Carl no se movió.
La puerta seguía entreabierta, pero él no cruzó el umbral. Ni siquiera se atrevía a parpadear. Su respiración se volvía cada vez más pesada, como si el aire doliera al entrar.
Se llevó una mano al pecho, como si pudiera detener esa punzada extraña. No era miedo. No era enojo. Pero tampoco era algo que supiera cómo manejar.
¿Por qué me besó? ¿Por qué no hice nada?
Bajó la mirada. Sus botas estaban cubiertas de polvo, y le pareció absurdo pensar en eso justo ahora. Pero prefería concentrarse en eso que recordar el calor de unos labios que no esperaba.
No sabía si gritar o entrar. No sabía si correr o quedarse ahí, clavado como un idiota.
Se pasó una mano por el cabello, frustrado. —Mierda...
La puerta seguía abierta. Como si lo invitara. Como si lo provocara.
Carl tragó saliva. Daba un paso y lo dudaba. Daba otro, y su corazón latía más fuerte.
No soy un cobarde. Pero esto... esto no es una simple pelea con un caminante.
Era diferente. Y lo único que pudo hacer fue irse directo a su casa. No tenía palabras para decirle a Ron. Sentía el enojo atorado, como una espina en el pecho. Odiaba no poder defenderse de este tipo de cosas.
Al llegar, encontró la casa vacía otra vez. No se había percatado de que su papá pasaba más tiempo patrullando, y eso le hizo sentir culpa. Tenía tantas cosas en la cabeza que ni siquiera pensaba en nada más.
Estúpido Ron. Últimamente era él quien le robaba su tiempo y pensamientos.
No quería estar solo. No quería enfrentar sus pensamientos. Aún no.
Tal vez debería hacer algo productivo, como ayudar a Olivia. Despues de todo la culpa de no haber ayudado tanto le pego como una brisa de verano.
Ya decidido, tomó el camino de grava y, al doblar, vio a Enid acomodando unas cajas de conservas en la entrada del almacén. Llevaba el cabello recogido con una pañoleta, y los guantes llenos de polvo.
—¿Carl? —preguntó, sorprendida—. ¿Vienes a ayudar?
Él solo asintió. Se sentía torpe, como si su cuerpo no le perteneciera del todo.
—No tengo nada que hacer, así que pensé que era buena idea venir con Olivia a ayudar.
—Pues justo estás a tiempo para mover lo más pesado —dijo Enid, con una media sonrisa.
Trabajaron en silencio un buen rato. Ella organizaba las latas. Él cargaba las cajas.
La incomodidad flotaba entre ambos, como un eco del día anterior.
Hasta que ella rompió el silencio.
—¿Ron te ha hablado?
Carl se tensó. Bajó la caja que llevaba y se quedó mirando sus botas.
—No —respondió—. Tampoco he hecho nada para solucionarlo. Soy un idiota, Enid. No puedo arreglar las cosas con mi propio amigo.
Enid frunció los labios.
—Ron es un idiota cuando se lo propone. No te preocupes, ya verás que se le pasará. Puedo ir a hablar con él. Y no acepto un "no" de tu boca.
Carl suspiró, cansado. Más que del trabajo, de sí mismo.
—Enid... gracias por el apoyo, pero no quiero meterte en problemas.
Ella asintió, comprensiva.
—Carl, no siempre podemos hacer todo solos. Sé que llevamos poco tiempo conociéndonos, y ni se diga hablándonos, culpa mia, pero Ron también es mi amigo. Y tengo derecho a saber por qué ese idiota está lastimando a mi nuevo amigo.
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Dejame sentirte
FanfictionCarl no creía en refugios ni en vínculos, hasta que conoció a Ron, un chico rebelde que desordenó su mundo y le enseñó que sentir también puede doler, pero vale la pena.
