He oído a gente decir que hay cosas que te cambian la vida. Momentos capaces de hacer que te lo replantees todo. Personas por las que merece la pena vivir, e incluso dar la vida.
Aquí. Ahora. En este lugar y en este momento, entiendo que quizás tengan razón. Nunca he creído en eso. Nunca me ha gustado la idea de tener que cambiar por alguien. Siempre me han parecido patéticas esas chicas que dejan de ser como realmente son solo para impresionar a un chico.
Pero no me importaría cambiar por él. Él me hace ser mejor. Él me hace querer ser mejor.
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Siento paz. A cualquiera que se lo diga se reiría y me diría que eso es imposible. Que no puedes sentir paz yendo a 300 kilómetros por hora en una moto. Pero aquí, en mitad de la nada y de la oscuridad, con solo la luz de la luna y las estrellas iluminando la carretera, es lo que siento. Aquí, abrazada a su espalda y con el aire chocando contra mi rostro, soy feliz. Aquí, con la piel de gallina por todo lo que estoy sintiendo, sonrío.
Si alguien llega a decirme hace cinco meses que ahora estaría así, no lo habría creído. Si alguien me hubiera dicho que acabaría enamorándome me habría reído.
Hoy por fin soy feliz. Más de lo que nunca habría imaginado. Él me hizo quererlo y, lo más importante, quererme. Él cambió mi mundo.
El aire revuelve mi pelo. Cierro los ojos para sentirlo mejor. Ni siquiera sé qué quiero sentir mejor; quizá nada, o quizá todo. Todo se siente más con los ojos cerrados, todo se disfruta más así. Por eso besamos con los ojos cerrados, por eso soñamos mientras dormimos...
Abro los ojos solo un momento. Quiero ver lo que él está viendo. Muevo mis manos para abrazarlo mejor y no caerme. No puedo verlo, pero sé que está sonriendo, y yo también sonrío. Todo está oscuro. Solo veo una pequeña luz a lo lejos, una pequeña luz que se va haciendo cada vez más grande, que se va acercando lentemente, aunque puede que no tan despacio como parece. Ahora está más cerca, cada vez más...
Cierro los ojos cuando la luz me ciega. Y, de repente, oscuridad total.
-Marcos...- quiero gritar pero mi voz suena como un susurro débil, muy débil.
Intento abrir los ojos pero no puedo, mis párpados pesan demasiado. Solo quiero dormir un rato.
-Marcos, ¿dónde estás?
Me duele el abdomen, me duele mucho. Ni siquera tengo fuerza para llevar la mano hasta él. No sé cuanto tiempo ha pasado cuando consigo abrir los ojos. Veo borroso, no soy capaz de enfocar la vista. Hay una figura tirada en el suelo a unos metros de mí. No se mueve, no me responde.
-Por favor, que alguien nos ayude...
Es solo una súplica lanzada al aire. Un susurro que se lleva el viento. Y así, con su nombre en la boca, me quedo dormida.
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No (me) olvides
Teen FictionTodo en la vida tiene un principio y un final. El problema es aceptar que lo que más quieres ha acabado. Diana es una chica de 18 años dispuesta a cambiar el mundo. Marcos aparecerá para cambiar el suyo. ¿Pero hasta cuándo? ... -Te quiero. ¿Lo sabes...