Los días habían pasado, y Carlos y Julia se veían en el apartamento de la gaditana todas las noches.
Cada noche el catalán le aclaraba a la chica que le tenía que importar ya una mierda la opinión de los demás, ya que no pasaba riesgo de que la despidiesen, ya que ahora era él el jefe.
Julia le empezó a hacer caso, y sus miedos se estaban perdiendo.
Ya no se besaban a escondidas, no solo unían sus labios en esa terraza a escondidas, ya actuaban como una pareja normal.
Hoy, era sábado, y Carlos había decidido en vez de irse de fiesta con sus amigos, llevar a Julia al jardín de su casa, ya que su vivienda estaba vacía (porque su madre y su hermana habían ido a un viaje), por lo que aprovechó a darle una sorpresa a la morena.
Eran las ocho y media de la tarde, y faltaba media hora para que el chico fuera a por Julia.
Mientras tanto, sus sirvientes estaban poniendo los últimos detalles en la piscina de la mansión, mientras que Carlos se estaba vistiendo para la quedada.
Había decidido ponerse un traje con pajarita, como si tuviese una boda, y estando ya listo, cogió el coche y fue a por la andaluza.
Cuando llegó al apartamento de ella, tuvo que esperarla debajo de su portal unos diez minutos, y a partir de ahí empezó la noche.
Mientras estaban montándose en el coche, entablaron una conversación, y la empezó la gaditana.
— ¿Dónde me llevas Carlos? — Decidió mientras miraba por la ventana poner su mano izquierda en el muslo derecho del chico, y éste Antea de su respuesta sonrió pícaramente. — Es una sorpresa, sólo te puedo decir que te va a gustar —.
Nada más soltar esa frase, Julia soltó un suspiro, ya que odiaba las sorpresas, y sus nervios le empezaban a atacar, y se hacía teorías un tanto paranoicas.
"¿Y si me iba a dejar?" "¿Y si iba a conocer alguien de su familia?", o en el más remoto de los casos se llegó a pensar lo siguiente: "¿Y si nos vamos a casar?" "¿Y si me va a pedir matrimonio?".
La chica estaba totalmente confusa, no sabía donde le estaba llevando Carlos, y tampoco sabía sus intenciones, pero decidió no abrir la boca ya que sabía perfectamente que el chico no le contaría nada.
Llegaron a la casa del joven, y Julia se sorprendió. — ¡Carlos! ¡¿Es aquí donde vives?! Por favor que pasada... es la casa de mis sueños.
El chico soltó como respuesta una simple carcajada, mientras conducía el coche hacia el garaje.
Una vez dentro del garaje se bajaron del coche, y Julia no dejaba de mirar las cosas como si estuviera en un sueño y ese lugar fuera suyo. Era como estar en uno de sus tantos sueños que tenía ella sobre un futuro desconocido.
— Ojalá fuera mi casa. ¡Qué suerte tienes macho! — Mientras decía las últimas palabras, decidió darle un pequeño tortazo en el hombro al catalán, mientras él lo único que podía hacer era reírse. No podía con esa situación, ni tampoco con su reacción.
— Ay, no me pegues. Como sigas así toda la noche, me vas a lesionar y este año he rellenado todos los cupos en el hospital eh —.
— No bromees de eso Carlucos... con la salud no se juega. ¡Niño malo —.
La conversación ya se estaba empezando a ir de situación, ese tipo de conversación era de niños pequeños que apenas llegaban a los cinco años de edad.
Y al fin decidió ir Carlos al grano, decirle porqué la había traído aquí, y hacerle una propuesta, creo que la más compleja que había tenido en su vida.
— Julia, tienes que ponerte una venda y confiar en mi, y en dónde te llevo. Esto también forma parte del plan y de la sorpresa de esta noche —.
La chica asintió y se dejó poner la venda, y una vez que la tenía puesta, empezaron a andar, y ella aún no sabía a donde iban, y tampoco sabía porqué había una mezcla de olores de pizza y de rosas.
Siendo honestos a ella le agradaba esa mezcla de olores, y estaba ansiosa por ver que le había esperado el chico.
— ¿Puedo quitarme ya la venda?— La chica como no veía nada, no podía ver que cuando decía esas palabras, su jefe se estaba arrodillando frente a ella, y cogiendo de uno de sus bolsillos una caja pequeña.
Cuando ya estaba él preparado le avisó que ya podía quitarse la venda.
