Capítulo 1: Se lía la de Dios es cristo

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Era una noche de repálagos. Se trataba de una noche de destinos tormentosos y actos terribles. Una noche en la que se derramaría sangre, se forjarían pactos la más oscura naturaleza, las trompetas del juicio se harían sonar y el Cádiz bajaría de nuevo a tercera. Unas nubes oscuras de malos augurios descenderían sobre los protagonistas de esta historia, mientras que truenos furibundos anunciaban la llegada del castigo divino y los relámpagos iluminaban visiones de caos. Figuradamente, claro. El clima estaba bien.

El día había sido tremendamente caluroso. El sol de junio no perdona y había azotado implacable la sierra. Cuando Tamara salió al porche las baldosas seguían estando calientes a pesar de que el sol había desaparecido entre las montañas hacía rato.

Agradeció la suave brisa nocturna que le acompañó hasta el gallinero. Allí le esperaban Las cinco gallinas, el gallo y los dos gansos. Parecían juzgarla con esos ojitos negros "Ya era hora", le decían. Para ser un montón de plumas tenían un exceso de altivez impresionante.

Con un suspiro resignado les abrió la puerta. Comprobó que no faltara nadie y cerró con llave. De repente, notó una presencia a su lado, y una mano helada que la agarraba por la cintura.

-¿Has cerrado ya..? ¡No grites! ¿Has cerrado ya el gallinero?

Tamara giró, roja de vergüenza y enfado, para encarar a su novia. La sonrisita de suficiencia le bastó para, efectivamente, darle un buen topetazo en la frente.

-Laura Izaskun Echagüe Goñiz, te he dicho mil veces que no hagas eso.

-Por los de arriba y abajo- Sonaba como si estuviera ahogándose de risa- "Laura Izaskun Goñiz" Dos apellidos más y eres mi madre cuando me iba a tirar la zapatilla.

-De esa te has librado- Maldita fuera la cabrona, ahora también se estaba riendo ella- Ya sabes que yo no soy de llevar zapatos.

-¡Mi salvación!

Agarraditas de la cintura y entre bromas, fueron a soltar a los perros. Por supuesto todos salieron disparados a explorar el terreno en busca de nuevos olores y, con suerte, alguna rata. Todos menos Paco. El perro más gordo y viejo del mundo se limitó a seguir a sus dueñas al interior de la casa resoplando. Ni dos pasos una vez dentro, se dejó caer en la alfombra para un merecido descanso.

-Te juro- Laura se giró desde el frigo para dirigirse a su novia-Que el verano es el único momento del año en el que la sangre fría es tolerable.

Tamara se limitó a un leve "uhumm" mientras cortaba tomate para las tostadas. Todos los años tenían la misma conversación, con esa rutina más propia de una pareja casada que del par de jovencitas que aparentaban ser.

La gente por la calle lo notaba. Esas pequeñas cosas que les hacían exclamar "Chiquilla, tienes alma de vieja", cuando la realidad es que eran viejas. Por suerte no hay más ciego que el que no quiere ver. Si ven a una chica pálida y que siempre va con ropa larga y oscura evitando el sol...lo más probable es que piensen que es una emo. Si Tamara lleva joyas con inscripciones extrañas y siempre huele a romero, en fin, las conclusiones suelen derivar en estereotipos racistas hacia los gitanos. Pero bueno, alguna señora también les había llegado a decir que "Qué buenas amigas sois" después de que se morrearan en su portal.

La conversación había derivado en un extenso monólogo de Laura sobre algo que habían dicho en twitter, y que terminó con un "No sé ni para qué me enfado". Un día más. Bueno, noche.

Después de desayunar, Laura corrió al campo a encargarse de sus cosas, mientras Tamara fregaba sus platos del desayuno. Con Paco siguiéndole, se desplomó en el sofá y suspiró al mirar la hora. Quedaba aún una hora para las doce.

Exorcismo en GrazalemaWhere stories live. Discover now