la radio. Ese fue un momento agridulce. Después de muchos días habían logrado contactarse con ella, pero estos le informaron que tendrían que esperar al día siguiente para que un convoy fuese en su búsqueda y dos días más para que llegaran al lugar en el que se encontraban.

El teniente meditó por unos momentos, sabía que las provisiones en el mejor de los casos alcanzarían para cuando llegasen los refuerzos. Por esta razón le ordenó a Yakoe, Galuner y Albazir lo acompañasen a reaprovisionarse, mientras el resto se encargase de poner en marcha el camión. La respuesta a la falta de alimentos la tenían muy cerca de ellos.

Continuara...

La bestia del norteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora