¡Bruja! ¡Bruja! Gritaban en el reino, una muchedumbre ajetreaba violentamente sus brazos alrededor de un mástil de madera, parecía que lo habían conseguido. Colgada de una gruesa cuerda amarilla, postraba ante ellos una mujer hermosa, atada de manos, totalmente atrapada al centro de una gran explanada frente a una iglesia.
– ¡Rackiab Langley!- dijo la voz potente de un hombre, sobreponiéndose al fuerte barullo de la gente, en su mano llevaba una antorcha encendida que hacía juego con las muchas otras que llevaban las personas del pueblo.
La mujer levantó la mirada y observó a todos los que se encontraban a su alrededor, después, sin ningún gesto en su rostro, giró la cabeza para clavar su mirada directamente en aquel hombre.
– Se le ha condenado a muerte por los crímenes atroces que ha cometido en el reino, su principal delito; la brujería- continuó aquel hombre con voz firme, la muchedumbre volvió a subir el volumen – ¿Su declaración?- preguntó él mirándola y colocando la antorcha muy cerca de su rostro, ella ni siquiera se inmutó.
– ¿No piensa hablar?- preguntó otro hombre, quien a juzgar por su larga túnica blanca, debía ser el sacerdote de la iglesia, la mujer rápidamente se volvió a mirarlo, después de intercambiar miradas, ella sonrió.
– Bien- continuó el primer hombre – Al no hablar, se le considera culpable de la realización de hechicería, así como la desaparición de los cinco infantes el pasado 22 de agosto, y el asesinato de Jane Rivers el primero de septiembre- una mujer cercana soltó un chillido – El pueblo elegirá su sentencia.
– ¡Quémenla!- gritó rápidamente la mujer.
– ¡Que arda en el infierno!- se unió un hombre más.
Acto seguido, la muchedumbre comenzó a gritar acciones parecidas, la mujer agachó la mirada.
– Así será entonces- continuó el hombre que dirigía el evento – Con estas llamas, purificaremos una vez más al reino de Medden... ¡Y al mundo entero!
La multitud se alzó en vitoreas. El hombre alzó la antorcha y, justo antes de colocar las llamas bajo la mujer, observó que esta comenzó a temblar. Él se detuvo y se quedó perplejo, la mujer no estaba temblando de miedo. El pueblo cesó el ruido para escuchar atentos lo que estaba ocurriendo, Rackiab Langley se estaba burlando, todos quedaron atónitos cuando una ruidosa carcajada salió de su boca mientras miraba el cielo, el pueblo esta vez parecía asustado. Una vez cesó, la mujer miró los ojos del hombre, quien la observaba aterrado.
– ¿Purificar al mundo?- preguntó ella, aún con una maquiavélica sonrisa dibujada en su rostro – Todos ustedes son la escoria, y la razón de un mundo imperfecto.
La mujer sonrió de oreja a oreja y, como si una navaja invisible hubiera atravesado el aire, la cabeza del hombre salió disparada hacia arriba tras un corte que atravesó su cuello.
El caos, las personas que estaban en el motín comenzaron a correr espantados en todas direcciones, una mujer y un hombre cercanos corrieron la misma suerte, derramando sangre por su tráquea como si de un hidrante roto se tratara. Varias personas caían al suelo desangrándose, mientras la mujer atenta soltaba una carcajada, cuando escuchó, tras el barullo de las personas corriendo, un intenso grito.
– ¡George no!
Un hombre había tomado la antorcha que estaba junto al maestro de ceremonias y, sin pensarlo, la lanzó sobre la paja que la bruja tenía debajo de sus pies.
– ¡Arde en el infierno, bruja maldita! - gritó aquel sujeto y se alejó corriendo, aprovechando la rápida capa de humo que había cubierto totalmente a la mujer.
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AAS: Bleedeon
FantasyBleedeon, el más próspero de los siete reinos que existen sobre la tierra. Tan prolífico y tranquilo era aquel valle, que su gente jamás se esperaría los oscuros acontecimientos que estaban a punto de ocurrir. Tras una sanguinaria guerra que se ori...