Y al hacerlo, ella se emocionó y mucho. Se llevó las manos a la boca por la sorpresa que se acababa de llevar, y apenas podía hablar — Carlos... estás realmente loco y chalado. No tenías que hacerme esto. No me lo merezco.
El chico negó sonriente con la cabeza — Julia, no arruines el momento. Disfruta del día a día, y por esa simple razón, ahora mismo voy a pedirte hacer una locura — Vio que la chica estaba haciendo el amago para empezar a hablar, y él llevo su dedo índice izquierdo a la boca de ella rogándole silencio para continuar hablando — Ahora no es el momento de interrumpirme, deja que te lance lo que te tengo preparado. No se como empezar... esto ha ido muy deprisa y de manera muy precipitada...
Ni siquiera somos oficialmente pareja, pero con lo que te voy a proponer, adelantaríamos dos pasos de una vez. Quizá salga bien o quizá no, pero no puedes ganar si no te quieres arriesgar, y es lo que quiero hacer yo. Probar de todas maneras, y arriesgarme, aunque luego me salga mal. Por eso, hoy te he traído a mi casa, he llenado con ayuda del servicio todo mi jardín con pétalos de rosas, incluido en el agua de la piscina. Creo que la ocasión merece, y la persona a la que estoy delante más aún. Me has ayudado mucho, y has sido un increíble apoyo mío desde que era un moco, así que te voy a proponer con este anillo — abrió la caja — que te cases conmigo. ¿Quieres, Julia Medina?—.
La chica con lágrimas en los ojos asintió, y Carlos se puso de nuevo en pie, y le besó, y aposta para hacerle de rabiar, le empujó junto con él a la piscina, y efectivamente cayeron, y empezaron a reír como dos idiotas enamorados... bueno como dos idiotas enamorados no, ya que lo eran.
— Carlos, ¡nos has mojado! ¿Eres tonto?— le tocaba ella el pelo totalmente embobada —
Deja de insultarme locuela, y bésame— y así cumplió ella. Continuaron besándose, hasta que Carlos decidió salir del agua, y la chica lo siguió.
Se continuaron besándose, y el chico poco a poco la llevaba adentro de la casa, y llevándole a su cuarto. A la hora de subir escaleras, ella estaba totalmente subido al chico, especialmente sus piernas estaban enganchadas en modo de koala a su cintura.
Llegando ya a la habitación, no resistió Carlos, y la estampó en la cama, y cayendo él encima suya, y empezó a hacer un recorrido de besos, que iban de dirección de la boca de Julia, a sus hombros. Empezó el catalán a quitarle la ropa a ella, empezando por su blusa y seguido por su sujetador, para poder besar sus pechos perfectamente detallados.
Carlos tenía claro que cada vez le volvía más loco esa chica, y que no podía estar con otra mujer.
Así continuaron hasta el punto de quedarse ambos totalmente en cueros, y con una suave embestida de Carlos, se unieron en dos.
Al principio él estaba encima de ella, pero eso a la gaditana no le gustaba, ya que también quería demostrar decisión, y como pudo le obligó a Carlos a ponerse debajo suya, y ahora ella tendría la iniciativa de todo.
Así pasaron una hora y cuarto, unidos, entre jadeos, orgarmos, y sudor. Mucho sudor.
Sinceramente terminaron exhaustos, y conocieron una nueva y fantástica faceta suyas.
Estaban tumbados y con las respiraciones agitadas, hasta que el chico decidió hablar.
— Creo que deberíamos bajar al jardín de nuevo a cenar algo. Nos lo merecemos—.
Ella asiente mientras sonríe como una boba, y observándole todas las facciones y los poros de su perfecto rostro.
Por la mente de la andaluza pasó una breve idea : "Sin duda él es el chico perfecto, o por lo menos para mí".
Lo siento por estar tan desaparecida, pero estoy bombardeada por los exámenes, y esta semana tenía uno de recuperación súper importante. ¿Qué os ha parecido? Soy lo más fiel posible a la historia real de Velvet.
Por ciertooo, esta noche de nuevo MHETD. ¿Ganas?
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Amores prohibidos
FanfictionCarlos Ruiz, es el hijo de una empresa importante de ropa, y Julia es una nueva trabajadora, para diseñar la ropa, pero ella tiene pareja, y el rico empresario, tendrá que hacer un sacrificio para no quedarse en la bancarrota
