—Me temía que esto pasara —dijo Maggy con pesar, sosteniendo unos archivos en sus manos, hojeándolos con una mirada triste. Yo estaba recostado en la cama del hospital, consciente, tomando la mano de Jan en un intento de tranquilizarla.
Ambos sabíamos lo que estaba por venir.
La miré y la encontré con los ojos aguados, su otra mano aferrada a la tela de su vestido con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos.
—¿Volvió? —preguntó mi hermana en voz baja y temblorosa. Yo no podía decir nada porque cualquier intento de hablar me dejaba sin aliento.
Tras un instante de agonizante silencio, Maggy asintió.
Las esperanzas que tenía de que hubiera sido solo un momento de vértigo sin importancia, se evaporaron en el aire. En aquel preciso momento, cuando la tonta ilusión de poder vivir con normalidad se rompió en pedazos, quise llorar, aunque a decir verdad, siempre supe que eso pasaría. Me había engañado a mí mismo creyendo que todo había sido superado y que el cáncer se quedaría atrás, en el pasado.
De repente, respirar se me hizo difícil por el enorme nudo que se había instalado en mi garganta impidiendo el flujo de aire a mis pulmones; Maggy y Jan no tardaron en notarlo.
Por qué dejé que Sam se acercara tanto a mí cuando yo sabía que el cáncer regresaría, era una incógnita. Supongo que solo quería ser un chico normal que se enamorara, pero ahora, por mi egoísmo, más personas sufrirían. Y no cualquier persona, sino la chica que más amaba en el mundo, la mujer de la cual me había enamorado y a la que le había prometido que siempre estaríamos juntos. Le hice promesas que en el fondo siempre supe que no iba a ser capaz de cumplir.
Se lanzaron miradas mutuas de preocupación cuando mi cuerpo comenzó a temblar y los ojos se me enrojecieron. Maggy se acercó a mí.
—No te aceleres, Dean, no es bueno para tu estado. No necesitas más estrés en estos momentos —indicó, luego salió de la habitación. Mi hermana se puso de pie y, con lágrimas surcando su rostro, besó mi frente.
—Terminaremos de hablar allá afuera, ¿sí? —Se empezó a alejar pero yo tomé su muñeca y halé de ella. Cuando se giró a verme sacudí la cabeza intentando decirle que no se fuera—. No quiero que te angusties más, Dean, prometo contarte todo cuando estés mejor, pero por ahora descansa.
Ella tiró de su brazo con más fuerza y yo la dejé ir un poco molesto, pero entendía que no quisiera que me alterara; no cuando mis pulmones apenas se estaban recuperando del suceso del día anterior y respirar aún me costaba trabajo.
Ambas salieron de la habitación dejándome solo y con tiempo más que suficiente para pensar en todo este asunto.
El cáncer había regresado y me hallaba bastante seguro de que esta vez no sería tan fácil salir de esto.
***
Treinta llamadas perdidas, diecinueve mensajes de texto y siete mensajes en el buzón de voz. Todos de Sam.
Cinco días en el hospital sin haber sabido nada de ella, recuperándome de lo que pasó, y ahora estaba sentado en mi recamara con el móvil entre las manos debatiéndome entre llamarla o no. No quería que se preocupara demasiado, cosa que sabía que haría si no la llamaba, pero tampoco podía escuchar su voz en esos momentos. Si la escuchaba estaba seguro de que me rompería y no era algo que necesitara en ese instante.
Debía ser fuerte; por Jan, por mis sobrinos, por mí..., pero de algún modo, Sam siempre me hacía sentir vulnerable, frágil, descubierto, inseguro... y en aquellos momentos lo que menos necesitaba era sentirme así.
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Vencedor [PQY #2] ✔ versión 2014
Tiểu thuyết chungSegundo libro de la serie ¿Por qué yo? [¿Por qué yo? #2] Dean Ferrati es un sobreviviente; ha superado una de las luchas mas difíciles a las que la gente se enfrenta: El cáncer. Sin embargo, al igual que todas las guerras, esta ha dejado...
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