capitulo 4

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Carl se levantó temprano esa mañana. Siguió su rutina sin mucha prisa: ducha rápida, dientes, desayuno. Mientras servía su cereal, notó una carta sobre la mesa. La reconoció al instante.

"Daryl y yo salimos por más recursos. Judith se queda con Carol. Pórtate bien.
Te quiere,
Rick Grimes."

La casa vacía se sentía más grande de lo habitual. Con un par de ideas rondando en la cabeza, Carl salió al porche y se encaminó hacia la casa de Ron. Tocó la puerta, y fue el mismo Ron quien abrió, con el cabello ligeramente despeinado y una expresión medio dormida.

—Hola —dijo Carl.

—Hola, ¿qué pasa? —preguntó Ron, rascándose un poco la nuca.

—Tengo casa sola. Pensé que podrías venir... podemos jugar o leer algo. Lo que quieras.

—Claro. Nomás le aviso a mi mamá.

Poco después, Ron salió vestido con una camisa café, pantalones azul marino y unas botas ligeramente polvorientas. Caminaban sin decir mucho, pero sin incomodidad.

—¿Quién más va a estar en tu casa? —preguntó Ron, como al pasar.

—Solo tú —respondió Carl con naturalidad—. Así podemos pasar el rato tranquilo, sin tanto ruido.

Ron asintió, sin mirar directamente.

Ya en la casa, subieron al cuarto de Carl. Él sacó un par de cómics, buscó uno en particular y se lo pasó.

—Este me gusta mucho. Podemos leerlo juntos si quieres.

—Seguro. —respondió Ron, acomodándose en la cama, junto a las almohadas.

Ambos se recostaron levemente, lo justo para apoyarse en los cojines. Carl abrió el cómic entre los dos. Los hombros apenas se rozaban. Ninguno dijo nada más, pero el silencio no era incómodo. Pasaban página tras página con calma, compartiendo el espacio y el sonido del viento afuera.

Algo suave en el ambiente parecía envolverlos. No era tensión, pero tampoco solo costumbre.

Era algo nuevo.

Ron no podía dejar de pensar en lo que había sucedido esa tarde

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Ron no podía dejar de pensar en lo que había sucedido esa tarde. Estaba tan cerca de Carl, demasiado cerca, y su corazón no dejaba de latir desbocado. Cada vez que Carl se movía, el roce de sus cuerpos lo hacía sentirse mareado. La manera en que Carl se inclinó hacia él para agarrar la otra extremidad del cómic, tan casual, pero al mismo tiempo tan... cercana. Lo sentía en su pecho, el peso de ese momento, el calor de la cercanía. ¿Por qué tenía que ser tan difícil pensar claramente?

El sonido de su corazón acelerado se hizo tan evidente que pensó que Carl lo notaría. Pero Carl solo seguía con la lectura, tan concentrado, sin sospechar nada. Ron intentó mantener la calma, pero todo parecía estar fuera de control. El aroma suave de Carl le envolvía, el sonido de su respiración cerca de él, y esos labios... Dios, ¿en qué estaba pensando? Era imposible concentrarse.

Dejame sentirteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora