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Termine de beber la quinta copa de vino blanco y la botella estaba casi vacía, pero aún no estaba ebria, me había pasado la noche revisando los objetos de la caja misteriosa.

Ted aún no había llegado porque tuvo unos problemas, me avisó que llegaría en unos días, aprovecharía para obtener más información al respecto del caso.

Tenía el revelado de las fotos del carrete, eran unas treinta, variadas y al parecer sacadas en distintas fechas.

Una llamo mi atención, estaba la víctima junto a él abrazados frente a una fogata en la playa, no podría descifrar qué lugar era, ella lo miraba de manera tierna y podía notar que lo amaba profundamente, el estaba más interesado en mirar al horizonte.

El resto de las imágenes eran del equipo de Lacrosse en un campamento, bebiendo, fumando, drogandose, me sorprendió no ver en ninguna a mi recluso realizando aquellas acciones.

Pero el que no salga en las fotos no quita el echo de que no lo haya echo.

En fin, mi cabeza no paraba de pensar que encontraría en todo esto, solo eran puros adolescentes, no me indicaba mucho.

[...]

Mis ojo se abrieron lentamente intentando amenizar la luz proveniente del exterior, mi cabeza dolía y mucho, los estragos de la noche anterior comenzaban a hacerme efecto.

Mire la hora en mi reloj de mano, pero era demasiado tarde para ir a trabajar, tendría que cambiar de turno por hoy con alguna compañera y así compensar las horas de trabajo faltantes.

Pase directamente a la ducha, el agua caía sobre mí ligeramente, hice la rutina de siempre, termine vistiendo chandal sentada en mi enorme futon blanco.

Shelly me envió un mensaje de texto confirmándome el cambio de turno, no me gustaba trabajar de noche pero aprovecharía el tiempo para hurgar en los papeles de la biblioteca del centro.

Pase la tarde mirando la caja nuevamente, volví a sacar cada cosa examinado detenidamente, era una especie de remake de Alicia en el país de las maravillas por así decirlo, los objetos tenían pequeña inscripciones en ellas, no lo note la primera vez que lo había visto.

Esto se ponía cada vez más raro.

[...]

Mi turno había comenzado hacia unas horas y ya estaba sufriendo la falta de sueño, pero aún así tenía las esperanzas de encontrar algo en la vuela biblioteca, tenía que haber algo ahí que me ayudara.

-¿Acaso usted no duerme?

Conocía esa voz perfectamente.

-Acaso es una broma, ¿que hace fuera de su celda?, llamaré a seguridad.

-Hágalo, no le harán caso.

Efectivamente, al tomar el aparato que me comunicaba directamente con el comando nadie respondió.

No es que el recluso estuviera haciendo algo malo, pero su presencia no me generaba confianza.

-¿No tienes miedo?

Pregunto, sabía que era en vano llamar por ayuda, nadie vendría.

-¿De que?

-Tu trabajo, convivir con "locos"

-Lo normal me asusta, en cambio la locura me hace sentir cuerda

Manicomio; shawn mendesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora