Percy y Harry se habían vuelto bastante más comunicativos el uno con el otro desde el incidente con Nereo. Harry le contaba más acerca de su vida, al igual que Percy lo hacía con la suya, complementándolo con datos sobre Annabeth. Por tanto, él había contado al de ojos esmeralda que la ojigris se quejaba de la vida con su padre y por la forma de la que Percy se lo decía el chico se esperaba que el señor Chase fuera más hostil con ellos.
Sin embargo, tanto él como su mujer eran bastante amables. Llegaron a su casa y ellos inmediatamente les dejaron pasar. Frederick Chase los llevó a su estudio, mientras que su mujer les preparó unos sándwiches, galletas y refrescos. Platicaron con el señor Chase y le contaron la situación de su hija y le pidieron prestado su coche. El hombre aceptó sin dudar, aunque quería ir con ellos.
Thalia se quejaba de que Zoë conducía demasiado lento, pero el tráfico era bastante denso, por lo que serpenteaban por el Golden Gate con bastante lentitud.
Llegaron al condado de Marin y salieron del autopista. La carretera era ahora estrecha y zigzagueaba sorteando barrancos y rodeando montañas, pero Zoë no disminuyó la velocidad.
—¿Por qué huele a pastillas para la tos? —preguntó Harry con curiosidad. Le estaba gustando el trayecto porque obviamente no viajaba nada con los Dursleys y disfrutaba bastante viendo el paisaje.
—Son hojas de eucalipto.
—¿Lo que comen los koalas? —cuestionó esta vez Percy.
—Y los monstruos. Les encanta masticar las hojas. Sobre todo a los dragones.
—¿Los dragones mastican hojas de eucalipto? —preguntó Harry. El chico sabía que los dragones preferían la carne, así que no entendía por qué iban a masticar algo que estaba fuera de su dieta.
—Créeme —repuso Zoë—, si tuvieras el aliento de un dragón, tú tambiénn las mascarías.
Aquello desconcertó a Harry pero no se lo discutió. Volvió a enfocar su vista en el paisaje y vio el monte Tamalpais alzándose ante ellos. Tuvo la impresión que era bastante grande.
—O sea, que esa es la montaña de la desesperación —dijo Percy.
—Sí —respondió Zoë tensamente.
—¿Por qué la llaman así?
Ella estuvo en silencio durante casi un kilómetro y luego explicó que el general había sido encerrado en la cima de la montaña junto a las hespérides.
Giraron por una curva en la que se veía el mar, con un barco blanco anclado. Percy lo quiso señalar pero el mar había desaparecido de la vista. No obstante dijo que era el barco de Luke el Princesa Andrómeda. Percy iba a contestar algo que Zoë dijo, pero a Harry se le erizó el pelo de la nuca y Zoë frenó ante la orden de thalia justo en el borde de un barranco... Justo a tiempo, porque el coche explotó justo después de que saltaran del vehículo.
Harry salió rodando y se protegió la cara con las manos. Vio a Zoë desaparecer al entrar en la niebla y cuando los otros dos la buscaban con la mirada el chico decidió seguirla.
—¡Harry! ¿Qué...? ¿Dónde...? —exclamó Percy.
—Aquí —repuso el chico—. Zoë está ahí —mientras lo decía, la cazadora surgió al lado de Percy y Thalia.
—Silencio, no hemos de despertar a Ladón —dijo—. Seguidme —y se internó en una sábana de niebla, ante las miradas asombradas de Percy y Thalia. Harry no tardó en seguir a la cazadora y ver un camino de tierra que subía a la cumbre del monte, a través de un prado exuberante de hermosas flores y sombras: el jardín del crepúsculo. La hierba brillaba, plateada a la luz del atardecer, y las flores brillaban con una luz intensa que refulgían en la oscuridad. Unos escalones de mármol subían a los lados de un manzano de más o menos diez pisos de altura, cargado de manzanas doradas, literalmente hechas de oro. Estas eran las manzanas de la inmortalidad, regalo de boda de Zeus a Hera, y a Harry le dio la sensación de que solo un mordisco se la daría.
De no ser por el gran dragón —no del tipo que Harry conocía—, aquel jardín sería el más hermoso de todo el mundo. Pero aquel ser arruinaba la vista: un gran cuerpo de serpiente enrollado alrededor del tronco del árbol anteriormente dicho, junto con más de cien cabezas enredadas como si fuera un plato de espaguetis para Dudley.
