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Había algo que le encantaba hacer a una ojiluna cada vez que tenía oportunidad de hacerlo...

Le encantaba ver aquel rostro, aquel que a veces se encontraba con el ceño fruncido, pero que aun así se veía totalmente hermoso a sus ojos, aquel rostro que le pertenecía a un azabache, dueño de su corazón y pensamientos.

Realmente lo amaba, y aunque le gustaba su rostro, bueno le gustaba todo de él, pero su amor no se trataba de eso, si no por como había sido él con ella de niños...

Lo amaba con todo su ser, su amor empezó por el desde que lo conoció por primera vez, cuando estos eran solo unos niños de 8 años, fue lindo y amable con ella, pero ahora....en el presente, este evitaba tener que cruzarse la en su camino, la odia, por eso su rostro ya no le dedicaba una sonrisa, si no en cambio le dedica solo una mirada fría mezclada de un desprecio completo.

¿Pero cuándo fue que este cambio tanto?

Sucedió cuando su padre de este, el emperador en ese tiempo, lo mandó a la guerra 3 años después de que estos se conocieron y convivieran como amigos.

El se despidió tristemente de su amiga, la hija del comandante de su padre, pues el llegó a quererla mucho en todo el tiempo que pudieron pasar juntos.

Después de cuatro años en guerra y lejos de la ojiluna, este llegó totalmente cambiado, ya no tenía ese brillo en su mirada, en vez de esa, ahora tenia una mirada oscura y sangrienta.

Ya no sonreía.... su mirada ya no refleja vida.

Su niñez fue arruinada con combates, luchando por su propia supervivencia, pues su padre no lo quería, no como a su primer hijo, su primogénito, el primer príncipe Itachi Uchiha, por eso lo envió desde temprana a edad a la guerra, con órdenes de que nadie lo salvara de la muerte, dando aviso que esto era para que el se haga más fuerte y adquiera experiencia para llegar a ser igual de fuerte y habilidoso que su hermano mayor.

Mientras el segundo príncipe luchaba por sobrevivir a la cruel vida que le había dado su padre al mandarlo a esa zona, este pensaba en este con tanto odio, ayudándolo a luchar más por su vida, quería regresar con vida y vengarse.

Pero retrocedamos cuando estos se conocieron por primera vez..

-¿A quién iremos a visitar padre? -dijo una pequeña ojiluna de tenía solo 8 años con una expresión curiosa en su pregunta-

-Iremos a visitar a su majestad, el emperador y a la familia real, por eso debes portarte bien- dijo con una expresión seria y fría frente a su pequeña hija-

-Si padre- dijo agachando la cabeza en forma de asentimiento-

-Bien- dijo simplemente para empezar a caminar en dirección del carruaje que los esperaba afuera, detrás de el su pequeña hija-

Una vez en el palacio...

-Larga vida al emperador -dijo haciendo una leve reverencia el comandante de las tropas de todo ese imperio hacia el gran emperador Fugaku-

- Dime Hiashi, ¿ella es tu hija mayor?

-Así es su majestad- dijo inclinando la cabeza en confirmación-

- ¿Y tu esposa Hiashi? -preguntó con su típico semblante serio-

-Ella aún esta en recuperación por el parto su majestad- dijo tranquilo el comandante-

-Es cierto, había olvidado que nació tu nuevo hijo. -dijo con una leve sonrisa-

-No se preocupe su majestad- dijo ahora levantando su rostro-

-Niña, dime tu nombre- dijo esta vez dirigiéndose hacia la pequeña peliazul, quien aún se encontraba con la cabeza inclinada-

El comandante no dijo nada, solo le dirigió una rápida mirada a su hija para que respondiera

-Larga vida al emperador, mi nombre su majestad, es Hinata Hyuga- dijo tranquila y calmada, lo cual asombró un poco al emperador-

-Vaya, tu niña es muy educada Hiashi, te felicito- dijo sereno-

-Se lo agradezco majestad-

-Bien, Hiashi necesito hablar contigo de unos asuntos, que te parece si tu hija te espera unos momentos en el jardín-

-Claro su majestad, Suni -dijo llamando a la encargada de cuidar a la ojiluna- Lleva a mi hija al jardín -ordenó hacia esta-

- Si señor, con su permiso majestad - dijo haciendo una reverencia y retirándose con la niña de allí-

Una vez en el jardín....

- Señorita, necesito ir al baño, ¿será que puede esperar sentada aquí por unos momentos? -dijo pidiendo permiso a la pequeña peliazul-

-Claro, yo esperare aquí, ve con cuidado. -dijo con una sonrisa-

-Gracias, en seguida vuelvo, ya verá que no me tardo- dijo haciendo una rápida reverencia para luego salir apresurada-

La ojiluna vio divertida desaparecer a su dama, pero después de que esta desapareció, esta se puso a apreciar aquella hermosa vista que tenía frente a ella.

Aquel jardín se veía tan grande y extenso que le dio curiosidad verlo de mas de cerca, así que se adentró a el.
Y mientras más se adentraba a este, más maravillada quedaba de la rosas y flores que había en el, tan cuidadosamente cuidadas, tan hermosas... mientras caminaba en silencio pudo ver a un niño desde un poco lejos, frente a ella, el cual se encontraba sentado en una de los asientos que se encontraban allí mientras tenia los ojos cerrados.

La pequeña ojiluna se quedó asombrada al ver a un niño tan bonito, se veía totalmente deslumbrante.

-¿Qué tanto me miras?- dijo aquel niño aun con los ojos cerrados,-

Por primera vez se puso nerviosa por no saber que hacer, que las palabras no salían de su boca.

El niño al darse cuenta que esta aún se encontraba parada allí y sin haber respondido su pregunta, este abre los ojos un poco curioso y enojado para poder verla y al hacerlo se encuentra con una niña tan bonita de ojos aperlados, cabellos azulados y con una tez muy blanca, aunque quedó maravillado por la belleza de esta niña, este aún se encontraba un poco furioso por que su pregunta no tuvo una respuesta, así que volvería a hacer otra pregunta mientras se paraba y se ponía frente a frente a ella, a una distancia pertinente claro, mirándola con esos ojos filosos.

-Niña dime, ¿quién eres? y ¿qué hacías mirándome? - preguntó esta vez mirándola fijamente con una expresión tiernamente seria-

-....-



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LA CONCUBINA FAVORITA (SasuMitzu-SasuHina)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora