Capitulo no.3

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"Querido Sebastián:

Te extraño tanto mi pequeño angelito de amor, extraño tus manías y tus caras extrañas que pones cuando estas aburrido o cuando algo no te gusta. Echo de menos que vayas a mi cuarto y me digas que una ropa me queda bonita, al igual cuando nos acostábamos en la sala a ver películas de villanos y súper héroes.

Sé que no era fácil vivir escuchando a tus padres peleando o no poder ir a comer con ellos juntos porque no era muy cómodo, sé que no era fácil poder ir a los juegos de soccer que tanto te gustaban sin que él y yo peleáramos, y también sé que no era fácil tener que decidir cuales días te ibas con él y cuales no; pero de algo puedes estar seguro mi pequeño duendecito, los dos te amamos como a nadie hemos amado nunca.

No me has dicho como es todo en el cielo, siempre me preguntabas que como era estar con Dios allá arriba, y también me preguntabas si los muertos podían cuidar a los vivos. Supongo que si se puede, espero que me cuides bien. El cielo tiene que tener una fiesta muy grande, eres muy divertido mi amor, siempre supiste sacarles sonrisas muy lindas a los demás.

Escuché hace unos días tu canción favorita y te juro que la canté bien esta vez, ya no me equivoco donde me equivocaba antes, y la bailé también, tenías que verme, te hubieses reído mucho.

Te prometo que en esta semana me escaparé del trabajo e iré al parque de diversiones al que querías ir, me tomaré fotos con los hombres disfrazados de astronautas y me comeré el algodón de azúcar más grande que vendan solo porque sé que es tu dulce favorito en todo el mundo.

Cuídate mucho campeón y cuídame desde el cielo, te amo.

-Mamá."

Después de redactar la carta y leerla mientras fumaba, bebía y lloraba, la quemó y se fue a dormir. Soñó lo mismo que soñaba desde la muerte de Sebastián, y amaneció igual de triste que como se acostó.

Cuando despertó, decidió no prolongar más la promesa que la había hecho a su hijo, por lo tanto se bañó y cambió con la intensión de ir al parque de diversiones al que su hijo tanto le había insistido por ir.

Se subió a todas las atracciones y más de una vez, vio el atardecer y se limitó a disfrutar de la vista. Al terminar de comerse su hamburguesa con mucho queso y su algodón de azúcar, tal como le encantaban a su hijo, emprendió rumbo a casa.

Al llegar encontró en su departamento a su mejor amiga, a quien le había dado una copia de las llaves de su casa solo por placer; eran como hermanas, siempre había sido así.

- Deberías hacer tus maletas.

- ¿Maletas?, ¿para qué?

- Nicolás, unos amigos de él, tu y yo nos vamos a pasar un fin de semana en una villa, en la casa de los padres de Nicolás.

*Narra Daniella*

La verdad es que la idea no me desagradaba en lo absoluto, necesitaba distraer mi mente, sentirme como una pequeña adolescente en sus mejores años de locura; necesita desviar todo mi dolor en algo que no sea solo llorar.

- ¿Él sabe que me invitaste?

- Claro y le pareció bien la idea.

Empecé a hacer mi maleta con la ayuda y compañía de Clare, mi amiga no era de esas de aceptar por respuesta un no, por lo tanto le evité tanto insistir y simplemente acepté. Cuando la maleta estuvo lista, preparamos una pasta en salsa roja y abrimos una botella de vino; nuestra favorita, vino tinto.

MI RENACERDonde viven las historias. Descúbrelo ahora