Capitulo II

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Los rayos de sol entraban por la ventana abierta de par en par, posándose justo sobre sus ojos.

-Maldición -murmuró Killua tapándose con las sábanas por encima de la cabeza. No había podido dormir bien. Después de todo, hacía un calor del demonio.

-Onii-chan, despierta! -lo llamó Alluka desde la puerta de su habitación -Nanika y yo tenemos hambre, ya es más de mediodía…
-Sí, sí...enseguida voy -respondió bajándose de la cama y frotándose los ojos para despertar mejor.
-Estás bien? -lo miró preocupada.
-Claro que sí - sonrió- es solo que hace tanto calor...
-La próxima vez deberíamos quedarnos en un hotel con aire acondicionado.
-Lo tendré en cuenta -murmuró entre dientes mientras se dirigía a la cocina a preparar el desayuno.

Aún no se acostumbraba a su nueva vida. Hace solo una semana Gon y él se habían separado. Lo extrañaba. Lo extrañaba mucho. Extrañaba despertar con los gritos alegres de Gon cada mañana, llamándolo para tomar desayuno. No sabía cómo había logrado aguantar el dolor que le producía estar separado de Gon frente a Alluka. Después de todo, Killua comenzaba a entender que los sentimientos hacia su amigo superaban la amistad. Y también sabía muy bien que era un sentimiento unilateral. Gon sólo lo veía como su amigo, y no podía ser de otra forma. Aún se sentía increíblemente confundido, pero mientras más lo pensaba, más certezas tenía de que quizás su amor por Gon no se debía a una simple amistad.
De todas formas, ya no importaba; si solo lo veía de vez en cuando, podría soportar que sus sentimientos no fueran correspondidos. «Mientras Gon esté a salvó y feliz, yo estaré bien.»

-Onii-chan, el pan se está quemando…

-Que? Mierda!- Se había quedado tan absorto en sus pensamientos que había olvidado lo que estaba haciendo. Tiró el pan completamente quemado a la basura con enojo y suspiró pesadamente mientras se apoyaba sobre el fregadero.

-Seguro estás bien?
-Si... iré a comprar el desayuno -le dijo poniéndose los zapatos para salir.
-Ok! Ve con cuidado!
-Volveré pronto!

«Concéntrate Killua, ésta es tu nueva vida ahora, sin Gon. Ahora Alluka depende de ti. Maldición ni siquiera puedo hacer bien el desayuno. » Pensó una y otra vez mientras caminaba rápidamente por la ciudad desierta.

Entró a la primera tienda que vió en el camino. Compró algo de fruta, cereales, y unos almuerzos congelados.

-Debería aprender a cocinar -se dijo a si mismo mientras salía de la tienda mientras se frotaba la nuca. -Yo podría comer cereales todo el día, pero supongo que Alluka debería comer sano…

Buscó una librería donde comprar un libro de cocina básico, y emprendió su regreso al hotel.

Habían viajado a un pueblo costero; era pequeño, pero el océano quedaba muy cerca del hotel donde se estaban hospedando, y por las mañanas y las tardes la brisa era agradable. Pero el resto del tiempo el calor era infernal; no le importaba aguantarlo por Alluka, pues quería que su hermana conociera el mar, que por supuesto, solo había visto en libros.
Después de todo, a Alluka no parecía importarle el calor, y Killua siempre fue más sensible a éste. No era sorpresa entonces que por las noches apenas pudiera dormir. Por el calor...y las pesadillas. Al principio los sueños siempre eran agradables: Gon y él en Greed Island, la batalla con Razor, el “solo puede ser Killua” dicho por Gon y que resonaba en su cabeza. Las cosas comenzaban a ponerse dolorosas cuando en el sueño éste comenzaba a ignorarlo. Intentaba perseguirlo pero le daba la espalda. Entonces Illumi le susurraba incesantemente que nunca podría tener amigos. Intentaba gritarle que estaba equivocado mientras perseguía a Gon, pero entonces se daba cuenta que estaba solo, y que a lo lejos brillaba una luz. Cuando llegaba a ella, encontraba a Gon en el suelo, mutilado. Solía despertarse justo al verlo en ese estado, pero luego no podía dejar de revivir ese día. No podía evitar sentirse desesperado de nuevo, sin saber qué hacer para salvar la vida de su mejor amigo. Recordaba haber corrido hacia él, temblando. Lo había tomado entre sus brazos y se había asegurado de que su corazón latía. Al principio no pudo escuchar nada, y en ese momento, Killua pensó que su vida se había acabado junto con la de Gon. Si Gon moría ahí, él no hubiera sido capaz de volver. Pero luego, como un milagro, había escuchado un latido; tan débil, que pensó lo había imaginado. Luego un segundo, un poco más fuerte. De inmediato cargó a Gon en su espalda, como tantas veces lo había hecho, aún temblando, aún llorando sin siquiera darse cuenta, y lo llevó con los demás. Después de eso no recordaba mucho, solo que se se aseguró de que Gon recibiera atención médica inmediata. Por lo que le dijo Ikalgo un tiempo después, había entrado en shock por unas horas; se había sentado en el piso, mirando al vacío, y no había escuchado ni dicho una sola palabra más. Cuando recordaba eso, no podía evitar llorar. Así había sido cada noche de esa semana. Una de las más duras de su vida.

-Estoy en casa, Alluka. -sonrió al entrar al cuarto del hotel.







Dos Caras de una Moneda (GonKillu)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora