Comencé a jugar con una pelota de tennis que ni siquiera yo sabía de dónde la saqué, esta botaba y chocaba contra la pared constantemente, el ruido era demasiado espantoso e irritable, y sé que bajo mi propio juicio que a lo largo de los minutos, una de las enfermeras o un paciente vendrá a reprocharme que deje de hacer ruido a las doce de la noche sin embargo me daba igual, me aburría bastante, estar sola en una habitación era horrible, lo peor que se le puede hacer a una persona.
George y John se habían ido hace unas horas, ambos ya estaban demasiado cansados, les insistí que se marcharan a dormir a sus habitaciones. Mi compañero y mi propio primo se habían llevado bien al instante.-Claramente mi primo piensa que John es solo un amigo de la Universidad y no mi compañero.-
Aún así yo sabía cómo controlar a esa fiera llena de hormonas revolucionadas. Con agua en la cara todo se soluciona, tampoco lo quería tratar como un perro pero es que no quiero sacar mi lado malo, ya bastante la he sacado últimamente y eso a mi no me gustaba, era muy pacífica, tuve un pasado alocado, no lo voy a negar, llegué a un punto en el que fui a un centro de menores -Nunca llegué a decirlo pero mi tía llegó a tal punto en el que no podía controlarme y decidió hacer hacer eso-Desde ahí el chip de mi cabeza cambió por completo, miré el mundo de otra forma, no solo son risas y fiestas. Estar en ese centro era lo peor que le podía desear a alguien, ese centro era totalmente imposible de manejar.
Un escalofrío recorre mi cuerpo ante tales recuerdos. Sin duda me arrepentía mucho de haber ido ahí, pero no tenía opción, mi comportamiento era demasiado.
Y sobre todo ese centro, tenía todas las palabras escritas de aterrador en la frente.
Me despedí de la pelota por unos momentos, me había cansado de jugar con ella y para eso prefería ponerme a caminar por la habitación .-Me habían prohibido salir, me habían pillado fuera, la bronca fue monumental, tanto de médicos como de enfermeras-.
Fue ahí cuando supliqué por mi vida ante tres demonios. Fue ahí cuando tuve que subirme a la cama a regañadientes para no tener que volverlos a escuchar con una queja.
Realmente era todo cansino, solo quería irme de estas malditas cuatro paredes, poder ir a mi habitación, que era lo que realmente añoraba.
Me removí inquieta viendo por la ventana, la ventana estaba empañada por la lluvia, cuando bajé comenzó a llover demasiado fuerte.
Yo en ese momento solo agradece haber bajado antes de que pillara un catarro o una gripe, encima que tenía que lidiar con costillas rotas no iba a permitir un inconveniente de más.
La puerta se abrió bruscamente y yo rápidamente di un fuerte brinco haciendo que mi corazón se saliera del pecho.
- Te traigo compañía Clapton , espero que no le asustes con tus boberías, está demasiado débil y necesita descansar, ahora a dormir.-
Dijo una enfermera malhumorada saliendo de la habitación dando un pequeño portazo. Suspiré derrotada sin entender nada.
¿Es que no existe una maldita enfermera que sea agradable, risueña y amable? ¿Es mucho pedir? Mira que no soy la única que diría que las enfermas mayores de treinta años ya son unas viejas malhumoradas enfadas con el mundo, nadie tenía la culpa de que tengan cincuenta gatos y no estén casadas.
Miré hacia el chico que yacía en la cama débil, tenía los ojos apunto de cerrarse, pero aún así tenía una sonrisa en sus labios, qué hombre más extraño.
.-¿Y a ti que te pasó?.-Digo sentándome en mi cama, estaba justo al frente del chico que ahora mismo me miraba con cara de pocos amigos . ¿Acaba de entrar y ya le caigo mal?
ESTÁS LEYENDO
Intocable ©
Romance❝-No siempre somos los que creemos ser. -❞ [Derechos de autor restringidos en Safe Creative bajo el código ; 1406211291371] Créditos de portada ; @Austrova💜🌠
