capitulo 9

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Después de ese largo abrazo, Carl se separó.

—Tu ceja... —le miró el rostro con una ternura casi instintiva.

—¿Qué tiene mi ceja? No es nada, la sangre ya está seca.

—Siéntate, te voy a limpiar y cubrir esa herida. Déjame ir por mi mochila.

No tardó en regresar con sus cosas.

—Listo, no te muevas.

—Lo que tú digas, mamá —respondió el castaño con una sonrisa ladina.

Carl se acercó con un trapo húmedo y empezó a limpiar el rastro seco de sangre. Sacó una curita —que por cierto, siempre llevaba consigo junto a una pequeña caja de primeros auxilios— y se inclinó un poco más hacia Ron para colocarla con precisión. Lo hacía con tanta delicadeza que, por un momento, Ron casi se quedó dormido.

—Hey, no te duermas —dijo en tono burlón—. Ya está.

—Gracias. Eres muy bueno con esas manos, no me dolió nada —lo miró directo a los ojos. Ojos verdes encontrándose con ojos azules, una vez más.

—Me alegra saberlo —le respondió con una sonrisa.

Se quedaron un rato más en esa pequeña oficina, alejados del grupo, solos, con una comodidad en el aire que contrastaba con todo lo que habían vivido. Después de tanta tensión y confusión, ambos sentían que, de alguna forma, estaban regresando a su normalidad... o al menos a una parte de ella.

Estaban sentados en un sillón viejo, polvoriento, que chirriaba si uno se movía demasiado. Al parecer, Daryl aún no había dado indicaciones de salir, por lo que parecía que pasarían la noche ahí.

—Oye, Carl, ¿cómo es que eres tan bueno con las armas?

—Mi padre me enseñó. Antes de que todo esto pasara, era policía.

—Tiene sentido...

—¿Quieres que algún día te enseñe bien?

—Me gustaría, sí —respondió Ron con una media sonrisa. Al mirar más de cerca al castaño, notó una pequeña abrasion en su cuello—. Carl, tienes una herida aquí...

—¿Eh? No me duele, no pasa nada.

—Voy a ponerte una curita, ¿sí?

Ron se levantó para buscar su mochila. Cuando regresó, sostuvo la curita entre los dedos y, antes de acercarse, preguntó en voz baja:

—Será solo un pequeño toque, ¿está bien?

—Adelante.

Se inclinó con cuidado, retirando suavemente el cuello de la camiseta de Carl. Sus dedos rozaron apenas la piel, tibia y sensible. Carl contuvo el aliento sin darse cuenta. Cuando la curita quedó en su lugar, Ron no se alejó de inmediato. Sus rostros estaban cerca, demasiado cerca como para no notarlo.

Carl lo miró. Ron no apartó la vista.

—Gracias... —murmuró el castaño.

Ron sonrió levemente, con un brillo suave en los ojos.

—De nada.

Una última mirada bastó antes de ponerse a armar una cama improvisada. Luego, salieron junto al resto del grupo para cenar, y al terminar, regresaron a aquella pequeña oficina dispuestos a dormir. Carl se acomodó en el viejo sillón, mientras Ron se recostaba en la cama improvisada que habían hecho antes.

Después de un momento de tranquilidad, se escucharon ruidos en la madrugada. Carl, que tenía el sueño muy ligero por tantas noches de sobrevivencia, se despertó de inmediato y movió a Ron para que también lo hiciera.

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⏰ Última actualización: Sep 06, 2025 ⏰

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