Acto I, Escena Segunda

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Mismo salón, días más tarde, por la mañana. Caleb está mirando por la ventana, por las que se cuela la luz de una sirena de policía. Al cabo de unos segundos, sale Diane de la puerta de la cocina. Lleva en la mano un bagel.

DIANE

¡Es increíble!

CALEB

(Cierra la cortina) Buenos días, madre. (Diane refunfuña) ¿Qué te pasa?

DIANE

¿Que qué me pasa? No es solo que el nuevo colchón está tardando siglos en llegar, si no que encima la inútil de tu cocinera no sabe preparar un desayuno en condiciones.

Sale Ruth, apurada.

RUTH

Señora, por favor, no se ponga...

DIANE

(Interrumpiéndole) Te dije integral con margarina. Esto es industrial.

RUTH

Son los que le gustan a Ann.

DIANE

Sí, pero a mí me gustan integrales. Así que, cuando quieras, puedes ir a comprar más, y por más me refiero a bagels integrales y por cuando quieras me refiero a ahora mismo.

Ruth sale, apurada y dolida. Durante la discusión, Caleb se ha sentado en la butaca y hojea el periódico.

CALEB

Madre, deberías tratar mejor a Ruth.

DIANE

Esa mujer ni siquiera sabe hervir un huevo.

CALEB

¿Por qué no te cocinas tú misma el desayuno?

DIANE

Porque me he estado cocinando yo misma el desayuno durante cincuenta años.

CALEB

Que ahora tengamos cocinera no significa que no puedas encender el fuego.

DIANE

¡Qué sabrás tú! Tú tampoco cocinas.

CALEB

Soy un hombre.

DIANE

Pero tienes manos.

CALEB

Tocado.

Diane deja el bagel sobre la bandeja de desayuno de Caleb, junto a su café.

DIANE

¿Qué mirabas por la ventana?

CALEB

Vincent Hughes ha vuelto a llegar borracho a casa. Hace media hora.

DIANE

Pero sí son las nueve.

CALEB

Exacto.

DIANE

Menudo juerguista. (Se sienta en el sofá. Mira a Caleb) ¿Y bien? ¿Has pensado qué vas a hacer?

CALEB

¿Sobre?

DIANE

Sobre las cuentas de Fred. He visto la carta del banco.

El hijo que no tuvimos | CompletaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora