capitulo 7

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—Ron, muévete. Nos toca revisar el huerto hoy —dijo Mike, golpeando la puerta de la pequeña casa donde vivía su amigo. Llevaba un machete colgando en la espalda y una botella de agua que ya estaba caliente por el sol.

—No es justo que nos toque a nosotros —se quejó Ron abriendo la puerta, despeinado, con las botas mal puestas.

—Es eso o revisar el drenaje. ¿Prefieres oler mierda todo el día? Ademas tienes mucho tiempo sin hacer actividades en la comunidad, ultimamente casi no te hemos visto, estas más con Carl, asi que no te quejes.

-Bueno es cierto es solo que nos hemos hecho buenos amigo y ya no hablare de esto tonto.

Mike ya no dijo nada y se pusieron en marcha. Enid ya los esperaba en la esquina, sentada sobre una piedra, girando entre los dedos una ramita seca.

—Hola —dijo ella, como siempre. Breve y neutral.

—Hola —respondió Ron, mientras Mike la saludaba con una sonrisa más sincera. Parecía que entre ellos dos había una complicidad distinta; no romántica, pero más cómoda que con Carl.

Caminaron los tres hacia el huerto, en el extremo este de la comunidad. El calor comenzaba a pegar fuerte, y los cultivos se veían medio marchitos. Se agacharon a revisar la tierra, a sacar hojas secas, a quitar malas hierbas.

Y entonces, alguien se acercó.

—¿Qué hacen aquí tan temprano? —preguntó Carl, con su típica expresión entre serio y curioso.

Ron lo miró con sorpresa. No lo esperaba ahí.
—Nos tocó turno de mantenimiento, ¿tú qué haces acá?

—Pasaba y los vi. Pensé en ayudar.

Mike levantó la cabeza y sonrió.
—Bueno, si te animas, tenemos espacio para más manos.

Carl se agachó junto a ellos, comenzó a desenterrar raíces muertas con calma, como si lo hubiera hecho toda la vida. Enid lo observó de reojo y luego habló.

—No pareces alguien que sepa mucho de plantas.

Carl alzó la mirada, medio sonriente.
—No sé mucho. Pero uno aprende cuando le toca sobrevivir.

—Te puedo enseñar si quieres —dijo Enid, bajando la voz al final, como si le diera pena haber hablado demasiado.

Ron la miró de reojo.
¿Desde cuándo ella le ofrecía enseñar algo a alguien?
¿Y por qué justo a él?

El resto de la jornada fue una mezcla rara.
Mike bromeaba con Carl.
Enid parecía más animada.
Y Ron... Ron se sentía como una pieza de más en su propio grupo.

El sudor le bajaba por la espalda, pero no era solo por el calor. Era esa sensación.
La de ver cómo su mundo cambiaba... mientras él no sabía qué hacer con lo que sentía.

—¿Y eso? —preguntó Mike, señalando el vendaje en el brazo de Carl.

—Casi me rasguña un caminante ayer. Por suerte fue más ruido que otra cosa.

—¿Estabas solo? —preguntó Enid, frunciendo ligeramente el ceño.

—No. Salimos Ron y yo a revisar la zona  —respondió Carl, encogiéndose de hombros mientras limpiaba con cuidado una raíz de zanahoria.

—Deberías tener más cuidado. A veces uno cree que aguanta todo, hasta que no —dijo Enid, sin mirarlo directamente.

Carl la miró un segundo, luego asintió con una leve sonrisa.
—Tienes razón. Supongo que es fácil olvidar que todavía podemos morir en cualquier momento.

Dejame sentirteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora