VII ; Epifanía (Parte dos)

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30 de abril del 2017. Alborg, Dinamarca.

Una parte de mi se sentía egoísta porque deseaba estar en este momento descansando, aunque la ayuda de Herty me había evitado muchos dolores de cabeza estos días, al final del día lo único que quería era descansar. Pero por otra parte, mucho más grande que a otra, tenia curiosidad acerca de lo que el chico nuevo, con una deuda y empleado del negocio tenia por decirme.

Así que solo me estaba dedicando a escucharlo detenidamente en silencio, porque también estaba el hecho de no querer ser descortés y decirle que se podía ir, que hablaríamos mucho mejor esto mañana, pero viendo la situación, haría lo posible para decirme todo.

-El sujeto que estaba hoy en el negocio era tu padre, Mellig.

Y ahí estaba, ahora la parte más grande de mi decía que debía acabar con esto ya.

-Estás cansado, vulnera...

-¡Tienes que creerme!- Gritó mirándome fijamente con lagrimas acumuladas y furia en su voz.

Me quedé estática por su grito, pensando que se iba a retractar por un momento luego de haberse dado cuenta de lo que había hecho, pero no. Al contrario.

-Dijiste que habían muerto en accidente, lo dijiste pero no es cierto. No lo sabes pero...

-Te vas, ya. No discutiré esto contigo.

Traté de que mi voz saliera calmada, pero no fue así. ¿Quién se creía para venir a decir eso? ¿Por qué lo hacía? No ganaba nada con eso, para nada.

-Mellig, por favor escúchame.

Molesta de ver que no hacía caso a mis palabras me levanté rápido y con mucha fuerza lo intenté levantar de la silla, pero no se dejó.

-No me hagas llamar a la policía.- Le amenacé forcejeando con él, ya que sosteniéndose a la mesa con fuerza hacia que se me hiciera imposible moverlo de la silla.

Forcejeo, gritos y rasguños, eso estábamos consiguiendo. Cada vez que tenía que halarlo para poder quitar sus manos de mí o intentar bajarlo por la escalera, mi ser se iba enfureciendo cada vez más, no podía creer que hubiéramos llegado a esto.

Pero los largos segundos de rabia se convirtieron en minutos sin habernos dado cuenta ya que sonó una llamada entrante en mi teléfono.

Sin darnos cuenta, nos miramos, como si nos estuviéramos retando mutuamente quien iba a llegar primero al teléfono, así que eso hicimos.

Al subir yo había dejado el teléfono sobre la pequeña mesa bajo e televisor. Pero mis ejercicios en la corredora no habían servido de nada en ese momento, ya que el agarró rápido el teléfono, cayendo también al piso y viendo la pantalla.

-Te lo doy si te sientas para que me escuches.- Dijo levantándose despacio, mirándome como a un ciervo al cual tenía que acercarse sigilosamente para poderlo tocar.

Porque eso parecía para mi desde hace un momento, una amenaza.

-¿Qué gano con eso? Quédatelo y vete ahora mismo. No me importas.-Reclamé furiosa, notando como alzaba el teléfono y me dejaba leer la pantalla.

-Número desconocido, ¿Crees que haré algo por eso? ¡Vete!- Grité furiosa.

El teléfono dejó de sonar, pero no pasó mucho cuando volvió a sonar.

-Dámelo.

-Si te sientas.-Señaló la silla donde habíamos estado antes.

Carcomiéndolo con la mirada me senté, esperando a que se acercara para poder quitarle el teléfono, contestar y luego llamar a la policía.

Me siguió el paso sentándose al lado mío y sin quitarme la mirada de encima, me pasó el teléfono.

-¿Diga?

Contesté, pero no se escuchaba nada. Hasta que quise colgar.

-Señorita.- Contestó una voz carrasposa, era un hombre.

-¿Diga?- Repetí echándole un vistazo a Herty, quien solo estaba de brazos cruzados viendo mi mano sostener el teléfono.

-¿Se encuentra Mellig?

-¿Quién pregunta por ella?- Herty me miró negando con la cabeza. Lo miré mal.

-Un cliente de la cafetería, quería poder comunicarme con ella para preguntarle algo.

-Habla con ella, ¿Qué necesita?- Me puse tensa, este señor me estaba haciendo perder el tiempo para llamar a la policía.

-¡Oh! Sé que estas no son horas de llamar, pero es que hoy he dejado algo en la cafetería, ¿No lo habrá visto? ¿Un periódico?- Fruncí el ceño escuchando el pedido y el tono de voz de este hombre.- Se que no tiene nada de significado, pero lo que está dentro si, ¿Podría ver si se encuentra ahí?- Pidió amablemente.

Me puse el cabello tras la oreja y ojeé e piso, viendo el periódico bajo la mesa, probablemente se había caído mientras forcejeaba con Herty. Lo levanté rápidamente y vi como algo se caía, un papel blanco. Lo levanté.

Y antes de que pudiera siquiera decir algo, el sujeto colgó. Pero eso no fue el motivo por el cual me levanté gritando y tirando el teléfono y la fotografía al piso.

¿En qué me había metido?

H E R T YDonde viven las historias. Descúbrelo ahora