capitulo 3

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POV Carl

Me levanté de la cama y me fui a bañar como siempre; debo aprovechar que tenemos agua caliente todos los días. En este lugar, esos lujos se han vuelto tesoros.

Bajé a desayunar. Mi papá y Michonne estaban tomando café en la mesa, platicando como siempre que coincidían. Era normal verla en casa, aunque no tan frecuente como a Daryl, que prácticamente venía a diario. Qué raro... hoy no estaba.

Me serví un cereal mientras escuchaba la charla de fondo. Cuando terminé, mi padre me habló:

—Carl, quiero que vayas con Deanna a ayudarle a cargar unas cajas de suministros, por favor.

—Claro, papá. Por cierto, ¿dónde está Daryl?

—Dijo que iba a ayudar a los muchachos a explorar unas casas. Lo cual, siendo Daryl... se me hace raro.

—Tal vez quiera empezar a socializar.

—Tal vez —respondió con una leve sonrisa antes de dar por terminada la conversación.

Salí de la casa en busca de Deanna. Por suerte no tardé mucho en encontrarla.

—Buenos días, mi padre me pidió que viniera a ayudarla.

—Perfecto, Carl. Mira qué suerte que justo nos topamos a Ronald. ¡Ron! —gritó cuando lo vio cruzando la calle.

—¿Eh? ¿Yo?

—Sí, tú, ¿quién más? Ayuda a Carl con las cajas, así no se le hace tan pesado.

—C-claro, no hay problema.

—Gracias chicos, los veo después.

—¡Sí! —dijimos al unísono, casi sin querer.

Ron me miró con una mezcla de fastidio y resignación, pero soltó una media sonrisa.

—Bueno Carl, ya que nos tocó juntos, mejor apurémonos.

—Sí —respondí, sintiéndome algo tenso sin saber por qué.

Las cajas pesaban más de lo que parecían. El silencio entre nosotros se hacía incómodo, aunque por alguna razón no quería romperlo. Fuimos dejando las primeras sin problema, hasta que llegamos a la última.

La despensa era algo estrecha, y para acomodar la caja necesitábamos una escalera. Yo subí mientras Ron sostenía la otra caja. Pero en un mal movimiento, Ron tropezó y me empujó sin querer. Caí, pero él logró amortiguar mi caída. Quedamos uno encima del otro, en una posición... extraña.

Nuestros rostros quedaron tan cerca que nuestras respiraciones se mezclaron. No dije nada. Tampoco él. Mi corazón latía fuerte, no de miedo, sino de... algo que no entendía.

—R-Ron... no puedo moverme, mi pierna está atorada.

—C-Carl... yo tampoco —su voz sonó más baja que de costumbre.

—¿Qué hacemos?

—No sé... tal vez deberíamos gritar, pero estamos algo lejos de la casa.

—Sí...

El silencio volvió. El calor entre nosotros parecía crecer con cada segundo. Me sentía raro... no incómodo, solo confundido.

—Ron... ¿ya te cansé?

—¿Qué? No, Carl, estás flaco, ni peso siento —intentó bromear, sonriendo.

—No es gracioso —respondí, aunque sin dureza.

—No lo decía por molestar. Solo intento... no sé, relajar el momento.

Ron entonces estiró el brazo y apartó la escalera a un lado para poder moverse mejor.

Dejame sentirteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora