¿Alguien se puede enamorar entre un apocaipsis zombie? Es una pregunta muy ambigua, vela por dónde la quieras ver. ___ Es una chica bastante curiosa, mató para sobrevivir y porque alguien se lo pidió. Pierde esperanzas, pero... ¿Qué tal si se encue...
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—Perdónenme... —susurré.
Agarré la Magnum y miré detalladamente el diseño de ésta, el nombre tallado en la culata de mi padre, y aunque pareciese desgastada, aquél vibrante y llamativo color plateado no se iba, no importaban los años, siempre terminaba en perfectas condiciones.
—No lo sé —suspiré y guardé la pistola en su funda.
Fui a la habitación de mis padres, donde se encontraban los cuerpos de mi familia. Me incliné a ellos y sollocé una última vez y empecé a retirarme cerrando la puerta detrás de mí. Cerré la puerta con seguro y coloqué mi mano y frente en ésta.
—Adiós, madre. Adiós, padre. Adiós, Manuel. —susurré dejando caer una que otra lágrima.
Respiré ondo y puse una mano en el mango de la Magnum y me dirigí a las escaleras para dar al primer piso, ¿habría tomado la decisión correcta? Solo había una forma de averiguarlo.
Llegué a la mitad de las escaleras y vi a la sala cuatro personas sentadas en el sillón comiendo, hidratándose y relajándose. Rochelle y Ellis estaban ahí, junto con otros dos que no identificaba aún. Solo una persona de piel morena y podría decirse que bastante subido de peso y un tío de traje blanco, ¿quién en su sano juicio ocupa traje en un momento así?.
—Hmmm... Está bien, iré. —dije firme llamando la atención de todos—. No sé bien si sí, pero... Tal vez salir de estas cuatro paredes ayude un poco.
—¡Genial! Otro niño al grupo. —dijo con sarcasmo el hombre con traje blanco.
Saqué la Magnum y apunté a aquel hombre, no me había hecho nada de gracia su bromita. Él en su contraataqué sacó una pistola, al parecer una P-220, y la apuntó hacia mí.
—Hey, hey, hey... ____... Baja el arma, no dispares. —dijo Ellis alzando los brazos colocándose frente al hombre de traje.
—Apartate. —dije fulminando con la mirada al trajeado.
—Los dos bajen el arma ¡Ahora! —ordenó otro hombre de piel morena.
Yo no hice caso a lo ordenado, pero el hombre empezaba a bajar el arma poco a poco, yo tenía amenazando al "chico elegante" Estás en la mira, hijo de perra.
—____ baja el arma —pidió serena Rochelle. Miré a la chica seria y empecé a bajar con lentitud mi arma—. ___... Te presento a Coach. —mencionó Rochelle cambiando el tema más tranquila y colocando una mano en mi hombro.
Son como de esas veces en las que ponen su mano en tu hombro como diciendo "Ya, tranquila". El hombre moreno se levantó y me saludó mientras comía un chocolate Mmm... ¿glotón? ¿Dónde?.
—Un gusto. —dijo terminando de tragar su bocado de chocolate.
—Igual...mente. —respondí arqueando una ceja con incomodidad.
—¡Ah! Y él es Nick... Se ve que ambos os llevan muy bien. —apuntó Coah al de traje riéndose del chiste.
—Déjalo ya, Coach. —rodó los ojos "Nick".
—Me alegro en conocerte, Tony Montana. —dije en burla y sarcasmo.
Tanto Rochelle como los demás intentaban no reir ante mi comentario, apretaban sus labios para no soltar la carcajada. Ellis se quitó de enmedio para colocarse a un lado de Coach, tal vez esperando un espectáculo.
—Antes que nada. ¿Cómo nos compruebas que eres inmune? Sin engaños, niña. —soltó Nick imponente acercándose a mí.
—Dos cosas. Número uno —dije levantando un dedo—, mi nombre es ___, no niña. Y número dos —levanté otro dedo—, tengo las pruebas necesarias para mostrar que soy inmune. —alcé una ceja.
—Muestralas. Por que de engaños hay muchos, ni-ña. Y creéme que no dudaré en matarte. —espetó con un tono "intimidante" recalcando el apodo ¿qué? ¿Ahora tenemos diez años?.
Rodé los ojos con un suspiro cansado y empecé a levantar un lado de mi blusa mostrando una mordida en el lado izquierdo de mis costillas. Aún se mantenía fresca, pero ya llevaba una semana y no tenía ni rastros de síntomas.
—Lleva más de un día ahí. Si eso no es prueba suficiente... No sé qué es lo que quieras. —bajé por completo las escaleras dejando caer la blusa y me coloqué frente a él.
Un silencio se hizo presente, Nick y yo solo nos retábamos con las miradas, intentando que uno mate al otro con solo verlo. Si las miradas mataran, no sabría decir quién habría muerto primero. Al final, opté por mostrar una fina sonrisa.
—Veo que estáis desarmados. —arqueé una ceja alejándome de Nick.
—Una palanca, un hacha y tres pistolas... Llegan a ser suficiente. —respondió Ellis.
—Uff, si. –meneé la cabeza.
Caminé en dirección a la cocina y, sin que yo les dijera, los demás me estaban siguiendo. Llegué al alacena y la abrí mostrando una que otra arma, botiquines y municiones, todos se mantenían petrificados en su lugar.
—He conseguido algunas cosillas en alguno de mis paseos. —dije sin ningúna emoción—. Y aunque sé que no es mucho, servirá.
—Wow... —soltó Ellis admirando las armas.
Me acerqué lo suficiente y saqué dos escopetas (Una pump y una chrome) y tres metralletas SMG.
—Tengan. —dije tendiéndoles las armas.
El orden así: Coach y yo nos manteníamos con una escopeta, pump y chrome respectivamente, mientras que los demás se lucían con una SMG. Parecían nenes de cinco años en una juguetería teniendo en sus manos su más preciado juguete. No era el mejor equipamiento, pero al menos ayudaría contra los infectados.
—¿Tenías todo esto y aún así nunca saliste de aquí? —preguntó Ellis detrás mío tomándome por sorpresa.
—Sin comentarios. —contesté fría evitando el tema mientras me encogía de hombros.
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