Acto III, Escena Segunda

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Por la mañana. Caleb y Kendra siguen dormidos en el sofá. Alguien les ha tapado con una manta. Lentamente, Caleb despierta. Se fija en la manta, luego en Kendra abrazada a él, dormida, y se levanta no sin algo de dificultad para no despertarla. La tapa mejor con la manta. Se pasa la mano por la cara, intentando hacer desaparecer la resaca. Entra Ann con una taza de café en la mano. Ya no viste de luto. Le ofrece la taza a Caleb sin decir nada. Hablan en voz baja y susurros.

CALEB

Gracias.

Da un sorbo. Ann empieza a recoger los libros del suelo y a colocarlos en la estantería. Caleb deja la taza en la mesita y se acerca.

CALEB

Deja, ya lo hago yo. Yo los tiré.

ANN

Está bien.

CALEB

Por favor.

Ann se aparta. Lleva un libro en la mano.

ANN

Durante mucho tiempo, Jane Austen fue mi escritora favorita.

CALEB

Lo sé.

ANN

Luego, pasó a ser Fred. Me escribía unas cartas preciosas. El tipo de cartas que te dije que forman un matrimonio. (Caleb no contesta) Me enamoré de sus palabras. Y por eso, las guardo en este libro. (Abre el libro y saca varias cartas dobladas, guardadas entre las páginas). Fred era muy bueno con los números. Nunca pensé que pudiera ser tan bueno también con las palabras. Me escribió cosas muy bellas. Algunas incluso son en verso. (Caleb sigue recogiendo los libros en silencio) Pero todas las cartas, todas sin excepción, llevan el dibujo de una rosa.

Caleb se detiene. Ann le mira. Lentamente, Caleb se da la vuelta. Kendra empieza a despertarse.

CALEB

¿El dibujo de una rosa?

ANN

Sí.

Kendra se despierta del todo.

ANN

Buenos días, Kendra.

KENDRA

(Adormilada) Me duele el cuello.

ANN

Es normal. Has dormido en mala postura. ¿Quieres desayunar?

KENDRA

¡Sí! Me muero de hambre.

Ann deja las cartas dentro del libro, lo cierra y lo coloca encima de la butaca. Luego, toma a Kendra de la mano y ambas se van hacia la cocina.

ANN

¿Te gustan los bagels?

KENDRA

Sí.

Salen. Cuando se queda solo, Caleb coge el libro, saca las cartas y empieza a leerlas. Su expresión es de asombro y desconcierto. Son sus cartas. Las cartas que le escribió a Ann en su juventud. Entra Ann otra vez.

CALEB

¡Son mías!

ANN

Lo sé.

El hijo que no tuvimos | CompletaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora