Capítulo 3.

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Katie.

- No destruyo los sueños de nadie. No todos pueden obtener lo que quieren, así nadie se esforzaría lo suficiente y nadie lo merecería –Le dije, intentando ocultar mi enojo por su anterior comentario.

- Interesante filosofía, pero me temo que no estoy de acuerdo –Respondió, viéndome fijamente con una mirada retadora.

- ¿Quieres debatir al respecto? Te advierto que tengo muy buenos argumentos –.

Soltó una risa seguida de otra y un par más. Su risa era muy grave, en contraste con su apariencia, que era bastante dulce a pesar de su mirada fría e inexpresiva.

- Señorita, está hablando con una persona que dedica su vida a escuchar argumentos. Soy difícil de convencer –.

- ¿A qué te dedicas? –Ciertamente había despertado mi curiosidad. Que buena estrategia.

- A algo que no me encanta. Eso lo vuelve bastante deplorable –Dijo sin verme y pude notar la decepción en su voz.

- ¿Acaso eres sicario? –Le pregunté para quitarle tensión al asunto.

- No hace falta asesinar personas para tener inconformidades con tu trabajo. Digamos que yo me encuentro del lado contrario –.

- ¿Entonces eres policía? –Insistí.

- Haces muchas preguntas, ¿no te han dicho que es de mala educación hacer ese tipo de preguntas a un desconocido? –Dijo con una sonrisa burlona en su rostro.

- Bueno, creo que en este tipo de escenario esa regla ya no tiene cabida. O nos conocemos o morimos de aburrimiento aquí metidos –Le dije, ya algo cansada de la forma en que evadía mis preguntas.

- Entonces conozcámonos bien, Katie –Dijo juntando su caja de la mía. Era la primera vez que salía mi nombre de su boca. No supe cómo reaccionar.

Edward.

Mierda, mierda, mierda ¿qué estoy haciendo? Va a pensar que estoy coqueteando con ella, no sería mala idea. No, definitivamente no ¿Qué pensaría Lily de esto? Nada bueno ¡Compórtate, Edward!

- Claro, claro... -Respondió titubeando. La había incomodado.

- Iniciemos con lo básico, ¿Cuál es tu historia, de dónde vienes, hacia dónde vas? –Le pregunté mirándola fijamente a los ojos, pues descubrí que por alguna razón eso la ponía nerviosa y no nervios comunes que genero en las personas a las que me dirijo en mi trabajo, era algo distinto que no lograba descifrar.

- ¿Mi historia? Bueno, estudié literatura, siempre he vivido en Nueva York y no me pienso ir a ningún lado, por ahora –Dijo todo de sopetón, como si fuera un discurso memorizado.

- Vamos Katie, sé que puedes hacer algo mejor que eso, sorpréndeme. Hazme cambiar de opinión –.

- ¿Hacerte cambiar de opinión? ¿en qué? –Me preguntó, frunciendo el ceño.

- En que eres una pringada aburrida, conforme con su vida normal, que se dedica a destruir los sueños de las personas –Dije sonriendo para no sonar tan brusco, a fin de cuentas, lo había dicho con la única intención de impulsarla a que me contara más de ella. Algo verdadero. Estaba seguro que era más de lo que me mostraba.

- No sabes absolutamente nada de mí, ni todo lo que tuve que pasar para que mi "vida normal", como tú le dices, sea lo maravillosa que es hoy. Además ¿pringada aburrida? Lo dice el hombre de traje y corbata sentado a mi lado, pfff, no tiene nada de sentido –Me respondió casi gritando y con un enojo en su mirada que instantes atrás solo reflejaban monotonía.

- ¡Eso es! muéstrame quien eres, Katie –Le animé.

- Supongo que entenderás si no me siento cómoda contándole mi vida a un desconocido –.

- ¿Hasta cuando esa palabra? Podemos dejar de serlo si colaboras –Le dije intentando convencerla.

- Tienes razón, pero eso no quita que nos estemos conociendo hoy –Me respondió no muy convencida.

- Es muy probable que no nos veamos más después de hoy y según mi experiencia personal, a veces es bueno sacar las mierdas internas, esas que no nos permiten ser libres del todo –Pude notar como poco a poco su mirada se suavizaba, lo estaba logrando - ¿Ahora qué piensas? –Rematé.

- Me lo pensaré, ¿qué tal si empiezas tú? Digo, para entrar en confianza –Dijo soltando una risilla. Excelente jugada, pequeña pringada.

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