Soñé con Genaro y desperté con angustia.
En el sueño las cosas no se concretaban y debíamos separarnos. Moví mi cuello contracturado por el mal dormir y me levanté del sofá para ir a la cocina. Café, leche, galletas. Ningún desayuno que hiciera con mis manos se parecería al de "Café Aurelio" pero debía conformarme. El reloj apenas marcaba las once de la mañana y me sentía con la energía suficiente como para salir a correr o inclusive, volver a mi vieja rutina en la academia.
Sonreí de solo pensarlo, quién diría que por este período de receso yo volviera a bailar. Bailar.
La idea quedó resonando en mi cabeza y mientras desayunaba puse música, la clase de melodías que no podían dejarte quieta un segundo ya sea porque necesitaba cantarlas o porque necesitaba bailarlas. Terminé las galletas , le subí el volumen al parlante y traté de recordar una vieja coreografía que solía practicar duramente.
El espacio era chico y moví los muebles para generarme comodidad.
Una vez mi madre me preguntó si quería dedicarme a la danza. Desde luego mi respuesta fue sí, pero ¿qué iba a hacer? No todos en este lugar llegan a ser artístas bien remunerados, de todas formas habría tenido que buscarme un empleo de segunda mano y sufrir la mayor parte del tiempo hasta llegar a los ensayos donde podría descargar mis energías negativas bailando. ¿Y para quién bailar? ¿Una academia reconocida? ¿Un teatro? ¿Qué o quién me aceptaría?
Así que llegaron los estudios secundarios, mi madre con sus propios planes personales en los que yo no estaba incluída, mis gustos por materias del liceo y mi dolor utilizado para salir adelante de mi situación de "desprotegida". Entonces quise ser abogada. Entonces, dejé de ser bailarina.
Al principio fue duro, los sueños de artistas detrozados en el piso y yo sin recogerlos debía seguir adelante.
Cuando quise darme cuenta, había vuelto a recostarme en el sillón rojo, la música estaba fuerte pero yo ya no bailaba. Mis profesores dijeron que yo habría sido una excelente bailarina clásica y entonces pensé en las oportunidades que me estaría perdiendo... O de lo que me estaría salvando.
Sobre la mesa de madera me aguaradaban algunos libros del último exámen que había tenido y sonreí. Eso era lo que me incumbía ahora. ¿Qué importaba el baile? Ya estaba metida en esto. Acomodé mi cabello sobre mis hombros y reí. No estaba decepcionada por haber dejado mi vida artística, tampoco orgullosa. Pero si sentía orgullo de la carrera como abogada que había elegido.
Escuché Ballet mientras limpiaba, practiqué algunas piruetas e inclusive intenté caminar en puntillas como solía hacerlo, aguantando el dolor y la poca costumbre después de dos años. Aunque no había perdido nada de la flexibilidad, necesitaba práctica entonces me di un baño, elegí una calza, un buzo de lana cómodo y simple, una campera más o menos abrigada y caminé hasta mi vieja academia.
Los pisos de madera clara brillaban y mis zapatillas hacían ruido al caminar. Una parte de mí me decía que no debía haber llegado tan sorpresivamente, pero ya estaba allí y no perdía nada con ver una clase. La profesora seguía siendo la mía, una mujer de piel medio oscura y sus ojos grandes. Sonrió al verme. No recuerdo haberle visto sonreír en toda mi carrera.
-Isabella- la saludé desde la puerta de vidrio.
-No puedo creer verte por aquí- la habitación rodeada de espejos tal y como la recordaba. El montón de chicas de unos dos o tres, hasta cinco años menos que yo se movieron e hicieron un semicírculo para verme. -¿Cómo has estado Emma?- me preguntó aún con una sonrisa en el rostro.
-Bien-pensé-, he estado extrañando mi pasado artístico.
-¿Pasado?- me preguntó sorprendida. -Creí que habías cambiado de academia.
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Emma & Genaro
Teen FictionLa vida da los golpes necesarios para enfrentar futuros problemas. Tal vez para Emma y Genaro la vida dio los golpes suficientes y es hora de enfrentar el problema que acabará en desenlace. "Café Aurelio" será el lugar de encuentro entre dos jóven...
