Valencia; 5 de Agosto; 14:36 h.
—Dios, esto está buenísimo —Amaia se relamía los dedos bajo la atenta mirada de Alfred, que había dejado de lado la conversación que estaba manteniendo con su tío.
Habían decidido comer en un restaurante muy cercano a la playa que les habían recomendado los personales del hotel donde se alojaron el día anterior los triunfitos por motivo del concierto en Benidorm.
Amaia levantó la vista de su plato y le regaló una sonrisa un tanto tímida que le hizo reír.
—Alfred, —Toni, consciente de esas muestras de cariño entre los jóvenes que hacían que olvidaran todo lo que existía a su alrededor, le tocó el hombro a su sobrino queriéndole traer de vuelta a la conversación — ¿qué vais a hacer mañana, entonces?
El joven miró ilusionado a su novia. La llevaría a descubrir su isla favorita junto a sus padres.
—Comenzar nuestras merecidas vacaciones, eso es lo que haremos.
Aeropuerto de Valencia; 6 de Agosto; 10:32 h.
—¿Seguro que lo llevas todo?
—Que sí —suspiró ella, cansada de tantas preguntas respecto a su memoria y su desorden.
—Pero no te enfades —le dijo con voz de bebé y la abrazó de lado apoyando la cabeza en su hombro.
—¿Cuando decías que venían tus padres?
Alfred miró el reloj, quedaba media hora para embarcar.
—Son las diez y media pasadas y dijeron que venían a las menos veinte, más o menos —le contestó a la chica.
Pero Amaia ya estaba pendiente de dos personas que venían agarradas de la mano desde lejos.
—¡Alfredo y María Jesús! —señaló hacia la dirección por dónde venían caminando y le dejó la maleta y la mochila a Alfred, que había preferido esperar a que llegasen. La joven corrió hasta ellos para abrazarles, primero a su segunda madre y después a su segundo padre.
—¡Amaia, qué guapa estás! —la mujer le acarició la mejilla dulcemente.
—Ay Chus, qué va.
—Es cierto —asintió Alfredo mientras le acariciaba el brazo.
—Jo, muchísimas gracias. Vosotros también estáis increíbles, ¿cuál es vuestro secreto? —río emocionada Amaia.
—¿Pues cuál va a ser, hija? Cuidarse mucho, —sonrió María Jesús— y unas vacaciones a Menorca nunca vienen mal.
—Bueno, quitémonos del medio y vayamos a ver a ese muchacho que está esperando con las maletas allí, ¿no?
Amaia le sonrió de nuevo al padre de su novio, le ayudó con las mochilas que llevaban y corrió hasta Alfred que los miraba con una sonrisa de oreja a oreja.
Le dio un pequeño beso y dejó las mochilas en el suelo al lado de ellos.
—¡Cariño!
El joven abrazó fuertemente a su madre.
—Lo hiciste genial, —le dijo Alfredo mientras le abrazaba, refiriéndose al festival en el que actuó hacía solo dos días— estuvimos viendo varios vídeos y como bien sabes, tu madre estuvo bastante pendiente a lo que comentaban por las redes sociales. Estamos muy orgullosos de ti.
Amaia, ligeramente apartada porque no quería interrumpir, los miraba contenta. Eran una familia tan especial.
—Pero Amaia, ven aquí —le animó María Jesús viendo como se iba alejando cada vez más.
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Pinceladas
FanfictionPequeños relatos de la historia de Alfred y Amaia, durante y después del concurso. Sin ningún orden cronológico y sin ningún tipo de correlación entre ellas, a menos que lo indique el capítulo.
