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Evie despertó nuevamente con un fortísimo dolor de cabeza. El sol le daba en el rostro así que tuvo que abrir los ojos poco a poco mientras iba recuperando la visión. Se encontraba en el parque (sentada en un banco), un chico se acercó a ella con preocupación, un chico que ella conocía a la perfección.

—¿Evie?, ¡Maldición, Evie, te he estado buscando por días! —decía el ruloso con los ojos cristalizados para luego abrazarla fuertemente. La chica le siguió el abrazo y no pudo contener más las lágrimas, así que comenzó a llorar.

—Quiero irme de aquí, Finn... Ya no soporto lo que está pasando.

—Shh..., tranquila ¿si? Vayamos a la casa, allá podrás contarme todo lo que sucedió.

Y así hicieron, comenzaron a caminar lentamente hasta llegar. No había nadie, según contaba Finn, los chicos se habían ido al lago a despejarse por un rato y no llegarían hasta en la noche, él se había quedado ya que quería estar solo.

Se dirigieron a la habitación y la pelinegra le contó sobre lo que había sucedido, reía por los comentarios tontos que hacía el chico cuando veía que ella estaba punto de llorar. Al momento en que Evie terminó de hablar, Finn la abrazó y besó su frente.

—Todo esto va a terminar, y volveremos a ser los mismos chicos de antes.

Evie no le había contado sobre el trato que había hecho con el payaso, había omitido y cambiado algunas partes.

Finn se levantó de la cama y comenzó a cantar una canción lenta mientras comenzaba a moverse hacía los lados. La chica alzó una ceja y lo miró confundida.

—Finn..., ¿qué estás haciendo? —le preguntó con una leve sonrisa en sus labios.

Finn no dijo nada y tomó la mano de la chica jalándola hacia él. Tomó la otra mano de Evie y la dirigió a su hombro para después bajar lentamente su mano por la espalda de la chica hasta colocarla en su cintura. Comenzó a dar pequeños pasos, Evie se los seguía al ritmo de la canción que tarareaba el chico.

Finn hizo que Evie girara rápidamente causando que la chica se tropezara cayendo al suelo. Finn dejó de cantar y apretó los labios intentando no reírse. Evie se dió vuelta y tomó la mano de Finn levantándose. Ambos se miraron fijamente y estallaron en carcajadas. 

Ambos se recostaron en la cama, Evie estaba apoyada en el pecho de Finn y éste le acariciaba el cabello. Ambos estaban teniendo el momento de paz y tranquilidad que habían querido desde hace un tiempo. Sus miradas se conectaron mientras sus labios lentamente se iban acercando hasta por fin juntarse. Fue un beso tierno, uno que ambos necesitaban y ese fue real, no como en los sueños de Evie. 

El beso subió de nivel al momento en que la pelinegra se puso encima del ruloso con una pierna en cada lado de sus caderas. Las manos de Finn se posaron en los muslos de Evie viajando hasta sus caderas dando caricias y apretando un poco esos lugares. Evie bajó sus besos al blanco cuello del chico mientras Finn metía sus manos debajo de la camisa de Evie haciendo erizar la piel de la chica, él sonrió ante aquello. La chica quitó su camisa, quitando luego la del chico.

Finn hizo un movimiento quedando encima de la chica, sin aplastarla, comenzando a dejar suaves besos por su cuello bajando hasta bajar a sus pechos los cuales estaban cubiertos por el brasier que cargaba. Pasó sus manos por la espalda de Evie desabrochando este con un poco de dificultad, antes de quitárselo por completo, preguntó:

— ¿Estás segura de ésto? —preguntaba algo inseguro sobre si la pelinegra quería.

Evie no lo dudó, había deseado ese momento desde que comenzó a sentir cosas por Finn. Y aunque no estaba sucediendo como ella había soñado, estaba sucediendo con el chico y eso era lo que contaba, además, se sentía muy segura estando con él y sabía que no iba a arrepentirse. Evie se quitó su brasier a respuesta y Finn sonrió al ver los pechos de la chica, para él, eran perfectos: ella era perfecta.

Poco a poco las prendas fueron cayendo al piso, una a una, sin apuros, pues ambos querían que fuese algo perfecto para recordar. Y entre gemidos y jadeos, ambos se habían entregado en cuerpo y alma, sin vergüenza, olvidando donde estaban y sin saber que podía ocurrir el día de mañana.

IT: LA DIMENSIÓN DESCONOCIDA.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora