o n i r o l o g í a ( d )

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—¡Haga algo, Doctor! —espetó la señora de cabello corto y rizado a mi lado. Sus nudillos eran casi blancos por la fuerza con la que estaba apretando la camilla frente a nosotros.

—Pa-paciencia —respondí con más nerviosismo que de costumbre. Me sentía demasiado presionado, me sentía demasiado anonadado y me sentía extremadamente confundido.

—Mi ángel no se puede morir, Doctor Lee. Por favor, sálvala Donghae —imploró de nuevo la señora, al borde de ponerse de rodillas y con lágrimas corriendo por sus mejillas.

—Señora Song, por favor cálmese. Encontraremos una solución —espeté y le regalé una sonrisa esperando reconfortarla y transmitirle toda la confianza que no tenía (pero que tenía que apresurarme a desarrollar). Tomé la camilla y la jale hacia la amplia puerta blanca que sería mi próximo desafío.

Iba a ser la primera vez que realizaría una cirugía valvular. Una que iba en serio. Una en la que no acompañaba al Doctor Jung por seguir siendo estudiante. Porque ya era un cirujano cardiovascular completo.

Un nudo en el estómago me abordó al entrar y ver la habitación llena de personas vestidas de azul celeste, usando cubrebocas y la pequeña Woohee ya en la mesa de operaciones. La habrían pasado de la camilla a la mesa mientras me colocaba la bata y me sanitizaba completamente.

—Paciente Song Woohee. Ocho años de edad. Inducida a cirugía de emergencia por estenosis de la válvula aórtica. No hay alergias, no hay enfermedades crónicas además de la previa mencionada.

Se me humedecieron los ojos.

—Donghae —llamó alguno de los ayudantes —. El Doctor Song confía en ti. Fuiste el mejor alumno de su promoción. Nadie más que tú puede hacer esto. La vas a salvar.

Asentí agradecido por las breves palabras de reconfort, al recordar que estaba operando a la nieta de mi profesor de neurocirugía en la carrera. Eso sin olvidar que el Doctor Song era el director del hospital.

—Procedemos a comenzar —solté firme, envalentonado por las veces en que el Doctor Song me había recalcado lo buen estudiante que había sido a lo largo de la carrera. Era prácticamente mi mentor.

Alguna persona me tendió un bisturí con el que procedí a trazar una línea a la altura del pecho luego de comprobar que el anestesiólogo había aplicado correctamente la anestesia y que era seguro comenzar.

Después mi mente quedó completamente anonada en el corazón de la pequeña Woohee buscando una esperanza para ser salvada de la mala suerte de la vida. O la naturaleza.

—Aquí estás —susurré para mí mismo al encontrar el problema en el fallo del corazoncito de Woohee —. Tijeras —pedí claro y fuerte.

El primer asistente me tendió el par de tijeras que brilló con el reflejo de la luz.

El sonido del primer corte fue interrumpido por el pitido de la máquina de pulso amenazando de un aumento de pulso y una disminución de la cantidad de sangre en el cuerpo de Woohee.

—No, no, no.

—Doctor Lee ¿qué...

—No... no... no sé —respondí agitado (e intuyendo que preguntaría qué haríamos para frenar la hemorragia y devolver la frecuencia cardíaca a la normalidad); llenando el área de gasas que se empapaban en tiempo récord.

Mis guantes se teñían de rojo, las batas de mis compañeros parecían lienzos pintados a modo de dripping y no cooperaban con mi nerviosismo. Con mi ansiedad. Le estaba fallando a mis compañeros de cirugía, a la señora Song, al Doctor Song, a mi juramento hipocrático y sobretodo, a mí. Por no saber cómo manejar la situación.

Haphephobia [ eunhae ]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora