6. EL SACRIFICIO DE BIANCA

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La mala suerte del grupo empezó cuando el jabalí apareció, y continuó cuando, al lanzarse sobre ellos, Thalia alzó la Égida para cubrirles y el jabalí aumentó la fuerza del chillido. Fueron reculando poco a poco, esquivando los árboles, y el jabalí iba recto derribándolos, por lo tanto tenían algo más de tiempo. Al otro lado de la colina se podían ver unas vías férreas, y Percy condujo a Thalia y a Harry.

-¡Por aquí -chilló Percy aferrándoles del brazo y conduciéndoles hacia allí, con el jabalí resbalando y deslizándose detrás suyo.

-¡Vámonos! -dijo Percy, arrastrándoles hacia un túnel que había más adelante y que desembocaba en un puente de caballetes.

-¡No! -gritó repentinamente Thalia, palideciendo como la cera. Harry quiso preguntarle por qué, pero el jabalí ya había entrado por el túnel-. ¡No puedo!

-¡Ahora! -gritó Percy, queriendo saltar.

Percy les hizo un placaje y se deslizaron por la ladera. Sin pensarlo se montaron en la Égida y fueron ladera abajo.

El animal se metió en el puente, se despeñó por el barranco y con un estruendo colosal cayó en un ventisquero...

Los chicos se detuvieron derrapando y jadeando. Percy se había hecho algunos cortes y sangraba. Thalia y Harry tenían el pelo lleno de agujas de pino y el menor también sangraba. El jabalí estaba encajado en la nieve y lo único que se veía era la punta erizada del lomo. El animal forcejeaba e intentaba escapar.

—Wow, no pensé que a una hija de Zeus le dieran miedo las alturas —comentó Harry, conteniendo una sonrisa en la comisura de la boca.

—Lo que explica por qué te asustaste en el autobús de Apolo. Y por qué no querías hablar de ello —continuó Percy.

—Os juro que si lo contáis a alguien...

—No, no, no te preocupes, no lo haremos —la tranquilizó el azabache menor limpiándose el pelo de agujas de pino.

—Sólo que es extraño. Thalia, la hija de Zeus, el señor de los cielos... Con miedo a las alturas —dijo Percy, ganándose una mirada fulminante—. ¿Estáis bien los 2?

—Todo bien —asintió Harry—. ¿Tu? —el mayor asintió.

-¡Eeeeoooo! -gritó Grover.

-¡Aquí abajo!

-una bendición del salvaje -dijo Grover cuando él, Zoë y Bianca se unieron a ellos.

—Si, ya —refunfuñó Harry, fulminando con la mirada al cerdo, cruzándose de brazos y haciendo un adorable puchero que sacó un "awww" por lo bajo de parte de Bianca.

—Estoy de acuerdo —dijo Zoë fulminando a la menor con la mirada—. Hemos de utilizarlo.

—Un momento —gruñó Thalia irritada—. Explícame por qué ese cerdo es una bendición.

—Es nuestro transporte hacia el oeste. ¿Te das cuenta de lo rápido que puede correr ese bicho?

—Qué guay, cowboys pero montados en un cerdo.

Grover se montó en el lomo del jabalí y tocó una tonadilla rápida con sus flautas. Una manzana flotó por encima del hocico del cerdo y éste se puso como loco intentando alcanzarlo.

—Dirección asistida -murmuró Thalia-. Fantástico —y se montó tras Grover.

Así se fueron montando todos tras ella, y el jabalí se puso en marcha. El trayecto era demasiado incómodo, porque el lomo del animal era muy duro.

Tras un rato soportando la incomodidad llegaron a una carretera de dos carriles cubierta de arena. Los chicos la siguieron hasta el final, en el que había una pequeña aldea abandonada -por decirlo así-, una tienda de tacos cerrada y un gran montón de chatarra que se extendía por una parte algo grande de terreno.

—Nuestro próximo desafío... —Grover señaló la chatarrería tras hacer una especie de magia con sus bellotas y mostrarles el resultado.

Los chicos decidieron acampar allí y recorrer la chatarrería por la mañana. Nadie quería recorrerla en la oscuridad. Bianca y Zoë sacaron colchones de espuma y demás materiales de acampada. Harry supuso que las mochilas debían de tener un encantamiento de extensión o algo así para que cupiera todo.

Grover, Percy y Harry, por otra parte, recogieron los tablones de la casa en ruinas y Thalia le lanzó una descarga para hacer una hoguera.

Mientras se preparaban para dormir Harry supo un poco más de la historia de Percy: en su primera misión habían entrado en un hotel -Casino Loto- y por poco escapan de allí. Debatieron cómo Bianca y Nico pudieron salir hasta que una limusina se detuvo delante de ellos.

El que la conducía era Ares, y este mandó a volar, literalmente, a la tienda de tacos a todos los que conformaban la misión, excepto a Percy. Sin embargo, Harry se puso su capa invisible sin que nadie lo notara, y se quedó al lado de la limusina. Era Afrodita la que estaba allí, ni más ni menos. Ella dijo que le había proporcionado a Percy ayuda... y que muchas sorpresas amorosas le esperaban. Puso su mirada en el azabache menor durante lo que a él le pareció un largo período de tiempo y cuando Percy no miraba le sonrió pícara antes de volver la vista hacia el de ojos oceánicos. Siguieron conversando hasta que Ares sacó a Percy de la limusina tirándole del hombro.

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Al final los seis recorrieron la chatarrería por la noche. Estaban a punto de salir de ella cuando uno de ellos cogió algo de la misma, y gracias a eso despertaron la ira de un gran robot, Talos, que se les enfrentó.

Resultó que Bianca había cogido la figurilla de hadas de mitomagia para su hermano. Harry no tuvo tiempo para enfadarse con ella, pero luego, al rememorar lo sucedido, pesó que había sido mejor así, porque no dejaba de sentirse triste por lo que ocurrió después.
Pudieron salir de esta gracias a Bianca, que se tuvo que sacrificar por los otros seis metiéndose en el talón del robot y tratando de controlarlo, antes de que un cable se enganchara a su pierna.

MY LOVE - HARCYHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora