Aquel que dice que las despedidas hacia un ser querido (aunque fueran lejanos) no te dolería, no te entristecería, esa persona era un mentirosa.
Incluso Carlos, que ha sido más puteado que querido por su padre, estaba roto de dolor.
Se encontraban en su entierro, en el último adiós que todos le dirían al señor Ruiz, al jefe de Cononet.
En la cabeza del muchacho, solo había pensamientos que le agobiaban, como por ejemplo: Qué haría con la empresa. Cómo afrontaría la nueva situación de ser el alto jefe. Cómo haría que su madre no se metiese de por medio en su trabajo.
Todo eso el chico intentaba buscar solución, pensaba una pero le parecía mal. Y todo eso, al pobre le agobiaba, y desde la anterior noche, no había vuelto a hablar con nadie, ni siquiera con su querida Julia. Estaba tan sumiso en esos pensamientos, que el tiempo se le pasó volando, que alguien le sacó de ellos.
Laura: Carlos hijo, vámonos a casa. El entierro ya ha terminado. Parecía que te habías helado.
Al decir las palabras, después de un montón de tiempo, recibió cariño y caricias por parte de su madre, algo que le extrañó, pero que tampoco quiso ponerle ningún tipo de pega. Al fin y al cabo era su madre, y se supone que lo quería.
Pasaron dos semanas desde la muerte del padre del protagonista, y en esas semanas no pasó nada, ya que habían cerrado temporalmente Cononet, y la familia por luto se había quedado en todo este tiempo sin salir, en la mansión que tenían.
Era un lunes a las ocho de la mañana, cuando Carlos se estaba poniendo el traje y la corbata, que indicaba a las personas que era un alto empresario, que era alguien importante.
Se podía decir ya, que era jefe de Cononet, y él por una parte estaba entusiasmado y por otra sin ganas, ya que tendría que estar todas las mañanas laborables donde se quitó la vida su progenitor.
Después de arreglarse, bajo por las amplias y bonitas escaleras de su casa, para salir fuera y coger del garaje su elegante Mercedes negro.
Después de un largo trayecto en el coche, llegó a su destino, y con las llaves que tenía, abrió de nuevo la empresa, y se dirigió a su despacho.
Unos minutos más tarde, su nueva secretaria, aunque ella ya estaba antes con su padre, tocó la puerta del lugar donde estaba el chico.
Clara: ¿Se puede señor?
Carlos: Claro, adelante. Y por favor, no me trates de usted. Me ponen esas palabras unos años de más que yo carezco.
Clara: Haber Carlos, como tienes mucho trabajo por delante, he pensado en contratar a alguien para que te ayude a organizarte en este nuevo mundo. Y sin tu consentimiento, he contratado a un chico que se llama David. Él nació en Cádiz, pero desde que tenía dos años se crió aquí en Madrid, o sea que apenas tiene acento.
Carlos: Pues muchas gracias Clara. Si te soy sincero, lo necesitaba. Una pregunta, ¿está ahora mismo aquí? Es para conocerlo y empezar a trabajar desde el primer día.
Claro: Claro, está fuera. Le voy a decir que pase, un momento.
La chica desapareció por un momento, hasta que de nuevo se vio junto con otro chico alto, moreno y de pelo negro.
Clara: Carlos, este es David. David, este es Carlos, tu nuevo jefe.
David: Encantado señor Ruiz.
Se extendieron las manos, y Clara decidió irse del lugar para dejarlos solos.
Carlos estaba mirando los informes cuando decide hablar mientras todavía les estaba echando un vistazo.
Carlos: Bueno... he visto que eres de Cádiz, pero te has criado en Madrid.
David: Sí, pero hay algunas cosas andaluzas que me salen solas, como mi estilo musical favorito, que como no, es el flamenco. O por ejemplo mi personaje "Palmera de Fantasía".
Cuando el catalán escucho lo último, se empezó a reírse como hace tiempo no se reía. Le dio una corazonada de que serían muy pronto mejores amigos, dos personas inseparables.
Carlos: ¿Palmera de Fantasía? Pues la quiero conocer cuando estemos de fiesta eh...
David: Por cierto, como veo que nos vamos a llevar bien, prefiero que me llames Dave. Solo mi vínculo cercano me llama así, y tú ya lo eres, cerduco.
Carlos: Espera, espera. ¡¿Cerduco?! ¿Desde cuando está gran confianza que me estás llamando cerdo?—Ambos se empezaron a reír ya que sabían que era una broma.
Dave: Lo siento lo siento, señorito Ru... Ru... Right. ¿Right?
Carlos se empezó a reír mucho y le gustó su nuevo apellido.
Carlos: Me gusta más que mi apellido normal, aparte que al principio de estar en el internado de Inglaterra solo sabía decir allright.
Dave: Me ha salido pijo el niño—Y de nuevo los dos se echaron a reír— Bueno, hay que ponerse serios, que tenemos por delante mucho curro.
Y así lo hicieron, hasta después de tres horas, ya que alguien les interrumpió tocando la puerta.
Carlos: Adelante, pase.
Abrió una silueta y apareció la figura de Julia.
Julia: ¿Cómo he escuchado? ¿Pase? Vaya vaya... el señor Carlos Ruiz es educado.
Carlos: No, Ruiz no. Right.
Tanto David como Carlos se empezaron a reír al ver la cara de cuadro que se le había quedado a la gaditana.
Julia: ¿Desde cuando te apellidas Right?
Carlos: Desde que este cerduco me lo ha mencionado.
Julia: Pero Carlos, no le faltes de respeto a la gente, no le llames al pobre chaval cerdo, que no tiene pinta de serlo.
Y de nuevo los dos chicos se rieron, ya les daba pena de que la chica no entendiera nada, y decidieron contárselo todo.
Julia: Ahora si que lo entiendo todo Carlucos — Nada mas decir esas palabras se pegaron un Morfeo harta que Julia recordó donde estaban y se separó avergonzada — Lo siento... se me ha olvidado donde estamos.
Carlos: Pero Jul...
No terminó el joven la frase, porque rápidamente se fue Julia dando un portazo, y dejando al actual jefe con dudas, y con ganas de meterse bajo tierra. Se estaba empezando a preguntar por qué todo lo malo le sucedía a él. Se creaba teorías de que Dios se estaba burlando de él, y con los remordimientos, aunque Dave estaba aún allí, cogió una de las tantas botellas de Whisky que tenía su padre, y se lo echo en uno de los tantos vasos que tenía el sitio, y empezó a beber, agobiado.
Más tarde le pidió a David que se saliera de ese lugar, y se encerró con llave, para emborracharse a más no poder.
Y después de beberse una botella y media de otra de Whisky, paró ya que le dio el coma etílico.
Él se había desmayado borracho perdido, encerrado en ese lugar tan importante para Cononet, pero para Carlos le era importante otra cosa, la chica que lo tenía loco perdido.
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Amores prohibidos
FanfictionCarlos Ruiz, es el hijo de una empresa importante de ropa, y Julia es una nueva trabajadora, para diseñar la ropa, pero ella tiene pareja, y el rico empresario, tendrá que hacer un sacrificio para no quedarse en la bancarrota