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La semana completa había pasado y en el colegio se podía sentir una tensión entre todos los alumnos, muchos no mostraban su desesperación y otros simplemente no lograban ocultarla. En el aula de tercer grado en donde se encontraba Zoé se podía ver a los alumnos muy nerviosos, al parecer muchos de ellos ya conocían lo de la mas prestigiosa escuela en New York, al llegar a su aula se sentó en su mesa y estaba esperando a que su plan haya resultado, temía por la idea de que alguien haya podido haberla visto. Un profesor entra de sorpresa y da unos cuantos aplausos llamando la atención, todos se sientan y guardan silencio. Estaban a punto de saber los resultados mas esperados de toda su educación secundaria, la tensión era emocionante, algunos mordían desesperadamente los bolígrafos, otros no sabían que hacer con sus manos y los demás estaban fingiendo sus terribles ansias de temblar.

—¡Buenos días alumnos!, como ustedes ya saben en su primera clase se les dará a conocer sus resultados del examen y, para quienes no saben de que se trata les explicó un poco este tema...—. Él profesor continuó hablando.

Zoé se aturdió por unos momentos, estaba perdida en el ruido de sus confusos pensamientos, veía a sus alrededores con tranquilidad como si no sintiera el mismo terror, veía cuidadosamente como todos mostraban su tensión observando fijamente al frente, como si el tiempo pasará muy rápido o demasiado lento, el tiempo dentro de ella era inexplicable; bajo su mirada y observo sus manos por un momento y comenzó a sentir algo, aún aturdida sabía que sentía algo diferente, sus manos tenían un cosquilleo, en ese momento se dio cuenta de que sus nervios eran muy diferentes a otras personas. Finalmente, despertó.

—Bien alumnos, antes de comenzar con los resultados necesitamos que varios de ustedes se presenten en la sala de profesores donde recibirán información útil especialmente para ustedes—. El hombre tomo del escritorio una lista con varios algunos nombres marcados, y entre esos cuatro nombres Zoé fue mencionada.

Ella alzo la vista y le tomo un minuto tomar conciencia, tomo aire y se encamino hacia la sala de profesores. Caminaba lento tratando de tranquilizarse, temía la idea de que alguien haya notado su pequeña travesura, solo fingía seguridad en su lento caminar por los pasillos. Se encamino a la dirección y al llegar habían varios alumnos en la oficina.

—Buenos días alumnos, ustedes saben que soy parte del consejo de la Institución mas prestigiosa en New York y con el mas grande orgullo me gustaría darles la buena noticia que ustedes son los veintidós alumnos que ingresaran a nuestra escuela.

Los alumnos mostraron mucha emoción entre ellos, aunque no se conocieran se abrazaron entre ellos y se aplaudieron con mucho orgullo, Zoé aun seguía perdida pero ahora era por la sorpresa, el plan funcionó.

—Muchas felicidades a todos ustedes, pero antes necesito darles específicamente algunas de nuestras necesarios requerimientos para que estén cómodos en nuestra institución.

Tomo varias hojas en tamaño oficio y se las entrego a todos los alumnos.

—Necesito que se presenten conmigo la próxima semana con todos estos documentos—. El hombre continuaba hablando— estos documentos son lo necesario para que estén registrados, la próxima semana estaremos con ustedes para varias pruebas de conocimiento, la escuela se encargara de lo demás, viene todo lo necesario en los oficios y por si tienen alguna duda cuentan con una línea telefónica. Pueden retirarse. Felicidades.

Hicieron lo que ordenó, salieron corriendo del aula y Zoé al salir solo sonrió, sonrió con malicia, uno de sus planes nuevamente había funcionado. Pasaba por los pasillos tarareando y riendo antes de llegar a su aula. Solo quedaba darles la noticia a su familia.

No Estoy EnfermoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora