El agua está fría, chapoteo tanto como puedo e intento salir a flote, al mismo tiempo cierro mis ojos para que las gotas no molesten. Cuando finalmente me estabilizo, puedo ver. Me impacta saber que no estoy en una piscina, estoy en un lago y alguien grita mi nombre con desesperación.
Mi cuerpo automáticamente se mueve hacia el sonido, nadando con rapidez, y es ahí, cuando me percato que ésto no está pasando realmente.
La silueta de un hombre aparece cada vez más cerca y clara, a pesar del agua que salpico con mis movimientos. Al llegar a la orilla me sostengo de un manojo de hiervas, pero rápidamente soy empujada, perdiendo toda mi estabilidad, mi respiración se agita aún más, a la vez que siento como el agua entra sin permiso a mi garganta.
El lago es hondo y mi cuerpo es pequeño, el pensamiento de ahogarme me asusta, pero a medias logro tener la cabeza fuera para respirar. El temor a lo peor me azota.
—Nunca dependas de nada ni de nadie, ni de un manojo de hiervas, Vanessa. Cuando estés en el frío océano en medio de la nada ¿Qué será de tu vida? —el cabello castaño de mi padre se vuelve visible gracias a un rayo de luz que entra por encima de la niebla, el rayo pone al descubierto sus ojos azules, más fríos que el lago.
Siento cuando me toma de los cabellos y me alza para mirarlo.
—Te falta mucho para ser una Adams. —aprieta más el agarre en mis cabellos y con fuerza me mete al agua.
Cuando mi desesperación aparece y me degolla el miedo, no puedo permitir ahogarme y escupo toda el agua que he tragado, no paro de toser hasta no sentir una gota en mis pulmones.
Al terminar mi garganta arde y respirar pesa.
Al intentar moverme descubro que no puedo hacerlo, así regreso a la realidad. Mis ojos azules se posan en unos esmeralda que miran mi cuerpo empapado y me tenso. Si no fuera por uno de sus brazos que sostenían mi cabeza estuviera completamente en el suelo.
No esperaba que sus ojos y su...formado torso desnudo fuera lo primero que viese.
¿Que había pasado? Ah claro, me han tirado al agua unos estúpidos jugadores de fútbol americano por supuestas «ordenes» de una tal Mikeyla.
Mikeyla... ¡Mikeyla Blake! Ahora todo tiene sentido, la he provocado.
Oh, ella no sabe con quien se ha metido.
— ¿Puedes levantarte? —La voz de Christopher Hilton me saca de mis pensamientos.
¿Acaso el me ha sacado del agua? ¿Pero, porqué lo haría? ¿Me ha seguido?
Asiento por fin, evitando el contacto visual. Agradezco poder moverme, me levanto con cautela y me reviso; mis tenis están empapados, mí bufanda pesa, mi cabello aún gotea, estoy hecha un desastre y no se dónde diablos están mis cosas.
Eso me recuerda... ¡Mi teléfono! Lo busco en el bolsillo de mis pantalones pegados a mis piernas y allí está, completamente humedo, agradezco internamente que es aprueba de agua, solo necesito algo para secarlo...una gran toalla es puesta sobre mis hombros, me sobresalto y volteo. Allí está ese tipo, mirándome con lo que parece ser preocupación, me sonríe y antes de responderle a regañadientes, se tira al agua, provocando que algunas gotas me mojen más de lo que estoy.
¿Pero qué le da a éste tipo?
Miro con sorpresa el agua y luego de unos segundos, sale con una gran mochila; es la que me pusieron antes de tirarme al agua.
Se sienta en el borde y la abre; tal como lo pensaba, rebosa de piedras, pero entre ellas hay algo que reluce, Christopher me lo tiende y como no pienso agarrarlo, el decide leerlo.
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Destino Codificado
Science FictionParecía que Christopher estuviese pensando en otra cosa, mientras permanecía inmóvil con los ojos firmes en aquel frasco... ─Eso es imposible...─dice con dolor. ─ ¿Que es imposible? No me responde, el solo mira el frasco, y por un moment...
