𝐑𝐄𝐓𝐎𝐒 | 𝟏

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𝗛𝗘𝗥

El molesto sonido de mi teléfono me despertó aquella mañana. En la absoluta penumbra, sin estar aún completamente lúcido, alargué mi brazo hasta la pequeña mesita junto a la cama para apagar la alarma.

Vagamente recordando fragmentos de aquel reciente sueño erótico, culpable de que mis bóxers ahora apretasen más de lo normal, fui demasiado brusco al deslizar el dedo y mi móvil cayó al suelo. No me importó ni lo más mínimo. Lo recuperé para mirar la hora y suspiré.

El verano había llegado a su fin.

¿Qué haríamos este año? ¿Hasta dónde llegaría de lejos nuestro juego?

Era lunes, pero no uno cualquiera. Hoy empezaba mi último año en el instituto, y de verdad me sentía raro. Pensar que tras este curso no volvería a recorrer los pasillos de aquel lugar se me hacía extraño. Tantas risas, tantas bromas... ¿Nos recordaría alguien? ¿Algún profesor o compañero de clase? Realmente, lo que más me preocupaba era qué pasaría entre nosotros siete.

No quería perderlos, no podía.

Moví mis pies hasta el cuarto de baño, donde tomaría una ducha antes de bajar a desayunar. Allí, frente al espejo, vi el reflejo de un chico muy diferente al que todos conocían. Había trabajado mucho en ello, en construir la fachada perfecta para encajar en el mundo. Jeon Jungkook, un joven popular, perfecto, al que todos querían cerca. Y sin embargo, todo era una farsa. Una máscara que cubría a alguien perdido, que simplemente ya no sabía cómo despojarse de ella.

Este verano supuso un cambio radical para mí. Necesitaba tiempo a solas, reflexionar sobre qué quería realmente. Mi futuro, las decisiones que tendría que tomar al final del año me rondaban la cabeza sin descanso. Me sumergí tanto en mis preocupaciones que comencé a rechazar cualquier tipo de invitación por parte de mis amigos. Incluso aquella vez que Jimin se las arregló para montarse un trío e insinuó que sus acompañantes no tendrían problema en pasar un buen rato conmigo. Lo tomé como una broma, pero al pensarlo ahora... Tremenda estupidez haberlo rechazado, sinceramente.

Pero tenía que centrarme en cosas mucho más vitales que disfrutar de una buena sesión de sexo, aunque lo adorara. No todo se reducía a ir de fiesta en fiesta, follando sin control.

Gracias a esta situación de apartamiento personal, tuve dos meses de tranquilidad, donde no solo cuestioné las bases que regían mi vida, también me enfoqué en mi físico. Trabajé todos y cada uno de mis músculos, y ahora, frente al cristal que se alzaba sobre el lavabo, una hilera de firmes abdominales hacían acto de presencia bajo mi amplio pecho, fornido y duro. Al estar únicamente vestido con mis bóxers, observé mis piernas y brazos. Ambas extremidades eran fuertes y robustas.

No quedaba nada del desgarbado muchacho que una vez había sido, mi cuerpo ahora era una mezcla entre la más fina delicadeza y la brutalidad. Me fijé en las refinadas curvas de mi cadera, que se iban ensanchando con gracia poco a poco hasta llegar a la plenitud de mis vastos hombros. A continuación, mi mandíbula dibujaba una afilada línea, tan peligrosa como inofensiva a la misma vez.

Mi espíritu altanero se preguntaba lo que pensaría la gente al verme. Si antes mi aspecto ya era bien recibido, ¿qué dirían del nuevo Jungkook?

Para cuando quise darme cuenta, mi boca se tensaba en una sonrisa ladina. Puede que tuviera más ganas de comenzar el instituto de las que creía, después de todo, no me vendría nada mal añadir a mi vida, últimamente monótona, un poquito de diversión. Me lo merecía.

Traté de apartar de mi mente las locuras que el juego en el que me había envuelto todos estos años con mis amigos me depararía, y quitándome la ropa interior, me sumergí bajo la lluvia de gotas ardientes que caían con fluidez. Podría haber elegido agua fría para ducharme como lo había hecho casi todos los días, pero siendo hoy una jornada de cambios, me decanté por bajar mi erección mañanera de una manera más... agradable.

RETOS | jjk.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora