– Creí que esperaríamos a que se fueran para poder robar el relicario- dijo la niña sentada al borde del sofá en la vieja cabaña al centro del bosque, observando a la mujer, quien solo se limitó a negar con la cabeza.
– Ellos no se irán hoy, ya habrá tiempo para ello- respondió ella tranquilamente, mientras, con un ademán de su mano, el agua que cubría sus atuendos caía al suelo, dejándolas totalmente secas.
– Que George Ferdinand tuviera un hijo tampoco afectará nuestros planes ¿O sí? - cuestionó la niña con un destello de duda en sus ojos.
– No- cerró rotundamente la mujer – Solo espero que no sea igual de estúpido que su padre- Las mujeres sonrieron intentando digerir todo lo que acababan de escuchar.
En la casa de los Ferdinand ya el té había hecho su efecto, y tanto Diane como el chico estaban totalmente exhaustos. Aquella noche habían escapado del castillo y eso por fin les estaba cobrando la factura. Los Brazos del joven comenzaban a pesar, mientras la espalda de Diane parecía una roca imposible de mover.
– Creo que por ahora hay que dormir, princesa- Dijo Fred poniéndose de pie, ella se ruborizó un poco, por un momento olvidó que estaba en una casa ajena y se sintió bastante apenada, Fred se dio cuenta de ello y prosiguió – Yo dormiré aquí en la sala, por favor, tenga la confianza de dormir en mi habitación- La joven negó con la cabeza.
– Claro que no Fred, ya bastante has hecho por mi esta noche, yo puedo dormir aquí- dijo ella, roja como un tomate. El chico parecía sorprendido, sonrió un poco sin dejar de mirarla – ¿Pasa algo? - preguntó ella.
– No, no es nada, es solo que, la imaginaba diferente- dijo el chico sin vacilar.
– ¿A qué te refieres?
– Pues al ser de la realeza, y tener un cargo importantísimo en el consejo real, imaginaba que sería algo altanera, jamás pensé que usted sería tan humilde – dijo el chico, sin embargo, lejos de halagar a Diane, esta agachó la mirada.
– No tiene importancia, además ese cargo ahora es un mito- dijo ella recordando su expulsión del consejo real.
– ¿A qué se refiere, princesa? - preguntó el joven intrigado.
La mujer comenzó a contarle muy brevemente todo lo ocurrido en el castillo, y la razón que logró detonar su idea de escapar. El chico parecía bastante impactado por aquella decisión, parecía que el coraje que había tenido la princesa se había depositado en su pecho, sin embargo, se tranquilizó y aclaró finalmente.
– A mí no me parece descabellada ninguna de sus ideas, creo que todo lo que ha propuesto últimamente son proyectos frescos que el reino necesitaba, me parecen fascinantes, y lo digo en serio.
– Gracias Fred- dijo ella en un tono sutil, volteando hacia él sonriendo, donde nuevamente hubo un cruce de miradas. Otro silencio entre los dos se hizo presente. Al percatarse de la situación, Fred lo interrumpió sonrojado.
– Bueno...- giró rápidamente su mirada hacia la derecha.
– Bueno...- prosiguió la joven tomando un mechón de su cabello y escondiendo su rostro para ocultar sus rojas mejillas.
– Por favor tome en serio mi invitación, yo dormiré aquí en la sala, además debo ir por Ayleen, espero que, aunque ya sea tarde, esté despierta, debe estar muy preocupada por mi- le comentó el chico.
– Es cierto, mencionaste que tienes una hermana ¿Dónde se encuentra? - preguntó la mujer.
– Está en casa de una amiga cerca de aquí- respondió el chico mientras se colocaba sus zapatos y una especie de gabardina – vive de hecho bajando esta colina.
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AAS: Bleedeon
FantasyBleedeon, el más próspero de los siete reinos que existen sobre la tierra. Tan prolífico y tranquilo era aquel valle, que su gente jamás se esperaría los oscuros acontecimientos que estaban a punto de ocurrir. Tras una sanguinaria guerra que se ori...