Fiesta

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El sonido del golpeteo de su zapato contra el suelo iba aumentando el ritmo, mientras el estrés del que era preso, le estaba provocando un agrio mal humor. Su oficina estaba desordenada a causa del mismo problema; se estaba quedando sin tiempo...las agujas del reloj avanzaban sin piedad, se encontraba a solo tres semanas para que se llevara a cabo la ansiada boda del Conde Nobuyuki y la hija del duque Shouzou, Lady Asuna; la mujer que le robó todo...

Casi tres meses habían pasado desde el baile de máscaras donde la conoció, no había podido verla de nuevo... no la buscó y no esperaba que ella por alguna magnifica razón se hubiera puesto a jugar a la detective para tocar la puerta y visitarlo. Era algo estúpido pensar en eso después de todo, ni siquiera le dijo en dónde podía encontrarlo, ni como comunicarse con su persona. Solo le dejó su nombre y la promesa de liberarla de ese indeseable destino... el cual aun no podía romper.

¿Se habría olvidado de él? Era la pregunta que siempre turbaba su mente en cada momento. Kazuto no había podido olvidar su hermoso rostro bajo la claridad de la luna, su silencioso baile en medio de la noche y la forma en que jugó con él a sabiendas que era alguien peligroso.

Se enamoró de alguien con quien solo estuvo unos minutos entablando conversación. ¿Qué encanto poseía aquella mujer? Para dejarlo tan ido... tan ansioso de hacerla suya, de seguir disfrutando de su compañía, de probar de nuevo esos labios que lo desbordan de pasión. No había sentido algo así por otra fémina, tenía todo un historial como depredador, pero ahora sentía que él era la presa.

Asuna podía acusarlo si quisiera, y hacer que su tranquila vida oculta en las sombras, salga repentinamente a la luz. ¿Hizo lo correcto al darle toda esa información? ¿Acaso no actuó de un modo un tanto descuidado? Ella pudo estar actuando para sacarle toda la verdad y luego obtener el dinero de la recompensa y así escapar de esa vida miserable que le pintó con tanta aseveración.

Puesto a ver, era la salida fácil a sus problemas...

—¡No!... —negó al darse cuenta de lo que el cansancio y estrés le estaban ocasionando engañándole de esa vil manera.

Si ella solo quería sacar provecho, a esta altura ya tendría a la ley golpeando su puerta, pero Kazuto era quien los estaba llevando al hombre equivocado, a paso lento dejando pistas falsas, comprando testigos, permitiéndoles escribir ese cuento de alcanzar al ladrón más terrorífico que ha atacado la nobleza ¿Cuántos no deseaban su cabeza? La jugada ya estaba hecha, solo era cuestión de tiempo de mover la última pieza.

Miró hacia el cajón que estaba medio abierto, dejando apreciar el collar de esmeraldas que le fue entregado. A pesar que dijo que lo vendería en el mercado negro no se pudo deshacerse del collar, ese objeto era como la prueba más vivida de que Asuna le esperaba.

El sonido de la puerta abriéndose le hizo levantar la vista para toparse con la ya conocida figura de su maestra, que de manera despreocupada ingresó a la oficina del azabache y sin pedir permiso, de un brinco se sentó encima de su escritorio de una forma descarada, tirando todos los documentos al suelo.

—¡Ha pasado tiempo pequeño boy! —saludó la rubia quien sonrió de oreja a oreja al notar la expresión de desaprobación que le dedicó su pupilo. —¿Por qué esa cara? ¿Acaso Kii-boy tuvo un mal día?—frunció el seño al notar que lo estaba provocando.

—Es una falta de respeto que vengas a mi casa y actúes como si yo fuera el invitado. —bufó irritado, la risa burlona de su acompañante no se hizo esperar. Ya se había acostumbrado a las humillaciones que siempre le hacia ese monstruo en vestido asíque solo ignoró su gracia.

—Fue Kii-boy quien solicitó mi compañía. —le recordó, haciendo que este se sobara el cuello por haberlo olvidado. Tan frustrado se sentía que todo a su alrededor parecía tan turbulento como el mar en plena tormenta.

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