-Sigue igual. Creo que no deberíamos decirle nada.
-Tiene derecho a saberlo. Además, acabará enterándose.
Eso es lo primero que consigo oír. No sé donde estoy. Creo que son las voces de mis padres, pero no sé de que están hablando.
Intento abrir los ojos pero no puedo. Es como si alguien me hubiera pegado los párpados con pegamento.
-Lo sé, pero no creo que sea buena idea.- De nuevo oigo a mi madre hablar.
-Cariño...- mi padre siempre intenta calmar así a mi madre. Por eso sé, aunque no pueda verlo, que ahora mismo está acariciando su mejilla mientras lo dice. Y sé también que ella está cerrando sus ojos y colocando su mano encima de la de él.
Se lo he visto hacer desde que era pequeña. Esa caricia no va a cambiar nada, no va a conseguir que los problemas desaparezcan por arte de magia. Pero aún así consigue tranquilizarla. Puede que no solucione nada, pero le recuerda que no está sola, que pase lo que pase él está ahí, con ella, siempre.
He querido tener lo que ellos tienen desde que tengo uso de razón. He envidiado y admirado a partes iguales su manera de quererse desde que soy consciente de ella. Nunca creí que podría encontrarlo hasta que él apareció en mi vida para ponerla patas arriba. Él... Marcos... Mierda... La carretera, la moto, ir abrazada a él, una luz, y luego silencio absoluto...
Tengo que hablar con él. Necesito saber que está bien. Intento llamarlo pero no soy capaz de pronunciar su nombre, no tengo fuerzas suficientes para hablar. Sigo intentando abrir los ojos, aunque sea solo un poco.
-No sé que vamos a hacer.- mi madre sigue hablando.
Es como si nadie se diese cuenta de que yo estoy aquí intentando hablar. Quiero gritar, quiero hacerlo con todas mis fuerzas pero no puedo, así que dejo de intentarlo. Es como si algo me lo impidiese.
Poco a poco voy consiguiendo abrir los ojos. Al principio, aunque no los abro mucho, tengo que cerrarlos rápidamente porque una luz me ciega.
Una luz que se va acercando lentamente y me ciega... Tengo que quitarme esa imagen de la cabeza. Necesito borrar ese momento.
Vuelvo abrirlos despacio. Esta vez mis ojos están más acostumbrados a la luz y puedo comenzar a ver algo. Al principio no veo nada, solo una imagen borrosa. Parpadeo unas cuantas veces y parece que así puedo enfocar la vista.
Lo primero en lo que me fijo es el lugar en el que estoy. Es una habitación pequeña. Las paredes son blancas y no hay nada colgado en ellas, nada que las adorne. Es una habitación triste, sin color, sin alegría. A mi lado derecho hay una pequeña mesilla con un jarrón con flores. Es un ramo muy bonito, con flores distintas de muchos colores diferentes. Eso es algo que siempre me ha gustado. Los colores representan la vida, la alegría, la diversidad...
Sigo observando. A mi izquierda hay una especie de monitor. En él aparecen unos números y una línea verde que sube y baja de manera periódica a la vez que emite un pitido, y otro, y otro... Resulta un poco molesto, la verdad. Enfrente, a los pies de la cama en la que debo de estar tumbada, están mis padres abrazados. Mi madre llora apoyando su cabeza en el hombro de mi padre. Pero, ¿por qué está llorando?
Intento llamarlos, pero no soy capaz de captar su atención. Intento pronunciar el nombre de mi madre, pero solo consigo emitir una especie de gruñido.
-¡Diana!- ahora es la voz de mi hermana la que suena en la habitación- ¡Mamá, Diana está despierta!
De repente, mi madre se gira bruscamente hacia mí. Se seca las lágrimas y se acerca hasta mi lado. Mi padre hace lo mismo pero al otro lado de la cama.
-Dios mío, cariño, estás despierta. Estás bien, estás bien. Te vas a poner bien, ya lo verás.- intenta sonreír mientras acaricia mi mano, pero termina llorando.- Mi niña...
-Erika, ve a llamar a una enfermera.- dice mi padre mirando a mi hermana.
Ella sale corriendo de la habitación. Cuando vuelve, dos mujeres más vienen con ella y empiezan a examinarme. Comprueban mis ojos con una luz, me hacen responder algunas preguntas... Dicen que es para asegurarse de que estoy bien.
Mis padres y mi hermana no se mueven de la habitación ni un momento. Lo observan todo atentamente y, aunque no sé por qué, me resulta divertido.
-Bueno preciosa, esto ya está. Por hoy ya hemos acabado.- me dice una de las enfermeras- Mañana vendrá la doctora Ramírez a explicártelo todo y te haremos algunas pruebas más, solo para asegurarnos de que estás bien.
Es una mujer joven, de la edad de mi madre más o menos. Es bajita y pequeña, lo que hace que se mueva rápida y ágilmente. Lleva su melena pelirroja recogida en un moño despeinado, y algunos mechones caen a los lados de su cara. Tiene una sonrisa bonita y sincera, de esas de las que te hacen sonreír incluso cuando quieres mandarlo todo a la mierda.
-De momento está todo bien. Descansa preciosa, mañana nos vemos.- me sonríe mientras sale de la habitación.
La otra enfermera se despide y sale también de la habitación.
Cuando nos quedamos solos miro a mi madre. Quiero decirle que todo está bien, que yo estoy bien.
-Mamá...
-¿Tu estás tonta o qué te pasa?- que agradable es mi madre-¿Cómo se te ocurre escaparte en mitad de la noche? ¿Y montar en una moto? ¿Y acabar en un hospital?
Como si lo hubiera hecho a propósito... Bueno, las dos primeras cosas sí, pero lo de acabar en el hospital no es que haya sido idea mía.
-Mamá, lo siento mucho, de verdad. Si quieres castigarme después hazlo, pero ahora tengo que hablar con Marcos.
Lo noto en cuanto lo digo. Sus caras cambian completamente y se ponen serios. Tienen esa cara que suele poner la gente antes de dar una mala noticia.
-¿Qué pasa? ¿Dónde está Marcos?- se miran pero ninguno responde.-¿Está...está bien, verdad?
-Sí, bueno, está vivo que es lo importante. El accidente fue muy grave, Diana. Podríais haber muerto.
-Al parecer, la chica que conducía el coche con el que chocasteis se quedó dormida.-explica mi padre.- Por suerte los tres habéis sobrevivido.
-¿Entonces Marcos está bien? Tengo que hablar con él. ¿Dónde está?
De nuevo esas caras. No lo entiendo, si está vivo ¿cuál es el problema?
-¿Qué pasa? ¿Es que ninguno piensa responderme?
-¿Cómo prefieres que te quiten las tiritas?
-¿Qué?- eso es lo único que se me ocurre responderle a mi hermana. No ha hablado en toda la conversación y se digna a honrarnos con sus palabras justo ahora.
- Ya sabes...rápido o despacio.- sí, ella es la mayor- Rápido es más directo, pero es un tirón y ya. Despacio es decir lo mismo pero más bonito, aunque sigue siendo la misma mie...
-¡Erika, calla un rato! Esto es serio.- Gracias, papá.
-Me lo tomaré como que lo prefieres rápido.- Y ella sigue con lo suyo. Por lo menos así me enteraré, porque parece que es la única dispuesta a contármelo.
-Erika, ni se te ocurra.- mi madre no la conoce si cree que eso va hacer que se calle.- No seas bruta.
-Por favor, hermanita...
-Marcos ésta en coma y no saben si despertará.
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No (me) olvides
أدب المراهقينTodo en la vida tiene un principio y un final. El problema es aceptar que lo que más quieres ha acabado. Diana es una chica de 18 años dispuesta a cambiar el mundo. Marcos aparecerá para cambiar el suyo. ¿Pero hasta cuándo? ... -Te quiero. ¿Lo sabes...