Abrí el último fólder color beige. La pestaña superior derecha tenía el nombre de Shim Changmin escrito y pegado en una etiqueta blanca.
Y lo leí. El currículum de Changmin tenía lo mismo que por lo menos los anteriores diez currículums: excelencia académica, demasiados premios a sus cortos veinte años y una pequeña familia conformada por mamá, papá y un hermano. Lo mismo que los demás.
Todo parecía estar en orden, no tenía ningún alumno con materias reprobadas y sus promedios eran una pizca superior a la media. Parecía que me hubieran dado los mejores estudiantes de la facultad de segundo año.
—Hae —habló Miyeon, alto y claro, al otro lado de la puerta del despacho.
—Pasa —respondí, aunque no hizo caso. Tomé la pila de fólderes y me dispuse a ponerlos en una de las repisas detrás de mi espalda.
—Son las seis y media, cariño—dijo, aún al otro lado de la puerta. Miré mi reloj en la muñeca izquierda y descubrí que efectivamente eran las seis con treinta minutos —. ¿Qué tal si desayunamos? Vas a llegar tarde a tu primer día y no quieres que Jongwoon se moleste por eso.
Podía imaginar a Miyeon afuera, enfundada en una bata y aún con pijama, con el cabello recogido y con muchísimas ganas de abrazarme después de toda la noche.
—Claro, Miyeon. Enseguida te veo en el comedor —respondí, tomando el currículum de Changmin y cerrándolo, para devolverlo a la enorme pila de fólderes que iban a terminar en el fondo de la gaveta más grande del escritorio. Justo un cajón después del que almacenaba mi estetoscopio, mi baumanómetro, muchísimos termómetros y demás utensilios que guardaban polvo por la falta de uso.
Me puse de pie en cuanto guardé todos los papeles, la agenda, unas cuantas plumas y el libro de anatomía que ocuparían durante el periodo escolar los alumnos de segundo año en el maletín negro. Tomé el saco gris que reposaba en el respaldo de la silla y la corbata negra, para ponerla sobre mi hombro y cerrar el despacho.
Al entrar a la cocina, Miyeon sonreía con un vaso con un líquido verduzco en él. Me tendió uno con el mismo líquido y lo tomé de un largo trago, dejándome poco menos de la mitad en el vaso cuando lo puse sobre la encimera de la cocina, con los ojos cerrados.
—Te manchaste, Hae —dijo Miyeon mirando mis labios, o lo que había arriba de ellos: un bigotito verduzco que se había colado a mis comisuras por la espuma del jugo. Tomé una servilleta y me limpié, para después regalarle una sonrisa. Era lo menos que podía hacer por ella. O lo poco que podía darle en el lapso de una semana de mínimo contacto después de mi último ataque.
—Gracias —respondí.
Le di el último trago a mi jugo hasta dejar el vaso vacío y lo dejé en el fregadero. Miyeon me tendió un bowl con yogurt, nueces y aguacate que comencé a engullir con el humor tornándose mejor a como había despertado, poco antes de las cuatro, con ese sentimiento de frustración en la garganta.
A las siete con quince minutos, me despedí de Miyeon con un Nos vemos en la noche y salí de nuestra casa, entrando en el auto que le había comprado a mamá un par de años atrás pero que no había querido recibir argumentando que su hijo —médico— de treinta y un años lo necesitaría más que una agrónoma (y viverista en sus ratos libres) de cincuenta y poco años. No era demasiado viejo, a mi parecer. Tendría casi tres años y medio de haberlo comprado, era uno de esos Kia a vidrios oscuros y de cinco puertas, de color blanco y con asientos peculiarmente grises; y lo ocupaba exclusivamente para ir a la facultad y regresar a casa porque Miyeon y yo no éramos demasiado de salir a comer o ese tipo de cosas. Y en caso de que quisiéramos salir, utilizábamos su auto para trasladarnos de un lado a otro.
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Haphephobia [ eunhae ]
FanfictionLee Donghae sufre de hafefobia. Lee Hyukjae está dispuesto a ayudarle a superar su miedo, de la mejor forma que conoce. ▪︎hafefobia - miedo de tocar o ser tocado ▪︎e u n h a e
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