Las sombras delante de ellos tomaron consistencia, dando lugar a cuatro hermosas chicas iguales a Zoë, con túnicas griegas blancas. Trataron de advertirles que no subieran a la montaña, que temían a Percy y que si despertaban a Ladón sería su fin. Zoë respondió a eso haciendo lo peligroso.
Ladón abrió sus bocas y alzó sus cabezas, antes de sisear.
—¿Quién se atreve a despertarme? ¡Varias presas para mí!
Se distrajo, evitando por muy poco el vómito al oler el aliento del dragón. Era como si se hubieran muerto un montón de ratas en su boca y encima le hubieran puesto hojas de eucalipto para evitar el olor.
Harry subió con rapidez la montaña, siguiendo las indicaciones de Zoë mientras esta lo distraía, pero el dragón experimentó un cambio repentino de humor casi cuando salían del prado y la cazadora de Artemisa tuvo que correr hacia los otros tres esquivando cabezas y colmillos.
Subieron a la cima, que estaba plagada de columnas y trozos de mármol, tan grandes como una casa.
—Las ruinas del monte Otris —susurró Thalia con temor reverencial.
—¿Qué es el monte Otris? —preguntaron Percy y Harry a la vez.
—La fortaleza de los titanes —respondió Zoë—. Olimpia y Otris eran las dos capitales rivales. Otris era...
Hizo una mueca y se apretó el flanco.
—Estás herida, déjame ver —dijo Percy.
—Intentaré curarte —repuso Harry, viendo la sangre escurrir del costado.
—No no, no te molestes, no es nada. Decía que Otris fue arrasada y destruida.
—¿Pero cómo es que sus restos están aquí?
—Se desplaza en la misma dirección que el Olimpo —dijo, mirando alrededor con cautela, mientras sorteaban las ruinas—. Siempre se halla en los márgenes de la civilización. El hecho de que esté aquí, en esta montaña, no indica nada bueno.
—¿Por qué? —preguntó esta vez Harry, con ansias de saber más sobre el mundo en el que estaba.
—Porque esta es la montaña de Atlas —dijo Zoë—. Desde donde él sostiene... sostenía el cielo.
Los cuatro habían llegado a la cumbre del monte. A unos metros, el embudo de nubes se arremolinaba haciendo violentos remolinos, reposando sobre los hombros de una chica de doce años y de pelo castaño rojizo. Efectivamente, allí se hallaba Artemisa, agotada y sudorosa, envuelta con los andrajos de un vestido plateado y atada con cadenas de bronce celestial a la roca.
Zoë se adelantó y, a pesar de las protestas de Artemisa, empezó a tironear de las cadenas de su señora.
—Ahh, qué conmovedor —retumbó una voz a sus espaldas.
Se dieron la vuelta y encararon al general, con sus trajes de seda marrón. Estaba flanqueado por media docena de dracaenae, que siseaban entre ellas anteponiéndose a la situación y regocijándose por el festín, mientras portaban el sarcófago de Cronos, y de Luke, que tenía una daga apoyada en la garganta de una rubia de ojos grises, amordazada y con manos atadas a la espalda.
—Suéltala Luke —gruñó Thalia.
—Esa decisión corresponde al general, Thalia, pero me alegra verte de nuevo —dijo Luke, con una sonrisa endeble y pálida. Tenía peor aspecto que tres días atrás.
Thalia le escupió.
—Ya vemos donde ha quedado esa amistad —dijo Atlas—. Y en cuanto a ti, Zoë, ha pasado mucho tiempo. ¿Cómo está nuestra pequeña traidora? Voy a disfrutar mucho matándote.
—Señor Atlas, disculpe que interrumpa —dijo Harry dando un paso adelante y con ojos llenos de desafío y coraje—... pero no hará daño a ninguno de nosotros.
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MY LOVE - HARCY
FanfictionDespués de haber derrotado al mini Voldi que abrió la cámara secreta, Harry viajará a América de "vacaciones DE INVIERNO" con sus tíos, sin saber que aquello sería el paso que pondría su mundo de cabeza... Sobre todo ante la vista de un hermoso azab...
