Ayleen Ferdinand no soportaba los lunes, tal era el caso, que continuaba tirada en la cama de su habitación, aunque su hermano; Fred, ya se había levantado desde temprano para hacer el favor a su hermana de despertarla, pues ella sabía que le costaba muchísimo ponerse en pie y se lo había encargado a él, ya que ese día era especialmente importante hacerlo.
Bleedeon era un reino muy tranquilo, de hecho bastante para que familias como los Ferdinand vivieran ahí, en dicho lugar jamás se había permitido que una mujer aprendiera labores como la alfarería o la herrería, pues en un reino donde la ley era regida solo por un rey sin esposa, era de imaginarse que una mujer no tuviese ni voz ni voto, esto en parte se debía a que la reina Lawrence había fallecido, dejando en el castillo como única autoridad femenina a su pequeña hija al lado de su anticuado padre.
Sin embargo, Diane Bouthillier -Princesa de Bleedeon- no sería una niña toda la vida. Recientemente cumplía sus dieciocho años, y con esto las responsabilidades en el castillo eran aún mayores. El rey Ricardo había intentado que su hija desposara algún príncipe de reinos cercanos, sin embargo, Diane siempre había sido independiente, por lo que en cuestiones personales, jamás había dejado que su padre tomara decisiones sobre ella. Por su parte el rey, aunque tenía la pinta de ser un machista impenetrable, accedía a sus peticiones con tal de ver a su hija feliz. Tanto fue su deseo para con la princesa, que le permitió tener un puesto en el consejo real, donde rápidamente las ideas nuevas comenzaron a fluir.
La princesa Diane pensaba que el reino se estaba estancando, por lo que afirmaba que el reino podía prosperar si existiese una mejora en las oportunidades que se le brindaba a los jóvenes de Bleedeon, y esto incluía a las mujeres, la joven pensaba que una manera de hacer crecer la economía del reino, era permitir que las mujeres pudieran realizar las tareas que, hasta ahora, habían sido solo establecidas para los varones. Al principio el consejo lo tomó como un chiste de mal gusto, pero con trabajo, Diane logró demostrar que hablaba completamente en serio y que todo lo que proponía estaba totalmente sustentado.
Por ello es que Ayleen debía despertar temprano esa mañana, a sus quince años, era el primer día en que asistiría a la herrería del pueblo, para aprender el noble oficio de la creación de armamentos, el día en que tendría la oportunidad de demostrar que la teoría de la princesa Diane no eran solo palabras, y aunque su emoción era evidente, no impedía que la joven siguiera con la boca abierta y tirada como roca en su cama.
Fred –su hermano- al notar que su hermana no tenía mucho interés en despertarse, optó por ir a mover al monstruo durmiente un poco para ver si así lograba despertar.
– Ayleen... Ayleen despierta...- decía en voz bastante baja mientras movía el hombro de su hermana intentando que reaccionara – Ayleen, es tu primer día ¿No recuerdas?- Su hermana hizo un gemido quitando la mano de Fred y dándole la espalda.
– Son las cinco de la mañana...- decía Ayleen en tono cansado y quejumbroso mientras se cubría la cara con las sabanas.
– ¿Cinco? Ayleen, son las seis y media- hubo un momento de silencio cuando enseguida parecía que había explotado una bomba en aquella habitación.
– ¿¡Seis y media!?- Bramó la chica levantándose de un brinco – ¡Fred!, ¡El señor Binns me pidió llegar a las siete! ¡Eres un desconsiderado! ¡No me dará tiempo para nada!- Ayleen le gritaba a su hermano enfadada, alegando que ella había confiado en él para despertarla temprano, mientras el chico se defendía recordándole que debía ser ella quien tuviera la capacidad de despertarse por sí misma, ya que no era su responsabilidad.
Era una mañana de lunes como muchas otras en L'enfer, el pueblo en el que vivían, donde ya se escuchaba bastante ruido proveniente de la casa de los Ferdinand, los vecinos ya estaban bastante acostumbrados a ello, unos se reían sorprendidos de saber que aquellos dos jóvenes podían sobrevivir juntos, y otros se quejaban diciendo que no sabían cómo Fred Ferdinand, teniendo apenas diecinueve años, se podía encargar de su hermana menor, y es que los dos hermanos vivían solos en esa casa, ya que sus padres habían muerto en un trágico acontecimiento muchos años atrás. George y Ana Ferdinand vivían en un antiguo reino alejado de Bleedeon, tras una guerra un tanto extraña de la que nunca tuvieron muchos detalles, los jóvenes Ayleen y Fred tuvieron que ser trasladados a otro reino con el fin de protegerlos, a su vez, Ana y George apoyarían a su reino en aquel tiempo tan difícil por el que estaba pasando. Dicha guerra fue ganada, pero sus padres jamás volvieron.
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AAS: Bleedeon
FantasyBleedeon, el más próspero de los siete reinos que existen sobre la tierra. Tan prolífico y tranquilo era aquel valle, que su gente jamás se esperaría los oscuros acontecimientos que estaban a punto de ocurrir. Tras una sanguinaria guerra que se ori...
