¿En qué fallé? ¿En qué momento dejé de ser suficiente? Una parte de mí se aferra con terquedad a la idea de que siempre fui el mejor para ella. La amé —la amo— con cada fibra de mi ser, y por eso mismo me resulta imposible procesar su abandono. No puedo, y me niego rotundamente a aceptar que lo nuestro se haya desvanecido así.
Me detuve frente a la puerta de su casa, con el peso del mundo sobre los hombros. Permanecí allí, inmóvil, durante horas que parecieron eternas, sin reunir el valor necesario para llamar. El miedo me atenazaba; temía lo que sus labios pudieran sentenciar, temía que las crueles palabras de TaeHyung fueran ciertas y que su amor por mí se hubiera extinguido.
Cerré los ojos con fuerza y solté un suspiro tembloroso antes de golpear dos veces la madera de la puerta.
Fue la señora Seo quien me recibió. Me dedicó su sonrisa cálida de siempre y, tras un breve saludo, me invitó a pasar. Su amabilidad me desconcertó; se comportaba como si nada hubiera cambiado, lo que me hizo suponer que SeungJi aún no le había contado nada sobre nuestra ruptura.
— ¿Está SeungJi? — pregunté, refiriéndome a mi chica con un hilo de voz.
Ella asintió, señalando hacia las escaleras. Interpreté su gesto como un permiso tácito para subir. Le agradecí con una reverencia y, apretando contra mi pecho el ramo de flores que traía conmigo, comencé el ascenso. Era extraño; he estado en esta casa mil veces, pero nunca me había sentido como un intruso hasta hoy. Al llegar a su habitación, encontré la puerta entornada. Me detuve en el umbral y la observé: estaba recostada sobre la cama, rodeada de libros y apuntes esparcidos. Los exámenes finales estaban cerca y, como siempre, se entregaba al estudio con dedicación.
Llamé su atención con unos suaves toques en el marco de la puerta. Sus ojos se clavaron en los míos y, al instante, su ceño se frunció en un gesto de seriedad que me caló hondo. Parecía preguntarse qué demonios hacía yo allí. El contraste era doloroso: antes, mi llegada era motivo de sonrisas y alegría; ahora, mi presencia parecía ser una molestia, como si yo fuera la última persona en el mundo a la que deseaba ver.
— ¿Puedo pasar? — aventuré.
— Sí — respondió secamente.
Se puso en pie y caminó hasta quedar frente a mí mientras yo daba unos pasos vacilantes hacia el interior de la habitación.
— Te traje esto... — balbuceé, extendiendo las flores con una sonrisa que se sentía forzada por la angustia. Alcé la mano, buscando la suavidad de su mejilla en un gesto automático, pero ella me esquivó con una frialdad que me dejó la mano suspendida en el vacío.
— JungKook — pronunció mi nombre con un tono que me hizo temblar. Bajó la mirada, como si le costara encontrar las palabras exactas, o quizás, como si estuviera afilándolas antes de soltarlas —. Terminamos. Por favor, deja de buscarme. No voy a cambiar de opinión.
— ¿Por qué? — mi voz salió cargada de una desesperación que ya no podía ocultar —. Estábamos bien... ¿Qué pasó? No entiendo nada.
La escuché suspirar, un sonido que me desgarró por dentro. Mis ojos comenzaron a cristalizarse, nublando mi visión.
— Ya no me gustas. Ya no te quiero.
Aquellas palabras fueron una bomba de tiempo que estalló directamente en mi corazón, desestabilizándome por completo. Mis manos, aún sosteniendo el ramo, cayeron sin fuerzas a los costados. Sentí un nudo asfixiante cerrarse en mi garganta, impidiéndome respirar.
Salí de allí casi a ciegas, intentando escapar de la crueldad de su voz y de la forma tan seca y cortante con la que me había destrozado. No podía ser verdad. No era posible que, de la nada, hubiera dejado de amarme.
"Por favor, que esto no sea real", rogaba mi mente en medio del caos.
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Remedy; jjk
Fanfiction"Por favor, dame un remedio" "Un remedio que haga latir mi corazón de nuevo" Por favor, sálvame. Dame otra oportunidad. Publicada: 30-03-2020 Portada: @sabjimin
