3. No pierdas la esperanza

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-No, no, no...joder. Compruébelo otra vez. ¡Hágalo!

-Diana, por favor, tranquilízate.-me dice Bea poniendo su mano en mi hombro.

-¡No me digas que me tranquilice!-me aparto de ella bruscamente.- Él ha movido la mano, me ha apretado la mano, lo sé.

-Y yo no digo que eso no sea cierto.-interviene la doctora Martínez.- Pero eso no significa nada. Lo siento mucho, de verdad, pero no ha despertado.

Cuando sentí como movió la mano llamé a las enfermeras. La primera en venir fue Bea, y después una enfermera más y la doctoria Martínez llegaron rápidamente. La doctora examinó sus ojos con una luz y dijo que seguía igual.

-¡Pero se ha movido! Eso tiene que significar algo ¿no?

-No necesariamente. Seguramente haya sido solo un movimiento reflejo.

-¿Un movimiento reflejo?

-Sí. Mira, para que lo entiendas, cuando llegasteis aquí tras el accidente ambos presentabais diversos traumatismos y heridas por todo el cuerpo. En tu caso, a parte de las heridas superficiales que tenías, la lesión más grave que sufriste fue un trauma torácico. Llegaste al hospital con varias costillas rotas, pero tuviste mucha suerte, Diana. Por suerte no sufriste ninguna lesión interna, ni ningún órgano fue dañado.

Yo ya sabía todo esto. Ella misma me lo había contado tras recuperarme del accidente.

-Lo sé, todo esto ya lo sé. Ahora quiero entender lo que le pasa a Marcos.

-Ya te lo he explicado muchas veces, el caso de Marcos es más complicado.-suspira- Marcos llegó con un fuerte trauma en la cabeza, además de muchas otras heridas. Él conducía la moto, por lo que fue quién recibió el impacto directo y, por lo tanto, quien sufrió mayores daños.

Es duro escuchar esto. Es muy duro saber que yo sobreviví sin casi daños mientras él sigue luchando por su vida. El recibió el impacto directo, el se llevó el golpe por mí.

-Presentaba un traumatismo craneoencefálico, es decir, una lesión cerebral derivada del golpe producido por el accidente y que lo llevó al coma.-continúa- Un coma dura como mucho unas semanas, después pasa a un estado vegetativo, que es como se encuentra Marcos ahora mismo. En este estado, son comunes movimientos reflejos o que emita sonidos. Incluso puede llegar a abrir los ojos, pero de forma inconsciente.

-¿Y no se puede hacer nada para ayudarle a despertar?

-Ojalá pudiéramos.-me sonríe.- Solo podemos esperar a que despierte. Al tratarse de una herida sí que tiene un tratamiento, por decirlo de alguna manera. Cuando la herida se cure, despertará por sí solo.

-¿Entonces no se puede hacer nada? ¿Seguirá así y ya está?

-No exactamente. Ahora mismo Marcos está en un estado vegetativo. No es consciente de sí mismo ni del entorno, y por lo tanto no hay interacción voluntaria con el entorno. Es importante que entiendas esto. Cualquier movimiento que realice es involuntario, no lo hace él a propósito.-explica.-Si este estado se prolonga más de un año sí que deberíamos preocuparnos, porque cuanto más tiempo pase menos posibilidades de despertar hay, y podría pasar a ser permanente. Pero el porcentaje de estos casos es muy bajo, y de momento no vamos a entrar ahí.

-Está bien, gracias por todo.

-De nada.-dice y sale de la habitación.

Ahora estamos Bea y yo solas. No dice nada, solo se acerca a mí y me abraza.

Nadie puede llegar a entender lo mucho que necesitaba ese abrazo. Intento ser fuerte, mostrarme fuerte. Y lo intento, de verdad que sí. Intento fingir que estoy bien, le sonrío al mundo cuando lo único que quiero es encerrarme en mi habitación y no ver a nadie. Y no dejo que nadie entre, que nadie sepa como me siento realmente. Nadie sabe que cada noche me duermo llorando, que todo, absolutamente todo, me recuerda a él, que no hay día que no me culpe por estar bien cuando él sigue aquí... No quiero que sepan como me siento, no soporto que me miren con pena ni que me traten como una muñequita de cristal que podría romperse bajo el más mínimo toque.

No dejo que nadie me vea llorar.

Me separo de Bea y miro a Marcos. Parece estar tan tranquilo...Sin preocupaciones, sin problemas. Cualquiera que le viera podría pensar que solo está dormido, y ojalá solo estuviese dormido. A veces, aunque solo sea por una pequeña fracción de tiempo, me gusta pensar que está durmiendo y que en cualquier momento abrirá los ojos, me mirará, sonreirá y me dirá que me quiere.

Pero eso nunca pasa. Él sigue con los ojos cerrados y quieto, muy quieto.

-¿Hay algo que yo pueda hacer?-le pregunto a Bea.

-No pierdas la esperanza, no la pierdas nunca...

No (me) olvidesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora