Carl no creía en refugios ni en vínculos, hasta que conoció a Ron, un chico rebelde que desordenó su mundo y le enseñó que sentir también puede doler, pero vale la pena.
Rick despertó a Carl con un beso en la mejilla. —¿Ah? ¿Qué pasa? —murmuró, abriendo los ojos.
—Tengo que salir. Michonne, Daryl y yo vamos a buscar más suministros. Regresaremos en la noche.
—Está bien. Ve con cuidado.
—Lo siento, hijo. Sé que no hemos pasado mucho tiempo juntos, pero te prometo que pronto tendremos un día solo tú y yo. ¿Te parece?
—Me parece bien —respondió Carl, medio dormido aún.
Rick le dejó un beso en la frente. —Nos vemos. Cuídate... y compórtate.
—Sí... oye, ¿y Judith?
—Carol la cuidará. Le hace bien estar con niños.
—Ni que lo dudes.
Rick se despidió con una mirada cálida antes de salir. Carl se quedó unos minutos más en la cama, luego se levantó, se duchó y bajó a desayunar. Después de lavarse los dientes, salió rumbo a casa de Ron.
Tocó la puerta y fue Sam, el hermano menor, quien abrió. —Hola, Sam. ¿Está tu hermano?
—Sí... ¿por qué?
—Vengo a buscarlo. ¿Puedes llamarlo, por favor?
—Claro. Espera un segundo.
Pasaron unos minutos hasta que Ron bajó las escaleras. Llevaba una sudadera azul, su gorra negra habitual, jeans oscuros y botas. La mirada seria de siempre, aunque Carl notó que se había peinado un poco.
—¿Qué pasa?
—Ayer dije que nos veríamos. ¿Quieres venir a mi casa?
—Mmm... sí. Voy a pedir permiso. Espérame.
Ron volvió rápido. —Listo. Vamos.
Mientras caminaban, Ron preguntó: —¿Qué se supone que vamos a hacer?
—No sé... ¿se te ocurre algo?
—No. Por eso pregunté.
—¡Ya sé! ¿Y si hacemos galletas de chocolate? Hay una receta. Podemos revisar qué ingredientes faltan e ir por ellos.
Ron frunció el ceño. —¿Ir por ellos... cómo? ¿Asaltar la despensa?
—No exactamente, pero sí. Tendremos que agarrarlos sin que Olivia nos vea.
—Olivia no es fan de que toquen lo que no está autorizado. Te va a soltar su sermón de "la comida es limitada" y esas cosas.
—Bueno... pero no vamos a agarrar tanto, solo lo justo.
Ron se encogió de hombros. —Está bien. Si nos regañan, tú das la cara.
Volvieron a la casa, fueron directo a la cocina y empezaron a revisar los ingredientes. Carl tomó nota de lo que faltaba.
—Listo. Tenemos la lista.
—Perfecto. Hora de la misión: evadir a Olivia.
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